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UN LEÓN QUE NO PUDO SER ENJAULADO
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Frank Cosme
Litógrafo. Reside en La Habana. primaveradigital@gmail.com  
Por Frank Cosme
Publicado el 8/04/2010
 
El reciente viaje de la réplica del velero Amistad a la Habana y la proyección de un viejo film de Spielberg en la TV, cuyo título es precisamente el nombre de esta embarcación, es un ejemplo de una historia real y una original idea que nunca había sido llevada a la pantalla.

Santos Suárez, La Habana, 8 de abril de 2010, (PD) Extraordinarias anécdotas tiene la historia de muchos países que dadas a conocer causan asombro y admiración.

El desarrollo de la cinematografía en el siglo XX acercó al hombre común muchas de ellas a través de sus películas. Pero a falta de ideas originales, muchos productores acuden a cada rato al trillado recurso del remake.

El reciente viaje de la réplica del velero Amistad a la Habana y la proyección de un viejo film de Spielberg en la TV, cuyo título es precisamente el nombre de esta embarcación, es un ejemplo de una historia real y una original idea que nunca había sido llevada a la pantalla.

La historia trata sobre la rebelión de un grupo de africanos que en calidad de esclavos eran conducidos a la Habana a bordo del citado velero en 1834. Su arribo a las costas de EU originó una de las disputas más controversiales en la historia del congreso de este país para otorgarles la libertad a estos hombres. Esto es conocido mundialmente gracias a la magia del cine.

Pero si yo relatara una historia tan dramática, real y sobre todo “original” digna de un buen guión cinematográfico como el caso del Amistad, que originó más revuelo todavía en otro Parlamento, esta vez europeo y donde fueron protagonistas tres próceres de nuestra independencia, quizás hasta muchos cubanos se sorprendan, pues es otra historia desconocida por la gran mayoría.

Estos hechos ocurrieron en 1879, 45 años después de los sucesos del Amistad. Sus actores fueron el General Calixto García, Juan Gualberto Gómez (hombre de confianza de Martí en la posterior guerra de 1895) y el General José Maceo, apodado el León de Oriente, hermano menor del General Antonio Maceo, quién junto con Martí y Máximo Gómez fueron los líderes de nuestra independencia.

Al término de la primera guerra de independencia de 1868, el León, más temerario y tozudo que su hermano Antonio, participó en una guerra entre esta y la de 1895, conocida en nuestra historia como la Guerra Chiquita, dirigida por Calixto García. Esta sublevación fue rápidamente sofocada, García logró escapar, pero algunos conspiradores, como Juan Gualberto Gómez, fueron apresados y deportados a posesiones españolas en África y a la propia España. Los más rebeldes y peligrosos como José Maceo, Flor Crombet y otros fueron embarcados para el presidio de las islas Chafarinas, cerca de las costas de Marruecos.

Persuadidos los hispanos que el indomable León pensaba escapar, decidieron trasladarlo a la prisión de Ceuta, en el Marruecos continental, pero no contaron con la cantidad de deportados cubanos en Cádiz donde haría escala el vapor que los conducía. Conociendo esto, Calixto García elaboró un plan de fuga que estos cubanos realizaron sin demora. Lograron que José Maceo, Rogelio Castillo y Celedonio Rodríguez escaparan hacia Tánger y de aquí a Gibraltar, posesión inglesa donde pidieron asilo político. Inmediatamente que España supo de esto, reclamaron la extradición.

El gobernador de Gibraltar era Lord Napier, famoso militar que había proporcionado al Reino Unido la victoria en la campaña de Abisinia, sin embargo, en contravención de las leyes británicas, cedió ante la presión de Madrid y entregó a los mambises cubanos.

Gran revuelo causó este episodio en el Londres de esa época. La prensa acusó al distinguido Lord. Agrias disputas ocurrieron en el Parlamento de su Real Majestad y la situación diplomática entre Gran Bretaña y España se tornó tirante. Al famoso militar le costó el puesto a pesar de sus méritos, condecoraciones, y ser miembro de la aristocracia.

Por fin el Reino Unido haciendo valer su constitución y el derecho internacional exigió a España la inmediata libertad de los presos políticos cubanos que buscaron refugio bajo el pabellón Inglés.

El embajador Británico en Madrid mantuvo la presión y en esta parte de la historia interviene el astuto Juan Gualberto Gómez, quien con contactos en Madrid, utilizó mediadores, hizo llegar a los oídos del diplomático de Albión la sugerencia que Maceo y los demás cubanos fueran trasladados a Mahón, en las islas Baleares. Con esta acción, pensaba solventar el pleito diplomático y facilitar al gobierno español una vía honorable de hacerse de la vista gorda, facilitar la fuga del León y quitarse a los ingleses de arriba. Lo mismo ocurriría si el embajador británico entendía este ajedrez diplomático.

Ocurrió como lo planeó Juan Gualberto Gómez, el inglés exigió a Madrid que los cubanos fueran trasladados a Mahón, Madrid accedió de mala gana pero los trasladó y ni corto ni perezoso, Maceo y compañía escaparon rumbo a Argelia. Pasaron después a Francia y de aquí a Costa Rica, donde le esperaba su hermano Antonio.
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