Lawton, La Habana, 8 de abril de 2010, (PD) Los habaneros están de pláceme. El equipo de beisbol Industriales conquistó el campeonato nacional por 12va vez. De 49 series nacionales, el equipo capitalino ha vencido en 12 y ha luchado con denuedo en 37. Sin dudas, un excelente promedio.

En uno de sus escasos momentos de simpatía y humanidad, el guerrillero argentino Ernesto Guevara bautizó al equipo con su nombre tradicional. Era en tiempos en que por ser ministro de industrias, creía o decía que industrializaría al país. Al menos, dejó algo duradero y positivo. Si no en alguna industria, al menos en el nombre de un equipo de beisbol. Un deporte que no le gustaba y no conocía a derechas.

De todos modos, los Industriales ganaron la segunda, la tercera, la cuarta y la quinta serie nacional de forma sucesiva. Antológicos fueron aquellos juegos en la década de los sesenta, en que los Industriales liderados por Ramón Carneado, ponían los pelos de punta a la fanaticada, en aquellos memorables finales de Industriales vs Orientales. Aquellos inolvidables duelos de pitcheo, entre el reglano Manuel Hurtado y el cobrero, Manuel Alarcón.

Sobre esto, se cuenta que el Comandante era fanático de los Orientales y no le gustaba perder… Cuando su equipo perdía, tiraba la gorra al piso y se marchaba roñoso e iracundo del Estadio. Definitivamente, al Comandante no le gustaba La Habana y tampoco los Industriales.

Los Industriales, con tiempo, esfuerzo y calidad, se convirtieron en una versión criolla de los Yankees de New York: El equipo que todos quieren derrotar. Adicionalmente y sin quererlo, también fueron otra opción para estar en contra del Comandante.

El jueves 1ro de abril, el pueblo de La Habana se volcó en las calles para recibir a los Industriales que llegaban victoriosos desde Villa Clara. Luego de un partido de leyenda en que ambos equipos (Industriales y Villa Clara) dieron lo mejor, Industriales se coronó campeón y La Habana abrió muchos corazones y algunas piernas a sus peloteros.

En la habanerísima calle Neptuno, de gladiolos y Damas de Blanco, un grupo de cinco o quizás seis jóvenes negros y mestizos celebraban ruidosos y alegres la victoria de Industriales. Un auto patrullero de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) se acercaba muy despacio. Los uniformados mal encarados lo miraban todo, hacían su trabajo.

Al percatarse, los jóvenes a coro y sin concierto previo, comenzaron a corear sonrientes y con desafío: “¡Industriales Campeón! ¡Ra Ra!” Mientras, con los puños cerrados remedaban el movimiento hacia arriba y hacia abajo de los pistones de un motor. Los policías con el rostro contraído, los miraban sin atinar a hacer cosa alguna y entonces, yo que me encontraba a pocos metros imité a los jóvenes.

El patrullero tomó velocidad y se alejó. Me quedé con el puño en alto y los jóvenes, miraron hacia mí con simpatía. Me saludaron y con afecto e identificación dijeron:
-¡Los soplamos tío! ¡Los soplamos…!

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Foto: Odelin Alfonso