El Calvario, La Habana, diciembre 3 de 2009 (PD) Muchos calificativos pudieran caracterizar a los cubanos, pero el de inventores nos lo hemos ganado por derecho propio. La necesidad y escasez nos llevan a inventar a diario para sobrevivir.

Apelo a la memoria. Vienen a mi mente los ventiladores con los motores de las secadoras de las lavadoras rusas. Producción manufacturada, desde la base hasta la paleta giratoria. No fueron perfectos, hacían un ruido espantoso, pero refrescaron el intenso calor de las noches en esta isla.

Recuerdo los asfixiantes fogones nono, que ardían con el aserrín; las hornillas eléctricas y las ollas arroceras artesanales; todos muy rudimentarios, pero garantizaron la cocción de los alimentos en el Período Especial, cuando no había combustible.

Después llegó el Comandante con su Revolución Energética y se mofo de todo aquello que ingeniamos para sobrevivir en los años de miseria extrema.

Con toda esta historia, ahora somos, para “papá Estado”, unos polluelos que esperan con la boca abierta los alimentos. Pena y vergüenza debían sentir los que osan poner esta frase en su boca. Esos que tienen de todo, gracias a la revolución que inventaron y a las promesas que nunca cumplieron.

¿Con qué derecho, el dueño de todos los medios de producción, que no ha tenido la capacidad de satisfacer las necesidades sociales de sus gobernados después de más de cincuenta años en el poder, nos llama pichones? A esos que con tal descaro llaman críos a un pueblo al que le exigió sacrificios y también renunciar a la vida, los invitó a buscar en la historia. Recuerden que estaban dispuestos a desaparecernos del mapa a nosotros y al mundo, al borde de una guerra termonuclear, por una disputa ideológica con el capitalismo.

Acuérdense cuando pusieron a todo un país a cortar caña para lograr el sueño de un egocéntrico gobernante, que apostó que haría una zafra de diez millones de toneladas.

¿Cuántas veces paralizaron el país y gastaron millones de pesos en movilizar al pueblo para marchas, teniendo una situación económica precaria?

¡Pobre papá Estado que no puede aguantar más subvenciones y gratuidades, pero nos impone prohibiciones y restringe nuestras libertades!

¿Dónde está el bienestar común que prometieron y nunca llegó? Pregunto a esos que para hacer una revolución “con los humildes y para los humildes”, confiscaron propiedades para devolverlas pueblo, y ahora, dueños absolutos de todo, nos impiden ejercer el comercio e invertir en nuestra economía, un privilegio solo para extranjeros.

¡Qué infortunio el de ‘papá Estado’, que convertido en el único empleador legal y nosotros en masa proletaria, nos obliga a trabajar para él por un salario mensual que a ningún obrero le alcanza para satisfacer sus necesidades individuales, menos las familiares!

¡Basta ya de humillaciones, de acusarnos de robar los bienes que en un principio son nuestros, de obligarnos a recurrir a la ilegalidad para sobrevivir, de pagar por los errores de sus fracasadas políticas, de reprimirnos para obligarnos a callar!

A esos que insinúan que somos incapaces, mantenidos y chulos, les pregunto: ¿Quiénes son los que esperan que las cosas les caigan del cielo? ¿Ustedes que disfrutan de todo tipo de privilegios a costa del sudor del pueblo, o los que a diario tienen que inventar para subsistir?
laritzadiversent@yahoo.es