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ANTES QUE TÚ
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Guillermo Fariñas
Periodista independiente. cocofari62@yahoo.es  
Por Guillermo Fariñas
Publicado el 3/12/2009
 
Humildes campesinos fueron encarcelados en la prisión de Isla de Pinos por negarse a ser delatores de las fuerzas represivas. También muchas familias resultaron desterradas hacia los pueblos cautivos del artificialmente creado municipio Sandino, en el extremo de Pinar del Río.

La Chirusa, Santa Clara, diciembre 3 del 2009, (PD) Casi todos los días, el negro José “Cheo” Ortiz se sienta en su sillón favorito, en el portal de su vivienda cercana a la Carretera de Malezas, en Santa Clara. Se sabe muy enfermo y piensa que los avatares de la vida le quieren jugar una mala pasada.

Analiza que hace pocos meses fue el 13 de agosto, el cumpleaños 83 de “El Caballo”, como ha nombrado a Fidel Castro Ruz, desde los ahora muy lejanos tiempos de aquella juveníl aventura de alzarse contra el general Fulgencio Batista en la Sierra Maestra, en la antigua provincia de Oriente.

Con su piel muy negra, su soledad y sus recuerdos, acabó por beberse una botella de ron Mulata para apaciguar sus angustias, penas y temores. Su adiestrado paladar supo enseguida que el alcohol estaba bueno. Aunque es ateo, pensó que aquella excelente bebida sin dudas fue creada por los dioses.

Durante su conversación interior recordó los viejos tiempos, sobre todo la etapa cuando formó parte del famoso “Black Team del G-2” en Las Villas, junto a O Farrill, Mario Triana, Juan Felipe, Carlitos Valdés, El Loco Fariñas y Héctor Hernández. Este era el equipo operativo dirigido por los comandantes Aníbal Vélaz y el capitán Luís Felipe Dennis.

Aquellos momentos fueron decisivos para que la revolución se consolidara. Hoy los que lo sustituyen en las tareas de represores de oficio, deben luchar por no perder lo alcanzado. Ahora la tarea es mucho más difícil, debido a que los actuales contrarrevolucionarios no ejercen la violencia y ante el mundo son sujetos que inspiran solidaridad.

Cheo añora aquellas jornadas, donde no dormía en la persecución del jefe guerrillero anticomunista Margarito Lanza Flores, apodado “Thondike”. Tenía los pies encallecidos por las largas caminatas tras aquel partisano natural, pero un día la suerte le sonrió y un recluta que se había quedado detrás lo hirió y pudieron capturarlo.

Eran instantes de poco descanso para Cheo, que llevaba uniforme con grados y tenía todo el poder en sus manos. Se le va de su ahora senil memoria, la cantidad de campesinas de piel blanca que sedujo dándoles a entender que a sus hermanos colaboradores de los guerrilleros anticastristas, nada les ocurriría si ellas eran las amantes de “Cheo, el del G-2”.

La nostalgia se le quedó y no le dejó sólo meciéndose en su sillón de hierro. Entonces recordó su última misión contra los insurrectos.

Fue citado a la jefatura de la Seguridad del Estado en Santa Clara. Allí Aníbal y Dennis le informaron que perseguiría al mítico Vale Montenegro en las montañas de Rodas, actual provincia de Cienfuegos. Para tratar de cazar a Vale, tuvo que meter preso a casi todo el poblado de Congoja, de donde este era originario, y a pesar de eso no pudo atrapar en las serranías a Vale y mucho menos al segundo al mando de la tropa guerrillera, el siempre desconfiado Julio Nerey Marchena. Los dos campesinos conocían ese terreno como la palma de sus manos. Pero la contrainteligencia castrista tenía un infiltrado junto al comandante Vale Montenegro, un alzado al que conocían por el apodo de “Habana”, quien logró engañar a los guerrilleros llevándolos hacia la capital, para salir del país por la playa de Guanabo. El espía los trasladó a una estación de gasolina, frente al centro operativo de “100 y Aldabo”, donde los recibieron con un tiroteo.

Fueron muchos los fusilados por su labor y sólo él sabe donde están sus secretas tumbas. Humildes campesinos fueron encarcelados en la prisión de Isla de Pinos por negarse a ser delatores de las fuerzas represivas. También muchas familias resultaron desterradas hacia los pueblos cautivos del artificialmente creado municipio Sandino, en el extremo de Pinar del Río.

Sus excesos contra los humildes agricultores para atrapar a la tropa de Montenegro fueron tales que a mediados del año 1965, el mando lo envió a un entrenamiento en Candelaria, en la occidental provincia de Pinar del Río. En ese lugar se enteró que iría a combatir al Congo Belga. El propio Comandante en Jefe los despidió en el puerto de Mariel.

Prefiere olvidarse del marinero ruso del barco “Félix Dzerchinsky”, que trasladó a los cubanos hacia el continente negro. Perdió con él una caja de botellas de vodka en un juego de barajas. Este no quiso dársela y en la bronca lo lanzó al Océano Atlántico. Le agradece al comandante Jorge Risquet Valdés-Saldaña que le haya echado tierra al asunto para que no fuera preso.

No quiere ni acordarse del despotismo del comandante Ernesto “Che” Guevara con los soldados internacionalistas en medio de aquellas aterradoras selvas africanas. Tampoco de la desorganización, las divisiones étnicas y la apatía para entablar combate entre los que simulaban ser guerrilleros congoleses.

Se pregunta qué habrá sido de la linda Manú, una congolesa guerrillera que estaba embarazada de él, cuando recibieron la orden de regresar a Cuba. Teme que si llegó a nacer ese hijo, un día se presente y lo emplace públicamente ante sus compañeros de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC).

Ni mencionar la cantidad de “kimbos” desaparecidos entre los años 1976 y 1979, cuando formó parte de las tropas cubanas en Angola, en las unidades antiguerrilleras que se hicieron llamar “Frente Olivo”. En las aldeas que se sospechaban estaban del lado de la Unión Nacional para Independencia Total de Angola (UNITA), eran ultimados desde los niños hasta los ancianos.

A su regreso de Angola, pasó a ser el jefe de la Policía Económica de Villa Clara. Recuerda los autos, casas, equipos electrodomésticos y grandes sumas de dinero, confiscados a negociantes que trataron de “enriquecerse” dentro del socialismo, una cuestión no permitida por el comunismo más ortodoxo. Ahora Cheo Ortiz comprende que fueron excesos… pero que se va hacer.

En 1990, como la inmensa mayoría de los miembros del Ministerio del Interior, recibió un buen puntapié y fue sacado sin contemplaciones del organismo. Oficialmente fue jubilado a la fuerza. Comprende que luchó y se sacrificó por una revolución que no tiene futuro, porque los jóvenes que debieran continuarla…. se van para Miami o Europa.

No sabe por qué le da por recordar precisamente el 13 de agosto. Pero ese día, Fidel tampoco apareció ante las cámaras de televisión y él, Cheo Ortiz, uno de los oficiales más astutos con que ha contado la Seguridad del Estado cubana en todos los tiempos, hace un buen rato que presiente la desinformación y la mentira respecto a la salud de El Caballo. Se dio cuenta que “El Caballo” no salió ni cuando murió su cuñada Vilma Espín. Lo impresionó mucho que junto al nicho de la fallecida, había otro con el nombre de Raúl Castro Ruz, el actual gobernante.

Hace pocas semanas, vinieron a informar a Cheo que cuando fallezca, será sepultado en el recién inaugurado Mausoleo del Frente de Las Villas. Él es un negro viejo, pero está bien lucido, a pesar de sus enfermedades y achaques. Sabe que tiene muy manchadas sus manos con la sangre de sus muchas víctimas. Sólo pide, todavía no sabe a quien, pues hace tiempo que no cree en nada: “Fidel, solo me hace falta morirme…… antes que tú”.
cocofari62@yahoo.es