L Y 23
- Por Oscar Mario González
- Publicado 4/02/2010
- Sociedad
- No valorado
Oscar Mario González
Periodista independiente. osmagon@yahoo.com
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Playa, La Habana, 4 de febrero de 2010, (PD) No existe en nuestra capital lugar más popular y frecuentado que aquel definido por la intersección de la Calle L y la Avenida 23 del reparto El Vedado.
El sitio es punto obligado para el que viene del interior de modo que, de regreso al terruño natal, la acreditación de haber visitado la Habana es una foto frente al cine Yara o frente a la heladería Coppelia, ambos enclavados en el sitio. En ello, la esquina desplazó al Capitolio Nacional, donde otrora todo guajiro visitante se tiraba una foto con un fotógrafo ambulante.
L y 23 es el punto preferido por la juventud para estrenar una camisa nueva o para lucir el par de zapatos que recibió de Madrid. Lo que más atrae, quizás, sea la tolerancia e indiferencia de los concurrentes para quienes nada, por inusual que parezca, causa asombro. Y, como nada causa extrañeza y está permitido todo tipo de extravagancia en el vestir y el andar, las personas se sienten mas liberadas del rígido sistema de inhibiciones y abstinencias propio del castrismo.
Tal peculiaridad del lugar como expositor de lo extraordinario o novedoso favoreció las grandes redadas de la década de 1960 contra los jóvenes que usaban el pelo largo y el bigote espeso propios de la época. No pocos de ellos fueron a parar a los campos de concentración de la UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción)
En uno de los cuatro ángulos que conforman la esquina se levanta la no tan moderna pero original edificación de la heladería Coppelia, construida en 1966 sobre las ruinas del otrora hospital de tuberculosos “Nuestra Señora de las Mercedes”. Coppelia es una de las pocas iniciativas del gobierno que goza de la total aceptación del público aunque hoy su oferta se limita a uno, dos o cuando más tres sabores de unos treinta y tantos que brindaba en los inicios.
El helado Coppelia sólo conserva el nombre porque la mayoría de las veces se expende el así llamado “Varadero”, que según unánime criterio resulta de inferior calidad por desabrido y poco cremoso. El gobierno, en su intención de promover el producto y atenuar el disgusto, asegura que es más sano y con menos colesterol, parámetros indispensables para mantener la línea y evitar la obesidad.
A pesar de su popularidad, Coppelia suscita insatisfacciones entre la población no sólo por la mala calidad del helado sino por el estado de abandono del local, cuyas áreas verdes suelen convertirse en urinarios y vertederos.
Otro elemento de gran atracción y popularidad ubicado frente a la heladería es el cine Yara, antiguo Radiocentro, considerado uno de los mejores y más modernos del mundo en su tiempo pero que hoy, con casi sesenta años de existencia, es un lugar viejo y fuera de época luego de décadas sin favorecérsele con la necesaria modernización.
Por último, en otro ángulo se yergue el hotel Habana Libre, antiguo Habana Hilton, que con sus 31 pisos y 630 habitaciones era el más importante de Cuba en 1959 y el cuarto en el mundo fuera de Estados Unidos y Canadá. Propiedad del antiguo sindicato gastronómico que había financiado su construcción; se hallaba arrendado a la firma norteamericana “Hilton Hotels Corporation”
Las anchas aceras de la heladería y la notable presencia de provincianos provocan el ir y venir del gentío, a semejanza de los parques de los pueblos del interior del país donde los pobladores circundan la periferia las noches de domingo.
Tampoco los extranjeros se sustraen al encanto de L y 23, donde son atraídos por la abundancia de centros nocturnos de recreación, restoranes de lujo, centros culturales y, para los aficionados al turismo sexual, abundancia de jineteras y pingueros ambulantes.
En fin, la esquina de L y 23, a veces nombrada la esquina de La Rampa, comparte popularidad con el malecón habanero y no se comprende a un capitalino que no la haya visitado y degustado en las canchas de Coppelia, un delicioso helado a la suave brisa del cercano litoral.
osmariogon@yahoo.com
El sitio es punto obligado para el que viene del interior de modo que, de regreso al terruño natal, la acreditación de haber visitado la Habana es una foto frente al cine Yara o frente a la heladería Coppelia, ambos enclavados en el sitio. En ello, la esquina desplazó al Capitolio Nacional, donde otrora todo guajiro visitante se tiraba una foto con un fotógrafo ambulante.
L y 23 es el punto preferido por la juventud para estrenar una camisa nueva o para lucir el par de zapatos que recibió de Madrid. Lo que más atrae, quizás, sea la tolerancia e indiferencia de los concurrentes para quienes nada, por inusual que parezca, causa asombro. Y, como nada causa extrañeza y está permitido todo tipo de extravagancia en el vestir y el andar, las personas se sienten mas liberadas del rígido sistema de inhibiciones y abstinencias propio del castrismo.

Tal peculiaridad del lugar como expositor de lo extraordinario o novedoso favoreció las grandes redadas de la década de 1960 contra los jóvenes que usaban el pelo largo y el bigote espeso propios de la época. No pocos de ellos fueron a parar a los campos de concentración de la UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción)
En uno de los cuatro ángulos que conforman la esquina se levanta la no tan moderna pero original edificación de la heladería Coppelia, construida en 1966 sobre las ruinas del otrora hospital de tuberculosos “Nuestra Señora de las Mercedes”. Coppelia es una de las pocas iniciativas del gobierno que goza de la total aceptación del público aunque hoy su oferta se limita a uno, dos o cuando más tres sabores de unos treinta y tantos que brindaba en los inicios.
El helado Coppelia sólo conserva el nombre porque la mayoría de las veces se expende el así llamado “Varadero”, que según unánime criterio resulta de inferior calidad por desabrido y poco cremoso. El gobierno, en su intención de promover el producto y atenuar el disgusto, asegura que es más sano y con menos colesterol, parámetros indispensables para mantener la línea y evitar la obesidad.
A pesar de su popularidad, Coppelia suscita insatisfacciones entre la población no sólo por la mala calidad del helado sino por el estado de abandono del local, cuyas áreas verdes suelen convertirse en urinarios y vertederos.
Otro elemento de gran atracción y popularidad ubicado frente a la heladería es el cine Yara, antiguo Radiocentro, considerado uno de los mejores y más modernos del mundo en su tiempo pero que hoy, con casi sesenta años de existencia, es un lugar viejo y fuera de época luego de décadas sin favorecérsele con la necesaria modernización.
Por último, en otro ángulo se yergue el hotel Habana Libre, antiguo Habana Hilton, que con sus 31 pisos y 630 habitaciones era el más importante de Cuba en 1959 y el cuarto en el mundo fuera de Estados Unidos y Canadá. Propiedad del antiguo sindicato gastronómico que había financiado su construcción; se hallaba arrendado a la firma norteamericana “Hilton Hotels Corporation” Las anchas aceras de la heladería y la notable presencia de provincianos provocan el ir y venir del gentío, a semejanza de los parques de los pueblos del interior del país donde los pobladores circundan la periferia las noches de domingo.
Tampoco los extranjeros se sustraen al encanto de L y 23, donde son atraídos por la abundancia de centros nocturnos de recreación, restoranes de lujo, centros culturales y, para los aficionados al turismo sexual, abundancia de jineteras y pingueros ambulantes.
En fin, la esquina de L y 23, a veces nombrada la esquina de La Rampa, comparte popularidad con el malecón habanero y no se comprende a un capitalino que no la haya visitado y degustado en las canchas de Coppelia, un delicioso helado a la suave brisa del cercano litoral.
osmariogon@yahoo.com
