Prisión Provincial Canaletas, Ciego de Ávila, 3 de junio de 2010, (PD) Lo que han logrado las Damas de Blanco al arrancarle literalmente al gobierno el permiso para desfilar los domingos por la Quinta Avenida de Miramar puede catalogarse de hazaña.

Cuando mi esposa me narró lo que les había comunicado el Cardenal Jaime Ortega el primero de mayo, le pedí repetírmelo todo nuevamente. Temía no haber entendido bien. No daba crédito a mis oídos.

Por primera vez en un año y cuatro meses ha hecho el gobierno una concesión tan manifiesta dentro de Cuba, en un punto en que había expresado su categórica negativa. Lo consiguieron nuestras esposas a fuerza de pura perseverancia e infinita paciencia. Y sobre todo con mucho amor por nosotros y por nuestras familias. Proeza que ha sido escrita por sus protagonistas, sin proferir una palabra de más, sin gestos violentos, sin ofender a nadie, sin insultar, sin amenazar.

Se han labrado un lugar de privilegio en nuestra historia patria. Son las mambisas del siglo XXI. Han escrito una página de gloria para Cuba. Es uno de los pasajes más hermosos de nuestras luchas cívicas.

Las Damas de Blanco son Premio Sajárov, y quizás algún día obtengan el Nóbel de la Paz. Pero ya se han ganado, ante la nación cubana, el premio a la resistencia pacífica frente a la obstinación totalitaria, un lauro obtenido con gran dignidad.

Trasciende su triunfo nuestras fronterazas, es un gran logro para todos los oprimidos del mundo, para todos los que han vivido bajo una tiranía.

¿Y quiénes son estas heroínas? Un grupo de señoras, algunas ya entradas en años. La mayoría de ellas, sin ninguna o poca preparación política. Algunas son profesionales. Lidia es una doctora con muchos años de experiencia en su profesión, Laura Poyán es maestra, Berta Soler es técnica en laboratorio, pero algunas son nada más que sencillas amas de casa. Antes de nuestro encierro ninguna era opositora, y no tienen ningún programa político que vaya más allá de reclamar la libertad para sus esposos, hermanos o padres.

¿Y a qué se enfrentaron? Ellas, en fin, han recibido todo tipo de ofensas, los insultos más grotescos, gestos y palabras obscenas, amenazas, vejámenes e improperios. Hechos en su contra ejecutados por la turba miserable y ruin que cumplía orden de la Seguridad del Estado que a su vez recibió órdenes de los más altos niveles del gobierno, el Estado y del Partido Comunista. Es decir de Fidel y Raúl Castro. Los métodos utilizados son los de los cobardes Han hundido a Cuba en profundidades de desvergüenza rara vez alcanzadas en el algún otro país o época de la humanidad.

Sin embargo, no hay que engañarse, después de todo lo único que han logrado las Damas de Blanco es un pequeñito espacio a costa de ingentes sacrificios. A esa victoria han ayudado muchísimo la prensa extranjera, los parlamentos de Europa y de naciones latinoamericanas, la presión de la opinión pública internacional.

También ha tenido una participación muy positiva la iglesia católica cubana, que nunca ha dejado de realizar esfuerzos por nosotros y por nuestra libertad. Y en todo esto ha existido además algo de milagroso.

El último domingo en que fueron acosadas eran seis las Damas de Blanco. Seis mujeres resistiendo la tortura de sus hostigadores que se turnaban para atormentarlas. Mientras un contingente iba a refrescar con cubos de agua fría, el otro volvía a su carga de ignominia. Me contaron que fueron filmadas por televisoras extranjeras las casi siete horas que duró el acoso a esas cubanas.

Todos los lunes me disponía yo al sufrimiento de que mi esposa me contara su versión atenuada –ella es una persona dulce y sensible- de la agonía a las que las habían sometido sus hostigadores

¿Y después de todo que reclaman ese puñado de damas representantes de la dignidad? Nada más que su elemental y sagrado derecho de pedir libertad para sus presos políticos y de conciencia, que ellas saben injustamente condenados. Sin esa convicción, su sacrificio no hubiera surtido efecto. Ellas no están haciendo más que lo que hizo la señora Lina Ruz por sus hijos, los hermanos Castro, cuando la dictadura de Fulgencio Batista.

Ahora lo que corresponde es felicitar sinceramente al gobierno por la decisión tomada. Cierto es que la tomaron a regañadientes, pero no podemos caer en aquello de “palos porque boga y palos porque no bogas”. Le convoco desde mi modesta y nada envidiable posición a seguir por ese camino. A reconocer que se han equivocado. La nación cubana sufre, el pueblo vive en la miseria, y no sólo económica. Sáquenlo de ahí.

La situación moral y social se deteriora. El pueblo tiene instrucción pero se han perdido valores fundamentales. Los que han ejercido el poder por tanto tiempo tienen la responsabilidad del deterioro de la nación.

El camino está señalado, señores gobernantes. Aléjense del estalinismo y el totalitarismo. Ayuden ustedes mismos a desmontarlo hasta en su última tuerca; saquen una buena lección de esta crisis. Guíense por lo mejor de nuestra historia.