Managua, La Habana, 17 de diciembre de 2009, (PD) Hace unos 50 años, compré en un kiosco de venta de periódicos situado frente al hospital materno “América Arias”, (Maternidad de Línea), en la barriada de El Vedado, una copia, en formato de libro, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Me costó 25 centavos. Era un niño, y aún hoy no tengo aún muy claro por que lo adquirí. A los muy jóvenes, ese tipo de documento no les llama mucho la atención.

Me parece que esa fue la última vez en que esa Declaración anduvo oficialmente libre por las calles de Cuba. Luego, hablar de derechos humanos era como regar agua bendita en los predios del diablo.

Pero este 10 de diciembre, los medios oficialistas hablaron de la Declaración Universal al cumplirse los 61 años de haber sido proclamada. Y hubo hasta un acto público en un parque de La Habana.

El mensaje implícito y explícito fue que el régimen de los hermanos Castro y los generales, respeta los derechos humanos. El argumento base esgrimido es la posibilidad del derecho al estudio y a la atención médica.

Al menos en un caso, se trajo a colación la estadística sobre el analfabetismo existente en la isla en 1948, y se comparó con el nivel de escolaridad existente en la actualidad.
Pero nada se dijo, por ejemplo, sobre la cantidad de cárceles, de presos políticos, de gente en el exilio y de familia divididas, por cuestiones políticas entre esa fecha y la actual. Ni en la forma y por qué cantidad de tiempo eran elegidos los gobernantes durante la época republicana.

En Cuba existe una tiranía y las tiranías no respetan los derechos humanos, eso está más que comprobado a través de la historia.

Esa tiranía decide incluso que ciudadanos pueden entrar o salir del país, quienes son los cubanos buenos, e incluso quienes son cubanos y quienes no. Y por su puesto, quienes son los aptos para estar dentro de la vida política de nación y quienes son los que tienen que estar en el poder.

De manera lamentable, algunas de esas actitudes han premiado a algunos compatriotas que residen de manera permanente en el exterior, que tienen la posibilidad de utilizar los medios y que en algunos casos se han convertido en figuras de cierto renombre. Se sienten con el derecho –quien se lo ha dado no se sabe- de determinar quienes son los nuevos “líderes” de la oposición interna, quienes son los verdaderos periodistas independientes. Y a quien hay que aupar y a quien hay que obviar o defenestrar.

Esa actitud parece que surge del temor de tener que verse enfrentados a adversarios que no están dentro de las filas del régimen, pero que sí están dentro de la isla. Y tener un poquito de talento y cierto protagonismo desde adentro del país en esta época interesante que a los cubanos nos ha tocado experimentar, tiene atractivos.

Para nuestros países es más importante y práctico Lincoln que Maquiavelo. En el caso específico de Cuba habrá que aprender a respetar todos los derechos. Si no lo hacemos, nunca lograremos nada serio, bueno y permanente.

Aprovecho la ocasión de la cercanía de la Navidad para desearles a todos que puedan mirar al cielo y ver una estrella de Belén.
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Foto: Marcelo López