
Centro Habana, La Habana, 18 de febrero de 2010, (PD)
Mis muy rugientes, exiliados y cervantinos tigres:
El pecado cometido por su padre Guillermo Cabrera Infante (Caín), al utilizar la lengua y no una quijada para afeitar barbudos, les veta el derecho de asistir a las funciones del Circo Ruso programadas para San Carlos de La Cabaña.
No es la primera vez que a los animales de papel escapados del Parque Jurásico comunista, se les niega una jaula en la Feria Internacional del Libro de La Habana.
La fobia desarrollada por las autoridades culturales de la isla-prisión contra los animales que no marchen, rujan o vuelen como ellos, los tiene paranoicos.
Fíjense si es así, que aún viven bajo el estrés provocado por la jodedera que armó el homérico Caballo entre las murallas de Troya, y en guardia ante la dudosa inclinación vegetariana de El tigre de William Blake en la neblinosa Londres.
Hasta El cuervo de Edgar Allan Poe con su insistente graznido “tienen que cambiar, tienen que cambiar”, no los deja dormir. No se puede olvidar que quienes eligen los libros a leer en la República de Cuba o Todojode, nacieron en aquella época o ya estaban creciditos. .
Y es por eso que algunas fieras librescas y autóctonas del país como Un ciervo herido, de Félix l. Viera, y el Animal Tropical, de Pedro Juan Gutiérrez, jamás han logrado el acceso al zoológico patriótico cubano.
Y aunque ustedes no son culpables de que Caín sonara un Mea Cuba que mostró a un rey desnudo junto a secuaces en cuero a la pelota, no podrán participar en la feria porque hoy la Vista del amanecer en el trópico estará cubierta por la nieve rusa.
Mis muy desmelenados tigres:
Cuba ya no es una Arcadia todas las noches. Aquí para sobrevivir se necesita alcanzar un Exorcismo de esti(l)o de vida que vaya de la corrupción al “jineterismo”, siempre que no roce ni con un verbo irregular el camastro de los rancheadores de la libertad de creación.
¿Ustedes se imaginan la relinchadera que armaría la Caballería Roja de Isaac Babel, si los vieran tendidos a la sombra de El palacio de las blanquísimas mofetas, levantado por el prófugo de la literatura revolucionaria cubana Reinaldo Arenas?
¿Serían capaces de valorar el nivel de “cagástrofe” en los que sucumbirían los organizadores de la XIX Feria Internacional del Libro Cuba 2010, si ven aparecer a Celestino antes del Alba sobre los muros que rodean La Habana para un infante difunto?
Y ni pensar en la cantidad de cañonazos de las nueve, las diez y hasta de las 24 horas que recibirían, si Antes que anochezca se cuelan en la feria y los sorprenden leyendo Manuscrito encontrado en una botella… de leche, entre latas de cervezas y condones a los pies del Cristo de Casa Blanca.
Es cierto que sus rugidos auténticamente cubanos desbordan con sus ecos nuestras playas, pero jamás olviden que aquí Sansón perdió la melena por escuchar a los Beatles, y Juanita de Arco, “La tentempié”, fue enviada a la hoguera por escribir revolución con O y B en su libro de versos “Epapaya Robolucionaria”.
Pero en Cuba no se prohíben libros, si no autores. Y si éstos mantienen su postura anticastrista Así en la paz como en la guerra, como hiciera Caín, el cabello blanco de Abel (ministro de cultura) se pone Prieto y no les da ni un rizo para sus escritos subversivos.
Además, ¿qué harían ustedes retozando con el oso Misha por el foso de los laureles de La Cabaña (hoy convertida en La Fortaleza de Brest), si no molestar a los fantasmas de quienes fueron fusilados por creer en el libro La gran estafa, de Eudocio Ravines, y no en La historia me absolverá, escrito por Fidel?
Esta feria no puede ser la excepción. Si en la pasada no admitieron ni siquiera a Mi vida saxual, de Paquito de Rivera, ¿cómo concebir que Tres tristes tigres, por mucho Premio Cervantes que obtuvieran, vengan a retozar junto al Gatico Vinagrito y al Caballo de Mayaguara en los calabozos de papel abiertos en el país?
Así que olvídense de una feria del libro atravesada de un extremo a otro por La carretera de Volokolans, y custodiada Día y Noche por Los Hombres de Panfilovf (junto a la inquebrantable barrera de Así se templó el acero), para impedir que pasen Lolita y el Doctor Zhivago, ocultos entre las hojas de El Maestro y Margarita.
Mis casi rasurados Tres tristes tigres:
Recuerden que Cuba es El mundo alucinante pintado por Reinaldo Arenas. Un período a medias entre el Paleolítico Superior de las Cuevas de Altamira, y el postmodernismo más bajo de Sídney o Nueva York.
Aquí el que no aprenda Cómo escribir sobre un trapecio sin red, o Cómo hablar una lengua muerta que exalte a la “Reichvolución”, morirá como Chacumbele PI: víctima de las Mordidas del Caimán Barbudo.
Eso se los aseguro yo, Nefasto “El editor”
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