Arroyo Naranjo, La Habana, marzo 11 de 2010, (PD) Por mucha imparcialidad que aparenten los comentaristas deportivos ante determinada polémica, afinidad por un atleta o equipo en cualquier disciplina, a la hora de narrar sus comentarios nunca dejarán de destilar emociones hasta por los codos. De hecho, y es lo que se respira hoy con los juegos Play Off de la actual Serie Nacional de Béisbol en Cuba, tales contagios pueden marcar el favoritismo de una radio-televisora local o provincial.

El asunto que me asiste hoy no luce etiqueta de recién comprado, porque si a estas alturas me pintan a un narrador imparcial, pensaré que en lugar de sangre corre óleo de bajo costo por sus venas.

No estoy en el bando de los que se oponen al favoritismo de cabina o al verbo entusiasta y polémico del reportero de turno en la prensa plana, más cuando una serie Play Off exige pasión y desenfrenos de graderío.

Digo esto porque leo y releo los comentarios a raíz de los acontecimientos del pasado domingo 28 de febrero, en el estadio de béisbol José Antonio Huelga, en la provincia de Sancti Spíritus.

Cegato y con el Bate Easton en las manos, el pelotero y capitán de la novena capitalina de Industriales, Lisbán Correa, se precipitó sobre el lanzador espirituano Yanier Sosa Ortega, por haberle propinado éste un pelotazo intencional a la altura del noveno inning. El Canal Habana y radiotelevisión Yayabo tomaron las imágenes de la persecución que terminó en el jardín central con una reyerta tumultuaria, protagonizada entre ambos equipos. Segundos después, el Máster de transmisiones desconectó las cámaras de televisión sobre el terreno y en su lugar colocó un spot político sobre las elecciones municipales de abril próximo, seguido de un documental sobre viejas rivalidades entre los equipos Industriales y Santiago de Cuba.

Al instante radio Yayabo (Santi Espíritu) emitió su juicio a favor del lanzador Sosa. La capitalina COCO ripostó con el argumento de que Lisbán actuó dada la intencionalidad del pelotazo. “Nunca se había originado en series nacionales una acción individual de este tipo, salvo la protagonizada por el ex pelotero Antonio Muñó en un campeonato mundial”, dijeron los comentaristas de la COCO.

Al día siguiente, el lunes 1 de marzo, la Dirección Nacional de Béisbol dictaba sentencias contra algunos de los implicados. Un primer dictamen separó definitivamente a Lisbán Correa de la actual Serie Nacional, medida que fue modificada el 4 de marzo por una sanción de seis meses sin participar en eventos deportivos. Entre tanto, el pitcher Yanier Sosa fue suspendido por sólo tres juegos.

El béisbol nacional, pasión de multitudes, por obligación está sujeto a una “justicia” deportiva que desoye el argumento de sus protagonistas. Por ello no creo que la modificación de las sanciones, como especifica la nota del Instituto Nacional del Deporte, la Educación Física y la Recreación (INDER), publicada el 4 de marzo, responda a un “proceso investigativo que incluyó entrevistas e intercambios con participantes y testigos de los hechos”. Más bien me suena, como refleja el libelo oficial Granma el 3 de marzo, al disgusto de los capitalinos y una posible “chispa que pueda encender un verdadero polvorín social”.

Al cortar la transmisión debido a la trifulca en el José Antonio Huelga y el consiguiente bache que ocasionó esto en los comentaristas de la COCO y Radio-TV Yayabo, para el telespectador el incidente quedó en suspenso. ¿Tendrá esto que ver con la máxima del Granma que dice: “Tenemos los periodistas que prepararnos para transmitir la opinión exacta, justa, la que lleve a la comprensión en el juego”?

Papá Fidel nos enseñó a guerrear en todos los ámbitos, siempre y cuando la moraleja revolucionaria sea diseñar provocaciones como estrategia política. La prensa es público por partida doble. Imparcial o no está obligada a ser juez y no parte en las decisiones. Sucede que siempre percibimos como tal o más cuál comentarista destila sus emociones. Héctor Rodríguez y el fallecido Eddy Martin, además de acérrimos revolucionarios, son clásicos ejemplos de parcialidad.
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Foto: Marcelo López