Lawton, La Habana, 18 de febrero de 2010, (PD) No hay país más estratificado o subordinado a jerarquías de consumo que Cuba. Aquí comer bueno y balanceado es una tentación y una demostración del lugar que cada quien ocupa en la pirámide social. La política en Cuba se premia entre otras formas, con patrones gastronómicos diseñados por algún dietista diabólico.
Desde que la revolución verdeolivo se consolidó, asesinó a la ganadería y las reses pasaron a la crónica roja. Matar una res en Cuba, para comer un bistec, es más castigado que matar a un cristiano para robarle. Comer sin sobresaltos, es un legítimo lujo y una muestra de confiabilidad política. Pero como la escalada regresiva avanza, comer vegetales con cierta regularidad, hoy día, es índice delictivo o refinado estatus. Todo de acuerdo al cristal con que se mire.

Por decreto, maldad o mera incompetencia del Comandante y su élite, el pueblo de Cuba sólo come carne de cerdo. De esta limitación, está eximida la clase aristocrática verdeolivo. Ellos comen y viven mejor. Por otra parte, para la gente de a pie, un mazo de lechugas cuesta entre 7 y 10 pesos cup. Pimientos, acelgas, zanahorias, apios, remolacha, coles, limones y las ausentes y añoradas frutas, son vacíos muy sentidos en la mesa del pobre. Para suplir estas carencias, la familia cubana desembolsará un aproximado de entre 250 y 300cup al mes, (si los tienen) si se trata de una célula de tres miembros como mínimo.
Son varios los establecimientos elitistas en La Habana. La Puntilla, Palco, 3ra y 70 y otros espacios reservados se ubican en las ya conocidas zonas congeladas. En tales zonas, viven extranjeros y escogidos. Allí, compran por derecho los afortunados de la minoría emparentada con la élite gobernante y una contrapartida de esta, siempre osada e ilegal.
Una visita al Mall ubicado en la conjunción de las calles 3ra y 70 en Miramar, resulta en una lección práctica de sociología contemporánea cubana. Al fondo, en la sección consagrada a cárnicos, pescados y mariscos, se exhibían cajas de excelente diseño con camarones a 40 cuc. Esto equivale al cambio actual a 960cup. Esta cantidad supera en más del triple, el salario del trabajador promedio en Cuba. Lo curioso es que los camarones, el pescado y otros productos del mar, no son bienes exportables. Son, por decirlo de alguna forma, los bienes naturales de la Isla que vio llegar al grupo gobernante y que en algún momento, felizmente los verá salir.
Los camarones prohibidos no eran de exportación. Son el producto raquítico de la diezmada producción nacional. Pero el estado, en los establecimientos que administra, decidió venderlo a 40cuc. ¿En qué país viven?
En otros espacios de esta misma tienda vi como se distribuía la promoción para el día de San Valentín en La Cecilia. Este, es un restaurante para turistas y clientela selecta. La Cecilia está ubicada en Miramar. Las bellas jóvenes desplegadas en sus mesas cada noche, en un porciento nada desdeñable, lo hacen en condición de prostitutas. Lógico. La cena ofertada y promocionada desde volantes, anuncia un cover o consumo mínimo de 40cuc. La entrada sin cena, más tarde en la noche, cuesta unos módicos 5cuc, es decir, unos 120cup.
Fuera del discurso oficial, de la televisión y el diario
Granma, cuesta trabajo relacionar estos espacios de zona y corazón congelado, con La Habana real de los desperdicios y las ruinas. ¿Será que alguien confunde esta policromada caricatura virtual con el país real de pesadilla en que malvive la mayoría?
Pero siempre queda alguna esperanza y mucha espera. La papa fue retirada de la libreta y nominada para venta libre. Con la despedida, aumentó el precio. Nadie ha vuelto a verla. Desapareció. Se esfumó de la libreta de racionamiento y de paso, de la mesa del cubano de a pie.
Recientemente, el tubérculo ha sido visto en el noticiero de televisión y en los anaqueles de Palco. Allí, en Palco está. En una sección, precocinado y envasado al vacío. En la otra, natural, limpio, beneficiado y sin una tierrita, En asépticas bolsas de nailon. A la espera de que alguien lo compre o la historia lo absuelva. A salvo de que el pueblo consuma. La oferta del noticiero es por supuesto, virtual. Allí nadie compra. De acuerdo con la costumbre, la papa del noticiero siempre llega con algo. En este caso, (en la misma condición virtual) junto a la imagen saludable y rozagante del ministro de agricultura, el Sr. general Ulises Rosales del Toro. ¡Feliz coincidencia!
Esta es la obra viva de Papa Estado, el abusador egoísta, senil e incompetente que nos quita la papa, la carne, los camarones y la libertad, entre otras cosas. Un bueno para nada que no quiere que algo cambie. ¿Cambios para qué? Si hasta la vida puede ser bella y estimulante en La Habana, por sólo 40cuc, para el turno en La Cecilia o los camarones de 3ra y 70.
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