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¡MAL RAYO TE ESCUPA EL GUIRO!
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Oscar Mario González
Periodista independiente. osmagon@yahoo.com  
Por Oscar Mario González
Publicado el 12/11/2009
 
Playa, La Habana, noviembre 12 de 2009 (PD) ¡Mal rayo te escupa el guiro! Con esta expresión, típicamente campesina, nuestros guajiros maldicen o expresan su asombro ante algo o ante alguien. Por otra parte y en el lenguaje cotidiano, se utiliza mucho “lo partió un rayo” para referirse a la desgracia acaecida a un tercero así como “que te parta un rayo” para exteriorizar un mal deseo.

Playa, La Habana, noviembre 12 de 2009 (PD) ¡Mal rayo te escupa el guiro! Con esta expresión, típicamente campesina, nuestros guajiros maldicen o expresan su asombro ante algo o ante alguien. Por otra parte y en el lenguaje cotidiano, se utiliza mucho “lo partió un rayo” para referirse a la desgracia acaecida a un tercero así como “que te parta un rayo” para exteriorizar un mal deseo.

Sin embargo, los cubanos, por tradición respetuosos con los difuntos, no utilizan la frase “lo partió un rayo” al referirse a la muerte por descarga eléctrica atmosférica. En tal caso suelen decir “lo mató un rayo” o “falleció por un rayo o a consecuencia de él”

Lo reiterado de este vocablo en nuestro lenguaje coloquial está plenamente justificado por lo frecuentes que son en nuestro medio las descargas eléctricas. Representan la quinta causa de muerte para adolescentes entre 10 y 19 años y constituyen el fenómeno atmosférico que mayor número de muertos ocasiona cada año con 65 casos como promedio.

Es interesante saber que a pesar de ser los rayos el fenómeno atmosférico más letal en Cuba, el gobierno apenas los divulga. Es decir apenas se oye hablar de ellos en la radio y la televisión. La prensa escrita casi nunca los menciona. Sin embargo sería muy útil divulgar este asunto en cuanto a las prevenciones posibles y el modo de actuar frente a tal desgracia.

Al que muere ahogado durante el paso de un ciclón lo popularizan por todos los medios pero no se dice ni “pío” y se ignora completamente al que “lo parte un rayo”.

La atención del gobierno, frecuentemente exagerada, se concentra en los ciclones y en las penetraciones del mar. Para ello se moviliza hasta al “pipisigallo” y se evacua a la familia completa ante el más mínimo riesgo de embate ciclónico. Ante el peligro de morir electrocutado por una descarga eléctrica hay muy poca preocupación; es como si te dejaran a tu suerte a “que te parta un rayo”. Desde mi punto de vista, la raíz del problema está en que el fenómeno luminoso no se presta mucho para la propaganda política. Simplemente al que le cogió una descarga, “lo partió un rayo” y punto.

Pero estos accidentes atmosféricos son muy temidos por la población, no sólo por representar una causa probable de muerte, sino por el daño que ocasionan a los efectos electrodomésticos cuya máxima expresión es la rotura definitiva del equipo.

Claro que la medida a tomar sería desconectar los equipos de la fuente de alimentación pero al respecto está muy deficientemente orientada la ciudadanía. Por otra parte, las turbonadas estivales, propias de nuestro clima, son tan repentinas como imprevisibles.

Se da el caso del ama de casa que llega del trabajo y se encuentra con todos los equipos dañados. La cosa es como para cortarse las venas. A esa hora, si no tienes suficiente dinero para arreglarlos a través de un particular, te ponen en la lista de prioridades hasta que te llegue el turno. Mientras tanto estás obligado a tocar las puertas de la casa y del corazón de un vecino generoso que se compadezca y te deje guardar el picadillo de soya y el muslito de pollo americano en el congelador hasta tanto Dios y Raúl quieran. La tragedia es tal que entonces uno prefiere que “lo parta un rayo”.

Los estudios realizados revelan que las tormentas eléctricas empiezan a mediados de mayo y se prolongan hasta finales de octubre. En toda la Isla hay peligro de descargas pero en algunas zonas la incidencia es mayor. En determinados lugares el número de ellas puede llegar a 130 en un año.

Los estudiosos del tema recomiendan estar en la casa cuando truena; nunca debajo de los árboles ni formando parte de una multitud.

La gente no conoce mucho del tema ni se preocupa por indagarlo hasta que el cielo lanza sus rugidos y empieza a “echar candela”. Entonces unos se persignan y otros piden protección a la Virgen de la Caridad, a Santa Bárbara o a ambas, no vaya a ser que una de ellas no oiga bien entre tantas peticiones al mismo tiempo.

Finalmente los rayos son para el cubano expresiones de la mala suerte asociándose a ellos los grandes descalabros e infortunios de nuestras vidas o de nuestra realidad nacional. Ello explica el que buena parte de los isleños consideren que a Cuba “la partió un rayo” el primero de enero de 1959 cuando llegó el Comandante con su cohorte de barbudos y mandó a parar.
osmariogon@yahoo.com