Santos Suárez, La Habana, 15 abril 2010, (PD) Sobre La Habana mucho se ha escrito desde que comenzó a notarse como una estratégica plaza fuerte en la que España reunía las flotas que transportaban los tesoros del continente americano hacia la península. Ha sido también el epicentro de las ambiciones de muchos países sobre la isla de Cuba, que alcanzó su clímax con la toma de La Habana por los ingleses en 1762.

Al término de la guerra de independencia y tras la instauración de la república, la ciudad comenzó a crecer y sus nuevas avenidas y calles recibieron los nombres de ilustres cubanos que de una forma u otra contribuyeron a formar la nacionalidad.

Santos Suárez es un ejemplo de los barrios que surgieron a inicios de la república. Hasta la década del 50 del pasado siglo, fue una de las zonas más desarrolladas y bellas de la ciudad.

Una de sus calles, formada por 12 cuadras, lleva el nombre de Juan Bruno Zayas. En una vieja encuesta realizada por una revista que indagaba sobre el conocimiento de Zayas por parte de la población, muchos respondieron que fue un patriota de la guerra de independencia pero no supieron explicar en que se distinguió. Juan Bruno Zayas ha sido siempre un desconocido. Su vida fue tan corta que muchos se olvidan que a pesar de esto no se llegaba a Brigadier General en el ejército mambí por su linda cara.

El Brigadier General Juan Bruno Zayas nació en La Habana en 1867. Tenía un año cuando estalló la Guerra de los Diez Años. Su padre, notable abogado y periodista, fue el continuador de la obra de José de la Luz y Caballero en el colegio El Salvador, que forjó varias generaciones de cubanos en el amor a la independencia. Estudió la carrera de medicina en la Universidad de la Habana y se estableció en Vega Alta, en la provincia de Las Villas.

En el ejercicio de su profesión, en los lugares más recónditos del Escambray, se puso en contacto con los viejos mambises del 1868 y de médico pasó a ser conspirador, de manera que cuando estalló la nueva guerra, en 1895, ya Zayas figuraba en los boletines de guerra de los españoles, empeñados estos en desprestigiarle mostrándolo como el cabecilla de una gavilla de facinerosos.

Intrépido, peleador y magnánimo con el vencido, el exterior de Zayas no era la imagen del guerrero audaz y temerario. Tenía el aspecto de un hombre apacible, pero en cuanto montaba en su cabalgadura, el fuego de su pasión por la libertad lo convertía en un temible centauro.

Maceo conocía esto; no en balde fue a Juan Bruno Zayas al que confió hacer una contramarcha hacia Las Villas para confundir al enemigo y poder penetrar la Trocha fácilmente por Majana hacia Vuelta Abajo.

Desde los comienzos de la invasión, Zayas no se había separado de Maceo hasta el 13 marzo de 1896, en que marchó hacia el centro de Cuba.

Lo encontramos al frente de una tropa de villareños en el combate de Mal Tiempo y en todos los siguientes que ensangrentaron el suelo de Cuba desde Las Villas hasta los confines de Pinar del Río.
A su regreso de la contramarcha, sostuvo reñidos encuentros con los batallones españoles de Vicuña y Molina a los que logró eludir. Su propósito era incorporarse a las fuerzas de Maceo, pero antes de esto, Zayas había elaborado otro plan: aproximarse a la Habana y atacar por sorpresa el barrio del Cerro. Por esa razón estableció su campamento en Quivicán, al suroeste de la Habana.

Esperaba en Quivicán el reporte de su agente en la ciudad para llevar a cabo su ataque cuando fue sorprendido por el Batallón de Albuhera. Como siempre, el impetuoso Zayas cargó al machete contra la caballería enemiga aparentemente con éxito, pero no contó con los refuerzos de infantería que hábilmente parapetados en el callejón Mi Rosa batieron a los mambises por espacio de una hora.

El tozudo Brigadier pretendió cargar otra vez, pero al tratar de saltar una valla, recibió tres heridas de arma blanca y un balazo en el ojo izquierdo. Cayó en aquel campo para no levantarse ya más. Tenía 29 años.

Nada podría expresar mejor los sentimientos que embargaban a todos que las propias frases de Maceo en un documento oficial dirigido a Máximo Gómez al comunicarle la muerte del Brigadier General Juan Bruno Zayas: “Ha muerto como bueno en el cumplimiento del deber, como lo hubiera hecho el veterano más distinguido de la guerra grande; muerte que lamento por sus extraordinarias condiciones de valor y su celo por el orden y disciplina unidas a su infinito amor por la causa que defendemos”.