Centro Habana, La Habana, 1 de octubre de 2009, (PD) El calentamiento global se remonta a la tarde en que la india Guaracabulla, alias La vapor, se quitó la nagua y bailó desnuda el areito Paz sin Fronteras celebrado en la Plaza de los Mamones.
El concierto, denominado ‘Indio al Suelo’ por la cantidad de aborígenes que solían dormir la borrachera a la sombra de los árboles de mamón, pretendía reconciliar a las tribus de los Manirrotos y los Carae´palo, enfrentados en una guerra verbal por más de cincuenta años.
El erótico gesto de La vapor al quitarse la nagua en medio del areito, provocó un calentamiento general que no quedó indio con taparrabo ni pareja de aborígenes sin rodar por el suelo.
Según las crónicas de los Rascabuchadores de Indias, en esa tarde de sol bueno y mar de espuma, entre mamones se armó el despelote y nació el calentico.
Sin embargo, otros estudios de los aportes isleños al calentamiento global, señalan la cremación de Hatuey en una ceiba como el inicio del hueco en la capa de ozono, y del descongelamiento de los glaciares y de su amada Guarina.
De nada sirvió que un indio pluma rosa, amante de Pánfilo de Narváez, asegurara que su pareja poseía un refrigerador Haier en la carabela, ni que un yanqui de Conneticuc nombrado Marx Twain hubiera inventado la fosforera para los fumadores de Habanos en La corte del rey Arturo.
Otro período calenturiento tuvo lugar durante las guerras del 68 y el 95, pues el uso y abuso de la tea incendiaria por los mambises, llenó de humo los ojos de las clases pudientes y de las impudientes también, antes de ir a contaminar la atmósfera.

Pero sin descartar estas incursiones en la historiografía caliginosa de Cuba, ninguna de las teorías reúne tantos elementos científicos como los expuestos por el bombero jubilado Juan “Candela”, en su libro “Hay fuego en el 26”.
El destacado estudioso de las llamas y de los humos nacidos con la revolución, asegura en su libro que nunca los cubanos aportaron tanto al calentamiento global como en este período denominado revolucionario.
En el capítulo “Algunos prefieren quemarse, el científico indica que desde los años 60 ya estábamos en candela, pero que con la introducción a la isla del corte Australiano (quema de la caña de azúcar), se formó una humareda que sin afectar demasiado la capa de ozono, dejó en llamas los estómagos en el país.
Pero si bien con la llegada de las botas rusas, el mofuco Arará, los relojes poljov y la peste a grajo koljosiana el fuego fue sofocado, a medias, con su partida quedamos a merced de un incendio general.
Desde entonces nadie puede negar nuestro aporte a los cambios climáticos, tanto por la cantidad como por la diversidad de las emanaciones al espacio.
Los planteamientos de funcionarios de la Agencia Internacional de Energía (AIE) de que las crisis económicas benefician a los pueblos por disminuir las emanaciones de gas que producen el efecto invernadero, son desmentidos con argumentos por el Doctor Candela en un capítulo titulado “El cuarto de Tula”.
Según el especialista en llamas y otras combustiones, cuando el cuarto de Tula cogió candela (por no apagar la vela), a las emisiones de carbono hacia la atmósfera se le sumó la de gas metano, al explotar el excusado colectivo del solar.
Y ni hablar de La noche de las cien bombas, en la que igual número de excusados ubicados en los más de 2500 solares y ciudadelas de Centro Habana, explotaron al unísono y formaron una cagazón municipal de la que no escaparon ni los extranjeros que andaban de putas por la región.
Y es en estos puntos, no recogidos en El protocolo de Kioto, donde la llamarada oral de Juan Candela suelta chispas.
Ante la insistencia del jefe de estudio de la AIE, Fatih Birol, de que el cierre de industrias y los recortes en la producción, son causas esenciales de la disminución del CO, el incendiario Juan contrapone el efecto basurero surgido en la capital.
El estado cubano, señala el experto, pese a la crisis energética del país, el cierre de empresas, la improductividad y otras calamidades, mantiene grandes reservas de basura en cualquier esquina de la nación, que contaminan con todo tipo de emanaciones tóxicas a sus ciudadanos y a los extrarrestres.
El chiflío, la bronconeumonía y la conjuntivitis que mostraba E.T en la película homónima realizada por Steven Spielberg, fueron ocasionados por el humo que salía de los tambuchos de basura durante su recorrido por Centro Habana.
Ante acciones así, quienes aún duden de nuestro aporte a la contaminación ambiental, sólo deben sumar el nivel calórico de La vaporosa, la cremación de Hatuey, el Haier de Pánfilo, los excusados de solar y las montañas de basura, para otorgarnos el diploma “Depredadores del Medio Ambiente”, aseguró el autor de “Hay fuego en el 26”
Y eso hay que tenerlo en cuenta para la Cumbre de Copenhague a celebrarse en diciembre. De lo contrario, que venga un bombero celestial y nos apague.
Eso se lo aseguro yo, Nefasto “El calentón” .
Dibujo: Ilei