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LA HIENA POR LA CALLE DEL MEDIO, EDITORIAL 107
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Por Primavera Digital
Publicado el 4/03/2010
 
El resultado era predecible. La huelga de hambre del preso político Orlando Zapata Tamayo, fiel hasta el último minuto a sus convicciones y su reclamo de ser tratado como un prisionero de conciencia, desembocó en su muerte a las 3 de la tarde del 23 de febrero. De nada sirvió, luego que sus carceleros lo pusieran a morir durante más de 80 días, que cuatro días antes del desenlace fatal lo condujeran a uno de los mejores hospitales habaneros.

La huelga de hambre no podía terminar de otro modo. A Zapata Tamayo le convirtieron la cárcel en un infierno. El presidio político no es fácil para nadie, pero menos aún para un negro. El régimen cubano, en su proverbial paternalismo racista, no concibe que haya opositores negros. Menos si es un oriental, plomero, albañil, pobre. Por eso quisieron quebrantarlo. Zapata, que no era hombre de miedos, aceptó el desafío de sus verdugos demasiado prepotentes y soberbios y venció, aún a costa de su vida.

Todo lo que ha pasado en estos días era también predecible: las detenciones de opositores, la repulsa internacional a la dictadura, el silencio cómplice de algunos gobiernos que se dicen, sin sonrojo, democráticos…Hasta que el régimen cubano inventara excusas y justificaciones y tratara de manipular la muerte de un preso político en huelga de hambre era también previsible.

Lo que no era de esperar, porque va más allá de los límites de la decencia y la humanidad (aún dentro de los peculiares parámetros de la dictadura cubana), es el torrente de infamias que escribió el periodista Enrique Ubieta Gómez contra Zapata Tamayo cuando su cadáver ni siquiera había sido sepultado.

La hiena, que hasta entonces se disfrazaba de partidario del debate dentro de la revolución, se tiró por la calle del medio para tratar de demostrar que el mártir no era ni siquiera “un mercenario”, sino un delincuente común “víctima de la contrarrevolución”. El plumífero puso tal empeño en su vileza que pasó por encima de la declaración del general Raúl Castro de que lamentaba la muerte de Zapata Tamayo. (sigue)


El resultado era predecible. La huelga de hambre del preso político Orlando Zapata Tamayo, fiel hasta el último minuto a sus convicciones y su reclamo de ser tratado como un prisionero de conciencia, desembocó en su muerte a las 3 de la tarde del 23 de febrero. De nada sirvió, luego que sus carceleros lo pusieran a morir durante más de 80 días, que cuatro días antes del desenlace fatal lo condujeran a uno de los mejores hospitales habaneros.

La huelga de hambre no podía terminar de otro modo. A Zapata Tamayo le convirtieron la cárcel en un infierno. El presidio político no es fácil para nadie, pero menos aún para un negro. El régimen cubano, en su proverbial paternalismo racista, no concibe que haya opositores negros. Menos si es un oriental, plomero, albañil, pobre. Por eso quisieron quebrantarlo. Zapata, que no era hombre de miedos, aceptó el desafío de sus verdugos demasiado prepotentes y soberbios y venció, aún a costa de su vida.

Todo lo que ha pasado en estos días era también predecible: las detenciones de opositores, la repulsa internacional a la dictadura, el silencio cómplice de algunos gobiernos que se dicen, sin sonrojo, democráticos…Hasta que el régimen cubano inventara excusas y justificaciones y tratara de manipular la muerte de un preso político en huelga de hambre era también previsible.

Lo que no era de esperar, porque va más allá de los límites de la decencia y la humanidad (aún dentro de los peculiares parámetros de la dictadura cubana), es el torrente de infamias que escribió el periodista Enrique Ubieta Gómez contra Zapata Tamayo cuando su cadáver ni siquiera había sido sepultado.

La hiena, que hasta entonces se disfrazaba de partidario del debate dentro de la revolución, se tiró por la calle del medio para tratar de demostrar que el mártir no era ni siquiera “un mercenario”, sino un delincuente común “víctima de la contrarrevolución”. El plumífero puso tal empeño en su vileza que pasó por encima de la declaración del general Raúl Castro de que lamentaba la muerte de Zapata Tamayo.

Costaba creer que las infamias de Ubieta Gómez fueran la posición oficial, a pesar de haber sido publicadas en Cuba Debate, la más oficial de las páginas electrónicas del gobierno cubano, tan oficial que publica las reflexiones del Compañero Fidel. Pero ahora no quedan dudas. Granma, el órgano oficial del Comité Central del Partido Único, publicó una versión aumentada del repugnante artículo de Enrique Ubieta Gómez.

Y eso ocurre en momentos que el periodista Guillermo Fariñas y más de una decena de presos políticos han iniciado huelgas de hambre que dicen mantendrán hasta las últimas consecuencias.

La soberbia y las calumnias como las de la hiena de La Calle del Medio que publicó Granma no parecen ser lo más aconsejable en estas circunstancias para el régimen cubano. Pero dice un pasaje bíblico que Dios ciega a los que quiere perder.

PD


Dibujo: Ilei Urrutia gaulo51@yahoo.com