La Víbora, La Habana, 11 de marzo de 2010, (PD) Son un pequeño grupo de jóvenes. Han comprado unas entradas para el cine Chaplin donde ponen una muestra de cine de Los Aldeanos. El diálogo que tuvo lugar a la entrada de ese lugar público fue, más o menos, el que sigue brevemente:
- Ustedes no pueden entrar.
- ¿Por qué? Tenemos las entradas…
- Sí, pero aun así no pueden entrar.
- ¿Con qué derecho nos prohíbe Ud. la entrada?
- El cine se reserva el derecho de admisión…
A continuación sigue un altercado verbal que no es necesario reproducir aquí y donde no faltan los insultos y los consabidos calificativos a los jóvenes de “mercenarios”, “contrarrevolucionarios”, “asalariados” y otros de este tenor.

Este columnista es interpelado por los agredidos en el sentido de cuanta razón o autoridad tiene la dirección de ese cine para hacer semejante cosa. La respuesta de La Consulta es esta:

Hay instituciones y lugares que, por su naturaleza, son selectivos en el acceso a sus instalaciones. Por ejemplo, es sabido que las logias masónicas permiten la presencia en sus sesiones de trabajo solo a sus miembros e invitados especiales.

Por otra parte, hay lugares a donde no puede accederse sino con determinados requisitos. Así, a los tribunales hay que comparecer con determinado atuendo: no es posible ir vestido de cualquier manera. Puede ocurrir de este modo en un restaurant de determinado nivel, o en una iglesia.

La forma de comportarse también puede ser un requisito: en un teatro, concierto o espectáculo público donde exista desorden manifiesto, los responsables pueden ser expulsados del lugar y hasta no ser dejados entrar si esto se ha convertido en un fenómeno reiterado.

Lo anterior no tiene absolutamente nada que ver con que los administradores de esos lugares consideren que sus facultades administrativas llegan hasta tener capacidad para conculcar los derechos otorgados por la Constitución de la República a los ciudadanos por el solo hecho de que éstos no comparten la ideología del gobierno de turno.

Perseguir, al extremo de no permitir, el acceso de lugares públicos a personas que se comportan correctamente, que no alteran el orden exigido, que pagan el precio correspondiente a las entradas respectivas, que no se meten con nadie durante el espectáculo y que una vez terminado este sencillamente se retiran de forma ordenada, tranquila y respetuosa, presenta, simultáneamente las siguientes ilegalidades por parte de los que se abrogan tan disparatado “derecho”:

I. Violación de la Constitución de la República en sus artículos
41) Todos los ciudadanos gozan de iguales derechos…
42) La discriminación por motivo de raza, color de la piel, sexo, origen nacional, creencias religiosas y cualquier otra lesiva a la dignidad humana, está proscrita y es sancionada por la ley.
43) El Estado consagra el derecho conquistado por la Revolución de que los ciudadanos, sin distinción de raza, color de la piel, sexo, creencias religiosas, origen nacional y cualquier otra lesiva a la dignidad humana:
- disfrutan de los mismos balnearios, playas, parques, círculos sociales y demás centros de cultura, deportes, recreación y descanso.
(En ningún lugar la Constitución establece que las personas con un pensar diferente al oficial recibirán un tratamiento discriminatorio de especie alguna y, según la doctrina, “Donde la ley no distingue, no debemos distinguir”).
II. Violación de la Declaración Universal de Derechos Humanos refrendada por Cuba hasta la actualidad, en los artículos

2.1) Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica nacimiento o cualquier otra condición.

7) Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta declaración y contra toda provocación a tal discriminación.

Razones de espacio no nos permiten explicar aquí qué hacer en casos semejantes. Esperamos hacer esto en la próxima edición de La Consulta.
vallinwilfredo@yahoo.com