
Arroyo Naranjo, La Habana, octubre 22 de 2009 (PD). Dentro de nueve días, otra Serie Nacional de Béisbol en la Cuba revolucionaria. Su edición XLIX, rodará para una afición descompensada en sus emociones y aspiraciones de graderías. Mal aventurada en tratar y no poder romper viejos esquemas de contienda, como estirar su calendario de juegos o equilibrar y reducir por territorios los conjuntos participantes, ya tenemos para esta Serie alguna que otra movida.
Otra vez se incorpora el viernes como día de descanso para los atletas. Anteriormente, dicen los expertos, con un solo día a la semana –el lunes- mermaba el rendimiento de un stand de serpentineros por muy acoplado que estuviese su pitcheo largo o de relevo. La otra variante está en el horario de inicio de cada partido nocturno no televisado. Los encuentros programados para las 8 PM se adelantarán para las 7.
Bien por las dos variantes, algo que sin dudas favorece en primer orden a los peloteros, pero que se quiere ver ahora como el factor determinante en su rendimiento y calidad deportiva en una temporada de 90 juegos, incluidos los “Play off”.
¿Por qué el Comisionado Nacional de Béisbol se mantiene escéptico ante los esquemas renovadores de la pelota rentada?
Para tal desaprobación sabemos cuales son las excusas de los comisarios encargados de las bolas y los strikes. No se trata de plagiar mecanismos organizativos, de entrenamiento o sobre el terreno, como piensan algunos. Tampoco de ver como una mercancía a la crema y nata del béisbol tercermundista, incluido el nuestro, una vez insertado en el profesionalismo.
La pelota cubana, con nuevos exponentes pero anquilosada en su protagonismo ideológico, requiere de madurez técnica y eso solo se logra con el fogueo en torneos extraterritoriales.
Apuesto por liberar a esas individualidades que sobresalen en nuestro césped beisbolero. Me refiero por ejemplo a Héctor Oliveras o Alfredo Despaigne, incluidos en el “Todos estrellas” de la pasada Copa Mundial de Béisbol 2009, celebrada en varias ciudades europeas.
Recuerdo que se hizo en la década de los 90. Algunos peloteros de prestigio nacional como fueron Javier Méndez, Antonio Pacheco, Omar Linares y Orestes Kindelán, jugaron en la liga profesional de Japón. Esto no perjudicó en nada los desempeños nacionales.
En cuanto a los mundiales de béisbol por categorías, las copas intercontinentales y los juegos olímpicos, Cuba mantuvo su primacía hasta el año 2006.
La temporada beisbolera cubana no está entre las más largas del mundo. Quizás esté, sin temor a equivocarme, entre las más agotadoras para los peloteros del patio. Al menos por ahora, dudo mucho que se trate de cambiar esquemas organizativos o de mejorar el aspecto logístico. Tampoco veo la intención de actualizar las técnicas de juego sobre el cuadro o de desintoxicar ideológicamente nuestro pasatiempo nacional.
En cuanto a la afición beisbolera, otra vez se montará en el burro y seguirá de cerca a sus ídolos locales. De uno y otro lado en los graderíos, se vestirán los colores de los equipos en disputa. Se camuflarán las apuestas y los listeros recogerán los apuntes de la llamada “tripleta” en parques y peñas deportivas.
De romper esquemas se trata, si no la XLIX edición será el mismo perro pero con diferente collar. Dos días de descanso o el adelanto de una hora para los juegos nocturnos, no harán la diferencia.