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CUANDO ES EL ESTADO QUIEN IGNORA LA LEY
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Wilfredo Vallín Almeida
Reside en La Habana. Abogado, economista, profesor, ensayista y politólogo. Dirige la Asociación Jurídica Cubana. primaveradigital@gmai.com 
Por Wilfredo Vallín Almeida
Publicado el 16/12/2009
 

La Víbora, La Habana, 17 de diciembre de 2009, (PD) Me llaman por teléfono. Alguien me dice que mire el Noticiero Nacional de Televisión que se transmite a la sazón. Prendo el aparato. Las imágenes muestran un “acto de repudio” que la televisión nacional se regodea en mostrar. Se trata, una vez más, del “pueblo enardecido” dándole “una lección merecida a los enemigos del pueblo”.



La Víbora, La Habana, 17 de diciembre de 2009, (PD) Me llaman por teléfono. Alguien me dice que mire el Noticiero Nacional de Televisión que se transmite a la sazón. Prendo el aparato. Las imágenes muestran un “acto de repudio” que la televisión nacional se regodea en mostrar. Se trata, una vez más, del “pueblo enardecido” dándole “una lección merecida a los enemigos del pueblo”.

La persona que me ha llamado me pregunta con la voz entrecortada: -Esto que estamos viendo, ¿es legal?, ¿puede hacerse esto sin problemas?

Tardo algo en responder. Mi propia voz me resulta extraña: -Esto sucede simplemente cuando no existe el Estado de Derecho y cuando el propio Estado se erige en ignorante de su propia legislación.

Los actos de repudio no son nuevos en la historia de la humanidad. Fueron usados ya muchas veces y en distintas ocasiones, siendo las más famosas las que tuvieron lugar bajo los regímenes fascistas de Mussolini en Italia y de Adolfo Hitler en la Alemania nazi.

Los actos en cuestión eran un recurso que se empleaba cuando estos tristemente célebres personajes necesitaban aplastar a sus opositores o enviar un mensaje de terror al pueblo sometido en cumplimiento de aquel célebre consejo de Nicolás Maquiavelo a los príncipes absolutos o no y que decía más o menos así: “El Príncipe puede gobernar por el amor o por el temor de sus súbditos. Yo les recomiendo que gobiernen por el temor”.

Estos actos, a los que evidentemente vuelven a acudir las autoridades de turno, es solamente una prueba más de la ingobernabilidad en la que se sumerge cada vez más la nación, pues se acude a aquello que la propia ley penal veta y sanciona: riña tumultuaria, delito de lesiones, de amenazas, inviolabilidad de la persona del ciudadano o detenido, encubrimiento, incumplimiento del deber de denunciar, asociación para delinquir, chantaje, etc.

Todo esto y más están presentes en ese recurso que se apoya únicamente en la doble moral de un pueblo que, o se pliega o es condenado a pasar hambre.

El gobierno de facto una y otra vez se refiere a que la Constitución y las leyes de la nación deben ser obedecidas... pero, ¿qué sucede cuando ellos mismos son los primeros que desconocen los derechos ciudadanos y los pisotean sin reparar en nada?

Al escribir estas líneas me vienen a la mente dos cosas.

Una es un fragmento del documento más célebre para mí de la historia del derecho, que dice textualmente: “Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad...” Y más adelante: “Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”.

El otro recuerdo es un verso de un conocido cantautor nacional que parece recabar lo único capaz de evitar el desastre que se nos viene encima: “Venga el estado de Derecho a gobernar en esta Isla”.
vallínwilfredo@yahoo.com