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MINI HISTORIA DEL AUTOMÓVIL EN CUBA
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Frank Cosme
Litógrafo. Reside en La Habana. primaveradigital@gmail.com  
Por Frank Cosme
Publicado el 20/05/2010
 
Es en este país donde los exiliados ven por primera vez lo que sería una pasión desde los primeros años de la república y que ha llegado hasta nuestros días, mantenida por lo que en el argot cubano se conoce por los cacharreros.

Santos Suárez, La Habana, 20 de Mayo 2010 (PD) En los tiempos en que el alemán Kart Benz inauguraba, en 1888, la primera industria del automóvil, del otro lado del Atlántico, en los Estados Unidos, los cubanos estaban enfrascados en su último esfuerzo por independizar su nación.

Es en este país donde los exiliados ven por primera vez lo que sería una pasión desde los primeros años de la república y que ha llegado hasta nuestros días, mantenida por lo que en el argot cubano se conoce por los cacharreros.

En los Estados Unidos, a la par que en Europa, comenzó a desarrollarse esta industria y aunque estaban tres años detrás de los europeos, lograron dar un gran salto gracias a la invención de la producción en serie.

En 1891, John W Lambert construye el primer auto en EU, pero son los hermanos Charles y Frank Duryea los que crean la primera fábrica en ese país. Ford fabrica su primer auto en 1896.

En el año de 1895, fecha del inicio de nuestra guerra de independencia, ocurre en Francia lo que le habría de dar fama y posterior desarrollo a este nuevo medio de locomoción; la primera carrera de automóviles del mundo, (Paris-Burdeos-Paris), que Emile Levassor, con un auto que construyó y condujo sin parar, solo para reabastecerse de gasolina, cubrió una distancia de 1,178 km. en 48 h.

Este hecho fue el que motivaría a un exiliado cubano en Francia, José Muñoz, a introducir el primer automóvil en Cuba, precisamente al término de la guerra de independencia, en diciembre de 1898. Este vehículo fue una de las variadas marcas lanzadas por la incipiente industria francesa del automóvil. Se llamó La Parisiense, hacía 12 Km. /h y costaba $1 000 pesos. Muñoz logro vender un camión, también fabricado por La Parisiense, que fue el “tercer” vehículo en rodar en Cuba, el segundo fue el del farmacéutico Ernesto Sarrá, que trajo expresamente de Paris un Rochet & Schneider. El cuarto automóvil y primero de EU en llegar a la isla, fue un Locomobile que perteneció a Rafael Arazoza, editor de la Gaceta de La Habana.

Corría ya el año 1913, es en este mismo año que el Ford modelo T, comienza a popularizarse en la isla. El Foot in and go, anglicismo de propaganda para indicar el cambio de velocidades a “tres patadas” en el embrague, se convirtió en el criollísimo Fotingo, nombre que se le quedó pegado al Ford desde entonces.

La furia del automóvil ya había hecho presa en los cubanos. En 1903 se corre en Cuba la primera carrera de autos y en 1905 un cubano, Ernesto Carricaburu, bate el record mundial de velocidad de ese año. A partir de este y hasta 1961 se organizaron numerosas carreras nacionales e internacionales.

El Gran Premio de Cuba para los autos Fórmula I entre 1954-1958 fue una de las más famosas carreras mundiales de aquellos tiempos, donde venían a competir estrellas de este deporte como Steerling Moss, Juan Manuel Fangio y Jack Brabham. Desafortunadamente para los aficionados a este deporte, las carreras cesaron definitivamente en 1961.

Una de las tantas carreras que se efectuaban solo a nivel nacional en toda la isla y tal vez la más famosa, fue la de Sagua la Grande–La Habana que se efectuaba cada 10 de octubre y se corría a través de tres provincias.

Si alguien piensa todavía que solo los hombres eran aficionados o conductores en estas carreras, solo tiene que saber que en el caso del automovilismo, las había tan fanáticas como ellos, tanto que dos mujeres competían regularmente en estas carreras y según dicen, eran muy femeninas y bonitas.

La Auto-manía no se separó de los cubanos a pesar de la decadencia en que entró el automóvil a partir de 1959. Los particulares que poseían vehículos europeos occidentales y estadounidenses se las vieron negras al principio por la falta de piezas de repuesto, pero muy pronto los mecánicos descubrieron que las piezas de muchos vehículos soviéticos eran idénticas a las de EU. Esto se debía a que bajo “el sistema de préstamos y arriendos” en la Segunda Guerra Mundial, los estadounidenses suministraron a sus entonces aliados, planos, moldes y troqueles para la construcción de motores, etc.

Pero transcurrió medio siglo, se acabaron las piezas y entonces si comenzó la verdadera inventiva de los cacharreros cubanos. Se han fabricado desde juntas de motores hasta las luces plásticas originales, desde pistones hasta autos y motocicletas. Probablemente usted abra el capó de un Opel, un Vauxhall o un Cónsul, (lo que se ve exteriormente es solo la carrocería), el interior es un “Híbrido” que puede estar compuesto de un motor Toyota, una caja de Lada y un sistema de transmisión Falcon.

Ahora dicen que han hecho su aparición los autos híbridos. Dicen que fueron inventados en Europa, EU o Japón. Los que esto dicen ignoran que los Híbridos fueron ya inventados por los cacharreros cubanos hace ya una friolera de años, (al menos la versión híbrida cubana debería ser reconocida), y todo esto ha ocurrido porque a un exiliado cubano se le ocurrió traer una máquina en 1898 con el sugestivo y femenino nombre de La Parisiense.