Prisión Provincial Canaletas, Ciego de Ávila, 17 de diciembre de 2009, (PD) Algunos entre los hombres que me acompañan en este cautiverio, aseguran haber visto una rata merodear en la galera en que dormimos, durante la noche. En un principio, no lo creí. Después, les concedí el beneficio de la duda, porque ciertamente, ninguno tiene motivos para mentir.
Prisión Provincial Canaletas, Ciego de Ávila, 17 de diciembre de 2009, (PD) Algunos entre los hombres que me acompañan en este cautiverio, aseguran haber visto una rata merodear en la galera en que dormimos, durante la noche. En un principio, no lo creí. Después, les concedí el beneficio de la duda, porque ciertamente, ninguno tiene motivos para mentir.
Semanas atrás, René, un negro habanero que bordea el límite de la obesidad, saltó de su cama, (un segundo piso en una litera de tres) y cayó como un lince sobre su presa. Se llenó de pánico al sentir caminar sobre su cuerpo a un inmenso roedor. Sintió que sería fatal, después de casi veinte años en la cárcel, contraer leptospirosis. Esta historia no concluyó.
El travieso ratón continuó sus visitas a la galera 43. Tengo entendido que en la galera 41 se agenciaron un tirapiedras y mantienen a los roedores a raya. Anoche, el visitante intruso hizo acto de presencia más temprano que de costumbre. Recién finalizado el juego de beisbol entre Sancti Spíritus y Santiago de Cuba, entró por la puerta de hierro que conecta la salida al pasillo de 21 reos que conforman la galera 43. El osado animal actuó como el Dios de la noche.
Los que estábamos despiertos, gritamos para que no contagiara los alimentos que nuestras familias consiguen con tantos trabajos, con esas privaciones que se imponen para que nosotros los disfrutemos. La rata, al sentirnos alerta se disparó como bola de cañón. Salió disparada por la puerta sin tropezar, con precisión exquisita.
Esta historia parece no tener fin. Salí a orinar y volví a ver al ratón. Al mirar el reloj y ver que eran más allá de las tres de la madrugada, me limité a mirar al animal. No me sentía dispuesto al desvelo por causa del persistente roedor.
Hoy en la mañana, cada cual busca y propone una solución. En honor a la verdad, quizás lo mejor sea ingresar al penal un gato clandestino. No debe ser pequeño porque el ratón quizás lo asuste.
Desde mi cama miro los aleros de la circular trasera, donde se ubican los destacamentos 6, 7, 8, 9, 10 y 11. En este último extingue injusta prisión Félix Navarro Rodríguez. Allí en la distancia, veo correr a varias ratas. Hay que dar agracias a Dios de que en Canaletas no se haya destapado una epidemia de leptospirosis. primaveradigital@gmail.com