Centro Habana, 29 de abril de 2010 (PD) Durante las semanas antes de las elecciones municipales del Poder Popular, la propaganda oficial no se cansó de repetir que los delegados deben reunir tres requisitos: virtud, mérito y capacidad.
Desde el mismo momento que los propusieron como candidatos, tuvieron que asumir un rol que quizás no querían. En muchos casos, no les quedó más remedio que aceptar porque nadie quiso esa responsabilidad. Con sus vidas tan llenas de problemas, la mayoría rehúsa aceptar cargos.
Muchos de los candidatos son viejos presidentes de los Comités de Defensa de la Revolución, que llevan casi tantos años en el puesto como su Máximo Líder.
No todo es como lo pintan. Conozco delegados que en el tiempo que supuestamente representaron al pueblo no pudieron resolver ni siquiera el 15% de los problemas de su circunscripción. Con los delegados que elijan ahora ocurrirá lo mismo. O peor.
Una candidata de Centro Habana, para sobrevivir, vende café temprano en las mañanas, al tiempo que busca al apuntador de bolita y le pone un peso al parlé “a ver si se gana un dinerito extra”. No obstante, asume sus responsabilidades revolucionarias a la hora de hacer un acto de repudio. Cuando un agente de la Seguridad del Estado averigua por algún disidente, entonces suelta fuego por la boca.
En la Habana Vieja, el esposo de una de las candidatas más jóvenes de la capital (tiene 19 años) alquila películas de video (algunas pornográficas) y vende ron. La pareja es de los que más gritaron recientemente en un mitin de repudio contra las Damas de Blanco.
No importa sean boliteros, borrachos o bisneros, que no resuelvan los problemas de sus electores; siempre que se pueda contar incondicionalmente con ellos, son bien recibidos en el Poder Popular. Lo de la virtud, el mérito y la capacidad, propaganda al fin, es mentira. Tan falso como las elecciones.
Si usted repite las consignas comunistas, hostiga a un grupo de mujeres pacíficas y chivatea a todo el que piense diferente, puede ser delegado del Poder Popular, sin que importen un carajo la virtud, el mérito y la capacidad.