Arroyo Naranjo, La Habana, abril 8 de 2010, (PD) El equipo capitalino de béisbol Industriales, después de siete reñidos juegos de play off frente al conjunto de Villa Clara, se coronó por duodécima ocasión campeón en la XLIX Serie Nacional (2009-2010).
Pasada las dos de la madrugada del día primero de abril, un ponche propinado por el pitcher novato de 19 años, Joan Socarrás, selló la victoria industrialista. De ahí que Socarrás, con sólo 16 inning lanzados en la campaña regular de noventa juegos, se convirtiera automáticamente en el héroe del campeonato.
Que recuerde nunca se había vivido en Cuba un play off de siete juegos tan tenso y a la vez emocionante, con ese último partido de seis horas que mantuvo en vilo a la afición e hizo de los graderíos un hervidero de leones y naranjas.
De esto se hablará por largo tiempo, tanto que olvidaremos las bravuconadas del receptor villaclareño Ariel Pestano o el quieto en base mal cantado por el árbitro sobre el inicialista capitalino Alexander Mayeta en el quinto juego.
¿Cuántos quisieran retener esos momentos vividos en la madrugada del primer día de abril?
Aún no caía el out 27 en el estadio Augusto César Sandino de Santa Clara y ya los parciales azules armaban el fiestón en La Habana. Dicen que casi nadie dormía y que vencidos por el sueño, hasta las amas de casas y sus mascotas daban cabezazos frente al televisor. El desvelo condicionaba una tregua por las viejas confrontaciones hogareñas sobre elegir entre la telenovela brasileña o el partido de pelota. Fanáticos y ateos a la pasión beisbolera firmaban un acuerdo de paz con taza de café incluida.

Finalmente cayó el último out y en menos de 15 minutos los parciales naranjas abandonaron el estadio, olvidados de las premiaciones.
La prensa oficial acreditada en el terreno, en busca de una dedicatoria por el triunfo capitalino, abordó al pitcher-héroe Socarrás. Se llevaron un chasco, este dijo que les dedicaba el triunfo a sus familiares y entrenadores.
Se vivieron minutos de alegría, de dibujarse la “I” gótica o el número del ídolo en el rostro, de comprar con gusto -aunque no hubiera nada de comer en casa- pullovers o pancartas del equipo afín. No se hablaba de otra cosa que no fuera de béisbol. Necesidades, conflictos y otros aconteceres nacionales se escondían tras el cero en el pizarrón.
Tanto en el estadio Latinoamericano de la capital como en el Sandino de Santa Clara, decenas de miles de aficionados ocuparon los graderíos con seis u ocho horas de antelación al encuentro y desafiaron la fatiga producida por el baño de sol o la ensordecedora conga de turno.

Y no faltó la fábrica, escuela u oficina que sacara de emergente al “interrupto” para que sus empleados y alumnos presenciaran el juego desde los palcos o en la casa.
También se reforzó el transporte, la gastronomía y la seguridad en los estadios, esta última con jóvenes educandos del Ministerio de Interior, las Fuerzas Armadas y la Universidad de Ciencias Informáticas.
Si algo de emoción tenemos los cubanos, además del nacimiento de un hijo o la oportunidad de emigrar, es la pasión por el béisbol que ocupa cinco meses de nuestro angustioso panorama.
Ahora aparecerá una nueva serie en el mes de junio, donde las 14 provincias del país estarán representadas por seis equipos. Está por definir si se llamará selectiva, cuadrangular o torneo élite, aunque pienso que no arrastrará multitudes como la nacional.
Más pasatiempos para olvidarnos que estamos en tres y dos -cuenta máxima- por la escasez de alimentos o en “no hit no run” por las imposiciones a nuestro desenvolvimiento en la supervivencia. Sin dudas otros serán los héroes y habrá fiesta y pasión. Nada más que eso. Enhorabuena.
odelinalfonso@yahoo.com
Fotos: Odelin Alfonso