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DJUNA Y DANIEL EN LA ÓPTICA DE ENA
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Juan González Febles

Periodista independiente. juanchogonzal@gmail.com

 
Por Juan González Febles
Publicado el 28/01/2010
 
El humor, la chispa, ese oficio y un hedonismo exquisito, se dan cita en esta pieza magistral que en su lectura, corre y resbala suave como quimbombó.

Lawton, La Habana, 28 de enero de 2010, (PD) Ena Lucía Portela vuelve con una novela exquisita ambientada en el París de leyenda de los años 20 del pasado siglo. La novela resultó justamente premiada con el Premio de la Crítica que otorga el Instituto Cubano del Libro.

Con esta entrega, Ena se desmarca de la trouppe escapista abanderada de la post modernidad descontextualizada. Demuestra con creces aquella habilidad de que hablara Hemingway para contar una historia o simplemente, el arte para escribir una bella oración afirmativa sencilla.

La entrega es exquisita en su factura y está cargada con la atmósfera mágica que recrearon en su momento Gertrude Stein, Ford Madox Ford, Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway y otros exponentes de esa generación perdida o la lost generation. La misma que fue pilar de lo que muchos consideran como la mejor literatura del siglo XX. La influencia de este Olimpo literario norteamericano recorre la obra en toda su extensión.

Los aportes post modernos de sátira, parodia y la mezcla de géneros e intertextualidades se conjugan en una atmósfera que toma prestado de una u otra época o de uno u otro estilo, pero que no hacen más que afirmar el exquisito oficio de la Portela. El humor, la chispa, ese oficio y un hedonismo exquisito, se dan cita en esta pieza magistral que en su lectura, corre y resbala suave como quimbombó.

El lesbianismo chic tan en boga de esos tiempos, aparece recreado desde una óptica casi actual. En nuestro medio, la variante sáfica nunca fue perseguida con la fruición con que se persiguió al elemento gay. Esto quizás por la inclinación al ‘hedonismo selecto’ de los perseguidores a cargo. Ellos son y han sido por una parte, machistas-fidelistas, con un alto componente de afeminada fascinación compartida por el jefe, siempre invicto y siempre excelso e inmaculado. Realmente, el macho que los fascina, domina y cuando es necesario, los mata.

Frente a la obra concluida, ‘Djuna y Daniel’, nos queda la certeza de lo que podrá entregarnos en el futuro Doña Ena Lucía Portela. Ese día que decida volver a hablarnos de protagonistas de nuestra Isla en nuestro tiempo. Ojala que para entonces, lo haga con igual desenfado y que encuentre (sabemos que lo hay) humor, chispa y hedonismo triunfante para describirlo.

Ella ha demostrado poder caminar con elegancia y con tacones altos, entre baches y desperdicios. Clase y talento le sobran, también humor.
jgonzafebster@gmail.com