JUANA, LA CIA Y LA FARMACIA
- Por Paulino Alfonso
- Publicado 26/11/2009
- Política
- No valorado
Paulino Alfonso
Periodista independiente. palest44@yahoo.com
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Días atrás, en el Nuevo Herald, leí que Juana Castro Ruz fue agente de la CIA, la misma agencia que dirigida por un presidente playboy, en 1961 envió a la muerte o al presidio a 1500 cubanos. Después de leer esto, llegué a la conclusión que hasta el cándido de Voltaire pudo ser agente para la operática (sic) agencia
Parece que la farmacia de la Sra. Castro en Miami no vende mucho y para compensar la economía, se juntó a una venerable dama carioca para, a cuatro manos, escribir un libro, que si no fuera porque conozco del asunto bastante más que ellas, le hubiera aconsejado mandar un ejemplar a John Le Carré.
Por lo vodevilesco del cuento, las damas se ganaron una consulta con el sicoanalista, ya que parece que la búsqueda del pan de cada día exacerbó la paranoia de ambas damas, aunque con relativo éxito en los EE.UU.
Por fortuna para la Sra. Castro Ruz y su colega “espía”, todavía quedan creyentes de James Bond en la Florida, porque en Cuba, desde donde escribimos sin pedir permiso al régimen, esas mentiras no se las traga nadie.
Quizás las frecuentes visitas de sus sobrinas rusas ayudaron a la Sra. Castro Ruz a escribir un cuento de hadas sobre algo tan implacable y tenebroso como son los servicios especiales, sean de donde sean. La señora Castro y la ex embajadora carioca no tienen la piedra por corazón que hace falta para trabajar en estos. Sin embargo, tienen un adoquín por cara.
Por su condición de damas, no diré un denuesto más. En contrario les voy a proponer algo de provecho. Que vayan a los canales televisivos miamenses y propongan su cuento, ya que si Oscar Haza y Maria Elvira (presentadores de TV en Miami) hicieron 5 capítulos con un escolta indiscreto y dos programas a un Mayor “paparazzi”, respectivamente, quizás hacen dos programas con ellas y las señoras se buscan algo de dinero.
Ahora, dejemos las bromas y hablemos en serio. Cuando la Sra. Castro Ruz vivió en Cuba, los más vigilados eran los más cercanos al Jefe y creo que ella conoció personalmente a Irving Ruiz, Osvaldo Sánchez e Isidoro Malmierca, a los que parece no querer recordar. Para refrescarle la memoria y explicar a quien no saben, estos señores fueron los más efectivos represores de los muchos cubanos que se jugaron la vida por la libertad de nuestra patria. La Sra. Castro y su colega espía le hubieran durado a estos miñones lo mismo que un cake en la puerta de un Kindergarten.
Además, la Sra. Castro parece haber olvidado también lo compasivo que fue su hermano el Jefe (el de verdad), con ella, pero eso no lo voy a contar, se lo dejo a la venerable dama y a su conciencia.
Sinceramente, creo que sería mejor para todos que la dama se dedicara a su farmacia, así no se complica la vida y quien sabe, hasta pudiera leer a Omar Khayyam.
palest44@yahoo.com
Parece que la farmacia de la Sra. Castro en Miami no vende mucho y para compensar la economía, se juntó a una venerable dama carioca para, a cuatro manos, escribir un libro, que si no fuera porque conozco del asunto bastante más que ellas, le hubiera aconsejado mandar un ejemplar a John Le Carré.
Por lo vodevilesco del cuento, las damas se ganaron una consulta con el sicoanalista, ya que parece que la búsqueda del pan de cada día exacerbó la paranoia de ambas damas, aunque con relativo éxito en los EE.UU.
Por fortuna para la Sra. Castro Ruz y su colega “espía”, todavía quedan creyentes de James Bond en la Florida, porque en Cuba, desde donde escribimos sin pedir permiso al régimen, esas mentiras no se las traga nadie.
Quizás las frecuentes visitas de sus sobrinas rusas ayudaron a la Sra. Castro Ruz a escribir un cuento de hadas sobre algo tan implacable y tenebroso como son los servicios especiales, sean de donde sean. La señora Castro y la ex embajadora carioca no tienen la piedra por corazón que hace falta para trabajar en estos. Sin embargo, tienen un adoquín por cara.
Por su condición de damas, no diré un denuesto más. En contrario les voy a proponer algo de provecho. Que vayan a los canales televisivos miamenses y propongan su cuento, ya que si Oscar Haza y Maria Elvira (presentadores de TV en Miami) hicieron 5 capítulos con un escolta indiscreto y dos programas a un Mayor “paparazzi”, respectivamente, quizás hacen dos programas con ellas y las señoras se buscan algo de dinero.
Ahora, dejemos las bromas y hablemos en serio. Cuando la Sra. Castro Ruz vivió en Cuba, los más vigilados eran los más cercanos al Jefe y creo que ella conoció personalmente a Irving Ruiz, Osvaldo Sánchez e Isidoro Malmierca, a los que parece no querer recordar. Para refrescarle la memoria y explicar a quien no saben, estos señores fueron los más efectivos represores de los muchos cubanos que se jugaron la vida por la libertad de nuestra patria. La Sra. Castro y su colega espía le hubieran durado a estos miñones lo mismo que un cake en la puerta de un Kindergarten.
Además, la Sra. Castro parece haber olvidado también lo compasivo que fue su hermano el Jefe (el de verdad), con ella, pero eso no lo voy a contar, se lo dejo a la venerable dama y a su conciencia.
Sinceramente, creo que sería mejor para todos que la dama se dedicara a su farmacia, así no se complica la vida y quien sabe, hasta pudiera leer a Omar Khayyam.
palest44@yahoo.com
