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EL EVANGELIO SEGÚN FIDEL
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Adolfo Fernández Sáinz
Miembro del grupo de los 75 condenado a 15 años de privación de libertad. Periodista de la agencia de prensa independiente Patria. Ciudad de La Habana. primaveradigital@gmail.com
 
Por Adolfo Fernández Sáinz
Publicado el 8/04/2010
 
Fidel Castro habló con los religiosos chilenos en 1971 y con los jamaicanos en 1977. ¿Por qué nunca con los cubanos?




Prisión Provincial Canaletas, Ciego de Ávila, 8 de abril de 2010, (PD) Cierto brasilero, de esporádicas visitas a La Habana, en la última de sus fugaces apariciones, ha venido a celebrar los veinticinco años de la publicación de su libro, ‘Fidel y la religión’. Por boca suya nos enteramos, -Granma, 02/04/10- de que él fue un factor clave para recomponer las relaciones entre la Iglesia y el Estado, en aquella época en que el comunismo castrista era de un ateísmo militante y no quería oír hablar del asunto.

Varias interrogantes saltan a la vista. No sé por qué habría que buscar a ningún extranjero, cuando la iglesia católica cubana estaba aquí mismo en Habana Vieja. ¿Qué credenciales avalan a este brasilero, para poner exactamente en sus manos tan delicada misión? ¿Por qué siempre tiene que haber un extranjero en la ecuación?

Fidel Castro habló con los religiosos chilenos en 1971 y con los jamaicanos en 1977. ¿Por qué nunca con los cubanos? Por último, si el entusiasta intermediario desempeñó un papel tan fundamental, en el mejoramiento de estas relaciones, -que verdaderamente han mejorado- y si contaba con la aprobación de los obispos cubanos, como dice. ¿Por qué diantres no había ningún miembro de la jerarquía católica en representación de su iglesia, allí en la ceremonia conmemorativa tan importante y vistosa, con presencia presidencial y todo? ¿Olvido? ¿Descortesía? No lo creo.

Nos dice el brasilero, que el prejuicio de los comunistas y el temor de los creyentes se disipó el día que Fidel Castro habló con él sobre religión. Si el líder cubano tenía esas ideas anti dogmáticas sobre religión: ¿Por qué pasó un cuarto de siglo en silencio sobre el tema? El ateísmo militante fue la posición que él escogió. Quedan dos alternativas, o fue su libre decisión o lo hizo para congraciarse con los amos soviéticos. En este caso, no sería su postura tan independiente como presume.

Yo creo que lo hizo porque verdaderamente quería extirpar la idea de Dios de la mente de los jóvenes y sobre todo de los niños cubanos. Para poner en lugar de Dios, a su revolución. Resulta que, -nos ilumina el visitante- los creyentes estaban con los no creyentes, en lucha por la justicia, por una vida digna, por un mundo mejor, por la paz. Pero eso, lo decían en Brasil. Aquí, se le dijo a los niños cubanos: No creas, los creyentes son unos oscurantistas cercanos a los latifundistas y hasta medio aliados del imperialismo.

Si se les hubiera dicho: pueden seguir con su fe, pero en política no se atrevan a sacar las patitas del plato, mucha gente habría seguido con su profesión de fe, de forma abierta y en política, habrían jugado con la doble moral como se ha hecho hasta ahora. De todos modos, el primero que practicó la doble moral en Cuba fue Fidel Castro. Este bajó de la Sierra Maestra con una medallita de la Virgen de la Caridad del Cobre en el cuello, para confundir.

Si se hubiera dicho que luchar por valores bíblicos y evangélicos, también podría ser una causa justa, ¡qué alivio! Porque Biblia y Evangelio eran anatema aquí. Quizás, muchas familias creyentes no se habrían ido del país.

Y para hablar de la dignidad humana, Raúl Castro reconoció que en Cuba no alcanza el salario. Le faltó decir desde cuando no alcanza y para qué no alcanza. Pero eso será otro tema.

Lo que se puede afirmar, es que cuando a un trabajador no le alcanza el salario para vivir honestamente, es más que un problema social, político o sindical, es todo eso junto y mucho más, está en juego la dignidad de la persona humana y más. Porque de ahí a que su hijo tenga que salir a robar o que su hija tenga que salir a prostituirse, no va más que un paso. Y ya, muchos lo han dado.

En la misma ceremonia, la señora Caridad Diego nos dice que según Fidel Castro, hay una gran comunidad de intereses entre los objetivos del cristianismo y los de los comunistas y que la religión puede ser un opio o un maravilloso remedio, en la medida que se utilice, -aquí está el quid- para defender a los opresores y explotadores o los oprimidos y explotados. De modo que Fidel Castro tiene en sus manos decidir cuando se es buen cristiano o malo. Cuando la religión es opio y cuando maravilla, según sus intereses políticos.

Eso es confundir lo absoluto con lo relativo, lo absoluto es Dios, es Cristo, lo relativo es todas las demás empresas humanas. Fijarse de qué lado del espectro político está el cristiano para decidir si es bueno o malo, es relativizar lo absoluto y absolutizar lo relativo. De modo que si digo que en Cuba se violan los derechos humanos, eso me coloca de lleno en el bando de los que defienden a los opresores y los latifundistas y en contra de los oprimidos.

La misma señora al hablar en nombre del Partido Comunista, nos dice que el movimiento ecuménico cubano, son los religiosos de su preferencia. Nos dice lo que debemos hacer los creyentes cubanos, nos dice y cito: “Que sean parte de los esfuerzos que libra el gobierno contra la vagancia y el vago. Las actividades corruptas y propiciadoras de indisciplinas sociales. Así que ya saben hacia donde tienen que orientar sus prédicas, en las comunidades y congregaciones religiosas”.

Para cerrar con broche de oro, el Sr. Raúl Suárez, remitiéndose a Fidel Castro nos dice y cito: “En la lucha contra el imperialismo, deben unirse todos los elementos progresistas y patrióticos. Desde el católico sincero, hasta el viejo militante marxista”.

¡Qué sabroso es tener, aparte de Cristo el mesías, para asuntos del espíritu, a un profeta en la tierra, bien afirmado en el poder político y económico! Fijen la atención en lo que nos añade Raúl Suárez y cito: “Aquella generación de cristianos, jamás olvidaremos nuestras lágrimas, al ver en nuestra iglesia evangélica al líder de la revolución y con ellas, nuestros gritos de ¡Fidel! ¡Fidel!…”

No queda más, que a modo de conclusión, relatarles que en esta prisión Canaletas, al recluso Errol González Batista, misionero metodista de la iglesia metodista en la Isla de Turiguanó, le han prohibido predicar en grupos religiosos en la prisión, porque el reglamento lo prohíbe. Así le comunicaron las autoridades. ¿Cómo se concilia esto con el carácter laico del estado cubano?
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