Arroyo Naranjo, La Habana, octubre 8 de 2009, (PD) El asunto ya no es de tirar las cartas y ver que nos auguran los eventos deportivos por venir. Se decía que la victoria de Cuba sobre Estados Unidos en la recién concluida Serie Mundial de Béisbol, era “pan comido”. ¡Y mire usted! Unos cuantos párvulos universitarios y de la Triple A norteamericana, con suficiente fuerza y tacto al bate, retuvieron la corona ganada en el 2007 con el mismo rival, el team Cuba de mayores.
Después de este otro fracaso del béisbol cubano, el cuarto en una secuencia de torneos de elite mundial desde Taipei 2007, una que otra revisión se exige practicar sobre la novena antillana y su selección de timoneles. Dos mundiales, una olimpiada y un Clásico Mundial de Béisbol -el segundo- sin titularse campeón, echan a un lado el dominio cubano por más de 25 años en esta disciplina deportiva.

Pero cuando se trata de imagen, representatividad o prestigio del deporte cubano, no todo huele a derrota. Desde hace casi una década, en cada salida del equipo nacional cubano de béisbol, salta a la palestra el figurín, el toletero mayor o el médico ortopédico que se roba el show ante los medios de difusión. Y realmente así debieran llamarle a Antonio Castro, segundo al mando del Comisionado Nacional de Béisbol, médico de cabecera asignado para el equipo grande e hijo del líder de la Revolución, Fidel Castro; pieza sino clave, bien arreglada con voz y voto en los empeños y desempeños internacionales de nuestra novena amateurs.
Y si de robarse el show se trata, ¿cuántos close up le hace la televisión extranjera al manager-doctor Castro en cada evento internacional? ¿Igual acercamiento no le harían los comisarios del deporte para que este intervenga en las decisiones más cruciales sobre el terreno?
Misión imposible para los cuatro managers que han desfilado por el equipo Cuba desde el 2007, Rey Vicente Anglada, Antonio Pacheco, Higinio Vélez y Esteban Lombillo, sin contar que apenas le han tomado el gusto al cojín en la silla de pilotaje. Sobre jugar o dirigir bajo estrés ideológico, no se dice nada.
Según comenta el periodista Héctor Rodríguez en el Noticiero Nacional de Televisión, correspondiente al día 3 de octubre, “Cuba no logra un primer lugar en Béisbol desde el 2006”. Sólo segundos lugares en las diferentes categorías y un sexto en el Segundo Clásico Mundial de Béisbol. El comentarista oficial atribuye la poca participación de los antillanos en topes internacionales al “embargo norteamericano”. También a las deserciones de algunos de sus jugadores de primera línea, hecho que juzga como “traición a la patria”.
Y pudiéramos pronosticar algún que otro futuro close up en las decisiones del Comisionado Nacional de Béisbol, sin tener que emular con ese average de “moral combativa” que empalaga a los sluggers. O quién sabe si del más arriba se destraben los amarres totalitarios y se deje de traspapelar la propuesta salvadora para nuestro béisbol.
Restan nueve días para que comience la edición XLIX de la Serie Nacional de Béisbol. Aunque no se avistan cambios en su estructura o calendario de juegos, como muchos aficionados esperaban, de concretarse no sería la solución.
¿De donde parten las decisiones? Es la pregunta de las mil respuestas.