El Calvario, La Habana, 26 de noviembre de 2009, (PD) El panorama cubano sigue ensombrecido por la incertidumbre. Se comentan las medidas que emprenderá el gobierno el próximo año para que sus pichones aprendan a volar y buscar su propio sustento. Ya está dicho, basta de subvenciones y gratuidades.

En este mismo momento, experimentamos un proceso de adaptación. Se liberan los productos normados para después extinguir la libreta de abastecimiento. Así sucedió con la papa, los chicharos, etc. y se comenta que para el nuevo año, también el pan. Pronto dejará de tener sentido la palabra cuota en nuestro vocabulario.

Para muchos es buena la idea, mientras que otros están preocupados. Los escépticos se preguntan: ¿será capaz Papá Estado de mantener abastecidos los mercados según la demanda? Otra de las inquietudes es el precio de los productos liberalizados que coinciden con los que tiene el mercado negro. ¿Podrá la clase obrera, con los sueldos actuales, adquirirlos o tendrán que robar el doble?

Estas son algunas de las preocupaciones, que aumentan según el número de miembros en el núcleo familiar.

Josefa, mi vecina, tiene 48 años de edad y es ama de casa. Nació con la revolución y con el sistema de racionamiento. Su esposo es barbero y su sueldo es el único que entra en la casa para mantener a sus tres hijas menores. No se imagina como va alimentarlas sin la ayudad de la los productos de la libreta de abastecimiento.

Yuniel es más incrédulo, necesita ver para creer. Con sus 22 años de edad, piensa que es una utopía la venta liberada de carne de res y leche en los establecimientos estatales y mucho menos a los precios del mercado negro, que son más barato que los de las tiendas recaudadoras de divisa. El joven se dedica a traer yogur del campo para la capital. Se pregunta si al liberalizar productos como estos, dejarán de perseguir a los revendedores, de sancionar por especulación y acaparamiento, de controlar el trasiego de mercancías por carretera de una provincia a otra.

Edelmira tiene 75 años de edad y está de acuerdo con la eliminación de la libreta de abastecimiento. Cree que el mercado negro desaparecerá. Así comentó, mientras esperaba en la cola para comprar las 11 onzas de pescado que le tocan al mes por la cuota.

Roberto, otro anciano, al oírla opinar se enfurece y le pregunta: ¿con los 200 pesos mensuales que te pagan de pensión, después de pagar la electricidad y el crédito de los equipos de la revolución energética, cuantas libras de pollo podrás comprar a 23 pesos la libra?

En fin, la liberalización de los productos normados deja feliz a pocos. No creen que se acabe la escasez que acompaña a la revolución desde sus inicios y las medidas gubernamentales para combatirla. Como sea, habrá que esperar al próximo año. A pesar de la incertidumbre y la incredulidad, de una cosa todos están seguros: la vida en Cuba se encarecerá.
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