Una melodía sospechosamente afín a la escuela de Mozart, la exhortación a que los bayameses corran a las armas y la afirmación incierta de que morir por la patria es vivir, presiden lo que hemos sido durante los 107 años transcurridos desde que dejamos de ser colonia española.

Recorrimos dos repúblicas, en la primera, acumulamos riqueza, glamur y progreso material. La segunda sirvió para depurar un terrible karma, perderlo todo y para considerar la posibilidad de vivir una vida de trabajo, respeto por la ley y una saludable ausencia de caudillos, héroes y hazañas.

El himno de Bayamo fue seleccionado casi sin competencia y segundas opciones a principios del siglo XX. Aunque existían excelentes entregas de Sánchez de Fuentes, Manuel Saumell, White y otros excelentes músicos representativos de una cubanía innegable, la opción fue esa de una marcha guerrera, que curiosamente afirma que morir por la patria es vivir.

El himno de Bayamo, desde una óptica demasiado regional, no hace mención de otros valores que no sean aquellos vinculados a la guerra. No alude a la bondad de nuestro clima, la belleza de nuestros paisajes o la generosidad y optimismo innato de nuestra gente. Se escogió como símbolo de aquella república, la apología a ultranza de los clarines bélicos y las virtudes castrenses. ¿A quién le extraña entonces que los héroes modélicos de toda una etapa de nuestra historia, sean guerreros o caudillos de las armas?

Sería excelente que en el momento de fundar una tercera república, se escoja un nuevo himno a partir de alguna de las inmortales melodías entregadas por Sánchez de Fuentes, Ernesto Lecuona, Luis Casas Romero o cualquiera de los clásicos de la música cubana. Que la letra del nuevo himno sea entregada por un poeta. Que sean exaltados los valores ciudadanos de una sociedad compuesta por civiles laboriosos. Un hogar nacional donde el respeto al derecho individual y a la libertad personal presida la vida política y social de la nación cubana.

Sería una excelente forma de comenzar con buen pie la tercera república. Que cada cubano tararee un himno a partir de nuestra música y de valores que fortalezcan la familia, el amor y el trabajo. Que exalte la libertad y el respeto a la ley o la felicidad de vivir en paz bajo un estado de derecho.
PD