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AVALANCHA PRESIDENCIAL
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Oscar Mario González
Periodista independiente. osmagon@yahoo.com  
Por Oscar Mario González
Publicado el 29/10/2009
 

Cuba ha recibido a muchos dignatarios cuando le ha tocado ser sede de reuniones cumbres, pero de modo habitual no habíamos tenido tanta presencia de jefes de estado del resto del mundo como en los últimos meses. En particular durante los últimos días de septiembre y los primeros de octubre  fueron varios los presidentes que nos visitaron.


Playa, La Habana, octubre 29 de 2009 (PD) Cuba ha recibido a muchos dignatarios cuando le ha tocado ser sede de reuniones cumbres, pero de modo habitual no habíamos tenido tanta presencia de jefes de estado del resto del mundo como en los últimos meses. En particular durante los últimos días de septiembre y los primeros de octubre  fueron varios los presidentes que nos visitaron.

 

Así es la vida. La gente de la Isla, loca por abandonarla a como sea y en lo que sea y los presidentes de afuera, locos por venir a tirarse una fotografía con Fidel y otra con Raúl. Bueno, como dicen, “cada loco con su tema” pues “para gustos se han hecho colores”.

 

En realidad el visiteo comenzó antes. En el mes de marzo llegaron a nuestra Isla varios mandatarios latinoamericanos. Téngase en cuenta que en un mismo día, en este caso el 3 de marzo del presente año, llegaron los presidentes de República Dominicana y de Honduras respectivamente. El primero por la tarde y el otro, Manuel Zelaya, por la noche. Parece que este último es propenso a la oscuridad porque fue de madrugada y con poca o ninguna luz cuando le dieron “el golpe”.

 

Entonces nos visitaron casi todos los presidentes de Suramérica con la excepción de Uruguay, Colombia y Perú. Desde Lugo, el presidente paraguayo acusado de “titímanía” hasta el apasionado venezolano Chávez, pasando por los de Argentina, Chile, Bolivia y Ecuador. Toda la austral familia más la rama centroamericana ávida de fundirse en un abrazo con el más añejo y experimentado de todos, de estrechar su mano y retratarse a su lado, preferiblemente con el brazo echado sobre el hombro del anciano. 

 

La última cuadrilla de mandatarios fue más heterogénea, geográficamente hablando. Incluyó presidentes de África, Asia, y uno de Europa (Chipre). La peregrinación al santuario marxista caribeño coincidió con la realización de la Asamblea General de las Naciones Unidas y ello ayudó a que algunos se dieran un “saltico” al “Caimán” para saludarse, conversar, disipar, refrescar y “otras cosas”.

 

Por supuesto que, aunque todos los “compañeros presidentes” fueron bien recibidos, algunos lo fueron en mayor grado debido a afinidades de todo tipo. Tal fue el caso del Presidente de la Republica Socialista de Viet Nam, Nguyen Minh Triet. Al camarada vietnamita se le condecoró con la Orden José Martí dando así continuidad a una vieja amistad entre  dos sobrevivientes del comunismo (Minh Triet y Fidel). 

 

La presencia en Cuba de presidentes africanos, algunos de ellos emanados de procesos electorales espurios o de turbias componendas políticas, no es de extrañar ni merece ningún esfuerzo reflexivo. En cambio, otros de Latinoamérica, elegidos democráticamente en sus países respectivos, suscitan contrariedad, provocan curiosidad y, por qué no, hasta indignación.

 

Tal vez mi vecina., la vieja Clotilde, ofrece la mejor y quizás única respuesta para explicar semejante proceder. Según la negra Clotilde, con sus 80 años en las costillas, el mundo esta “cachicambiao”, “virado de cabeza”, de “patas para arriba”. Puede ser.

 

Antes existía una segregación natural de carácter ético-moral y así como las mujeres decentes se cuidaban de no mezclarse con aquellas de vida disipada,  también los gobernantes democráticos, o que se las daban de tales, se cuidaban de no alternar en lo mas mínimo con dictadores y tiranos. A los ex presidentes cubanos elegidos democráticamente, Carlos Prío o Ramón Grau San Martín, jamás se les hubiera ocurrido retratarse con Trujillo o Somoza. Ni siquiera Batista, que era un dictador acomplejado, pues gustaba de coquetear con la democracia, alternó con Trujillo. Pero bueno, parece que en este mundo moderno no se guardan distancias ni se cuida mucho la reputación. O tal vez sea porque no consideran malos a los dictadores de izquierda.

 

Lo realmente verdadero es que, de uno u otro modo, nuestra Isla se vio inundada por una ola intempestiva de jefes de estados extranjeros que se marcharon con una  amplia sonrisa luego de permanecer unos días sobre el carapacho del caimán, disfrutando de su mar y de su cielo pero sin mirar en su vientre, como es propio de todo el que viene a desconectar,  a disfrutar, a gozar. 

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