El Calvario, La Habana, noviembre 12 de 2009 (PD) Querer hacer y no poder ¡Qué sabor más amargo el de la impotencia! Te amordaza la boca, te ata las manos y llena el alma de rabia.
Eso fue lo que sentí cuando la vi caminar con pasos cortos y cautelosos. Cuando la oí decir que ya sabía cómo se sentía un anciano de 70 años. Así se sentía Yoanis Sánchez, después que el pasado viernes 6 de noviembre, tres agentazos de la Seguridad del Estado le propinaran una brutal golpiza. Los muy machos la obligaron a subir a un auto a la fuerza cabeza abajo, pies arriba. Una rodilla le comprimía el pecho, piñazos en la cabeza y la espalda, hasta lanzarla en una esquina totalmente desorientada.
Sintió por primera vez que era el último momento de su vida. Siendo mujer y madre como ella, me coloqué en su piel. Confieso que no habría motivo suficiente que hiciera calmar la ira, después que nos relató aquella pesadilla que vivió y ver las contusiones en su cuerpo.
¿Dónde quedó la justicia, el orden y la ley de este país? Tres sujetos inescrupulosos, miembros del Ministerio del Interior, siguiendo órdenes de un superior que no tuvo pantalones para dar la cara, secuestraron y golpearon a una mujer indefensa, violando uno de los preceptos más importantes de la Constitución de la República.
“La libertad e inviolabilidad de su persona están garanti¬zadas a todos los que residen en el territorio nacional. Nadie puede ser detenido sino en los casos, en la forma y con las garantías que prescriben las leyes. El detenido o p

reso es inviolable en su integridad personal”. Así reza el artículo 58 de la Carta Magna de esta nación.
Donde no hay justicia impera la venganza. Este es otro de los instintos innatos de los hombres, pero alguno de nosotros reflexionamos, por eso salimos de la barbarie. Otros de nuestra especie, se quedaron en estado primitivo.
¿Con qué cara podrá pararse el Jefe de Estado y de gobierno de este país a exigir institucionalidad, orden y disciplina? Si, ya lo sé, ellos no tienen vergüenza.
Aún queda la esperanza de un mañana de justicia. No importa que no se hayan identificado ni hayan tenido el valor de dar su nombre. Pero siempre recuerden: un rostro nunca se olvida. La obediencia debida no los librará de responder por una acción tan cobarde.
Como ser racional, intenté buscar una explicación posible. Quería entender el por qué de la violencia de un aparato que tiene en su mano el poder absoluto. No encontré una respuesta lógica. Sólo percibí la impotencia por no poder impedir que una mujer diga lo que siente y piensa al mundo, que reclama, sin esconderse, libertad para ejercer sus derechos.
La violencia es uno de los frutos de la impotencia y la paranoia de los que dirigen este país. El resultado fue catastrófico. Yoanis se llevó una golpiza, pero ellos se suicidaron políticamente. Alzaron aún más su nombre y lo que representa.
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