DISIDENTE: UNA MALA PALABRA
- Por Laritza Diversent
- Publicado 25/09/2009
- Política
- No valorado
Laritza Diversent
Periodista independiente. laritzadiversent@yahoo.es
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El Calvario, La Habana, septiembre 24 de 2009 (PD) Según el diccionario Larousse de la Lengua Española, disidente es quien discrepe o disiente, y en especial, quien mantiene opiniones y posiciones contrarias a las del sistema social del que depende. Pero en Cuba, para muchos, el término es una mala palabra.
El actor cubano, Armando Tomey, el pasado 6 de septiembre, hizo circular una carta por correo electrónico en la que convoca a los colegas de su sector a no aceptar condiciones leoninas y humillantes de trabajo.
“No soy en lo absoluto disidente ni pretendo serlo”, aclara el actor en el último párrafo de su misiva. Será que tiene miedo de que lo cataloguen de gusano y contrarrevolucionario. Teme perder su puesto de trabajo y los poquísimos privilegios que disfruta.
No, protestar por la aplicación de políticas absurdas del gobierno que lleva más de 50 años en el poder, no es disentir. Comparar a Cuba con Corea del Norte, porque no tenemos acceso libre a internet, tampoco.
Es absurdo pensar que una persona discrepa, cuando afirma que “responder a la pregunta ¿por qué no podemos tener Internet? conllevaría a un análisis muy crítico de la filosofía o la forma autocrática y rígida con que se conduce y dirige nuestra sociedad socialista de la mitad del siglo veinte: SOCIALISMO DE VIEJO TIPO”.
Afirma que los cubanos deseamos otras rectificaciones, pero no como las pasadas, que al parecer de Tomey, fueron para mal. Según su opinión, nos hicieron hermetizarnos y enclaustrarnos más. Pensar así no es estar en contra de las decisiones de la dirigencia histórica.
Quizás Tomey no quiere colocarse, en el mismo barco de “los mercenarios al servicio del imperio”. Así es como nos llaman aquellos que, usted mismo manda a…coger guagua. Los que lo quieren obligar a creer en la mentira y a hacer lo que ellos dicen que hagan, pero no lo que ellos hacen.
Señor Tomey, lamento informarle, que sin querer, ha cometido una terrible indiscreción. No hace falta que niegue que es disidente. Usted acaba de criticar el sistema socialista, y en nuestro país, para todo acto de rebeldía, hay una pena. Quizás no le suceda nada, pero de antemano le advierto, ¡prepárese a sufrir las consecuencias!
Sepa usted, que por decir menos que eso, en Cuba hay personas sufriendo hasta más de 25 años de prisión. Incluso Pánfilo, un ex marinero, alcohólico, pero bien lúcido, fue sancionado a dos años de privación de libertad por dipsomanía, por atreverse a decir delante de una cámara que los cubanos están faltos de “jama”.
Armando Tomey no cree en dogmas políticos ni religiosos. No se considera patriota, pero reconoce que ama a su país y por eso nunca ha querido abandonarlo. Tal vez sea cierto que le encante opinar, pensar y decir libremente lo que piensa. Pero no se valen tintas a medias. Ser o no ser, así dice el refrán. Disidente no es una mala palabra.
El actor cubano, Armando Tomey, el pasado 6 de septiembre, hizo circular una carta por correo electrónico en la que convoca a los colegas de su sector a no aceptar condiciones leoninas y humillantes de trabajo.
“No soy en lo absoluto disidente ni pretendo serlo”, aclara el actor en el último párrafo de su misiva. Será que tiene miedo de que lo cataloguen de gusano y contrarrevolucionario. Teme perder su puesto de trabajo y los poquísimos privilegios que disfruta.
No, protestar por la aplicación de políticas absurdas del gobierno que lleva más de 50 años en el poder, no es disentir. Comparar a Cuba con Corea del Norte, porque no tenemos acceso libre a internet, tampoco.

Es absurdo pensar que una persona discrepa, cuando afirma que “responder a la pregunta ¿por qué no podemos tener Internet? conllevaría a un análisis muy crítico de la filosofía o la forma autocrática y rígida con que se conduce y dirige nuestra sociedad socialista de la mitad del siglo veinte: SOCIALISMO DE VIEJO TIPO”.
Afirma que los cubanos deseamos otras rectificaciones, pero no como las pasadas, que al parecer de Tomey, fueron para mal. Según su opinión, nos hicieron hermetizarnos y enclaustrarnos más. Pensar así no es estar en contra de las decisiones de la dirigencia histórica.
Quizás Tomey no quiere colocarse, en el mismo barco de “los mercenarios al servicio del imperio”. Así es como nos llaman aquellos que, usted mismo manda a…coger guagua. Los que lo quieren obligar a creer en la mentira y a hacer lo que ellos dicen que hagan, pero no lo que ellos hacen.
Señor Tomey, lamento informarle, que sin querer, ha cometido una terrible indiscreción. No hace falta que niegue que es disidente. Usted acaba de criticar el sistema socialista, y en nuestro país, para todo acto de rebeldía, hay una pena. Quizás no le suceda nada, pero de antemano le advierto, ¡prepárese a sufrir las consecuencias!
Sepa usted, que por decir menos que eso, en Cuba hay personas sufriendo hasta más de 25 años de prisión. Incluso Pánfilo, un ex marinero, alcohólico, pero bien lúcido, fue sancionado a dos años de privación de libertad por dipsomanía, por atreverse a decir delante de una cámara que los cubanos están faltos de “jama”.
Armando Tomey no cree en dogmas políticos ni religiosos. No se considera patriota, pero reconoce que ama a su país y por eso nunca ha querido abandonarlo. Tal vez sea cierto que le encante opinar, pensar y decir libremente lo que piensa. Pero no se valen tintas a medias. Ser o no ser, así dice el refrán. Disidente no es una mala palabra.
