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ESTUDIANDO AL GRANMA
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Rogelio Fabio Hurtado
Periodista independiente.

rhur46@yahoo.com  
Por Rogelio Fabio Hurtado
Publicado el 18/02/2010
 
Promoción tan consecuente del aburrimiento, no puede obedecer a ineptitud periodística unánime, sino a ejemplar disciplina partidista, que les castra cualquier indicio de brillantez.

Marianao, La Habana, 18 de febrero de 2010, (PD) No conocí la prensa del Socialismo Real. A cambio, he vivido con el Granma casi todas las mañanas. Puedo afirmar que lo conozco, incluso he aprendido a leerlo entre líneas y más allá, en lo que calla.

Apenas contiene noticias, anuncios comerciales ni clasificados. Ese tipo de servicios comunitarios no son lo suyo. Tampoco puede enorgullecerse de sus imágenes fotográficas. Respecto al humor, podría premiarse al lector que demuestre haber sonreído con alguna de sus anodinas caricaturas.

Su asunto es más sencillo: diatribas al imperialismo yanqui y apologías ilimitadas al Sistema, suprema intención a la que ha de serle fiel el Director de turno. A menudo éste y su equipo pueden cogerse el día libre, pues la edición consiste en publicar largos discursos o intemporales Reflexiones del Dirigente Máximo.

Sin embargo, tiene sus ventajas:
- Puede hojearse en cuestión de segundos.
- Sus simples titulares, en vez de seducirte, te exhortan a no leer el resto.
Promoción tan consecuente del aburrimiento, no puede obedecer a ineptitud periodística unánime, sino a ejemplar disciplina partidista, que les castra cualquier indicio de brillantez.

Veamos un reciente ejemplo, el reportaje "Las mil y una historias del pan", escrito por Yudy Castro Morales, en la última página de la edición del viernes 12 de febrero. Como pie de la impersonal foto (dos jóvenes desconocidos amasando la harina en una panadería) usan unas líneas del propio texto: Debido a la reducción del 50% del pan con destino al consumo social, decrecieron las entregas de otros surtidos. Es decir, el ahorro de cierta cantidad de materia prima, en vez de facilitar un incremento del resto de los renglones, causó su merma.

El interés por comprender cómo había sido posible esa paradoja, me llevó a la lectura del texto, en pos de confirmar mi sospecha: más ingredientes disponibles terminaban en menos producción debido al desvío de esta para su realización en las vendutas de la Bolsa Negra…

Sólo a la altura del noveno párrafo, se nos revela, parcialmente, la clave del enigma, cuando la funcionaria Maria Victoria Rabelo confirma lo que se había negado insistentemente en el mes de enero, cuando las colas frente a las panaderías estaban en su apogeo:”… lo que sucedió es que el plan nacional de harina de trigo previsto para el 2009 quedó incumplido al cierre del año por insuficiencias de la industria, deterioro en el rendimiento y dificultades tecnológicas.”

Una vez más, se confirmaba la vox populi, que aseguraba entonces la carencia de harina. El enfoque del titular hace creer que la referida reducción había sido una decisión burocrática, en lugar de una imposición de la realidad. Un titular más directo, No hay harina de trigo, hubiese inyectado cierto pánico entre los hambrientos. La filosofía que rige al diario Granma da por supuesto que la incertidumbre y el run-run son preferibles a las verdades brutales, acaso porque les conceden el beneficio de la duda.

Otra de las revelaciones del reportaje es que fija en 348 toneladas de pan el que deja de producirse sólo en la Capital “debido a que los clientes no lo compran”. Para lectores no familiarizados con nuestras míseras tradiciones, vale aclarar que se trata del llamado “pan normado”, que le corresponde a cada ciudadano poseedor de su Libreta de Abastecimientos correspondiente. El reportero prefiere no explicar el motivo del rechazo de sus consumidores ni la cifra exacta de diminutos y desabridos panecitos que conforman ese tonelaje, de cuya reducción extraen los panaderos el gramaje necesario para la producción liberada, con cuya venta sobreviven.

A favor del reportero (a) – pues el nombre griego suena unisex- hay que señalar que en los párrafos finales alude al mejoramiento de las condiciones de trabajo, los problemas salariales, la creación de las casas de especialidades y muchos otros asuntos.

En contra, que pasa por alto el hecho de que la compra diaria de una flauta de pan de corteza dura cuesta mensualmente 300 pesos, cifra inalcanzable para un jubilado y más del 50% del ingreso promedio de cualquier trabajador.

Hablando de panaderos, me gustaría sugerirle al periodista que investigase acerca de la vida y, sobre todo de la muerte del bolchevique Sandalio Junco, líder del gremio asesinado en la década del 40 por los partidarios del estalinismo, acerca de quien su Diario jamás se ha dignado imprimir palabra.
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