Centro Habana, La Habana, 3 de junio de 2010, (PD)
Silvio:
En el marco de tu gira por Estados Unidos (incluyo Puerto Rico), esa nación que has criticado tanto y que ahora visitas sin tener un mínimo de vergüenza, darás tus conciertos y de seguro agradecerás hipócritamente a los que hicieron posible que tu voz se escuchara en “el país que tanto daño ha hecho y hace a la revolución cubana”.
Pero como el Imperio del Norte no es perfecto, te concedió la visa, lo que te hace un hombre feliz (quiero te perdonen los muertos de tu felicidad).
Me entero que todas las entradas al Carnegie Hall están ya vendidas, lo que te hace doblemente feliz y afortunado. Imagino la cantidad de dólares que cojas por esos conciertos.
Pero no quiero que sientas en mis palabras algún destello de envidia. Es que así nos enseñó Fidel; aprendimos del Comandante que tener mucho dinero es la perdición del ser humano (¿será por eso que Él es así?).
Lo que no quiero, porque tengo amigos que son admiradores tuyos, es que te pierdas. Con todo lo que has dicho últimamente, dejas entrever que te da lo mismo. A fin de cuentas, siempre has vivido sin pasar necesidades. Eres un hombre talentoso y has podido enriquecerte gracias a tus canciones geniales y a tu sumisión al Máximo Líder.
Ahora, quisiera saber si allá en “la Yuma”, para asistir a tus conciertos, también se tiene que aglomerar la gente para montar en un ómnibus y luego tener que soportar olores desagradables. También quiero me cuentes si los niños mayores de siete años ya no pueden tomar leche en el desayuno antes de irse a la school. ¿Tomarán yogurt de soya al igual que los niños coterráneos tuyos?
Silvio, si cuando estés en New York, puedes llegarte a ver un partido de los Yankees, fíjate si la gente tiene que devolver la pelota al terreno. Si no lo hacen, intenta oír a los narradores deportivos a ver si critican a la afición por no hacerlo. Los de Cuba parecen policías en vez de locutores cada vez que un aficionado se queda con la bola. Intenta coger alguna (si no te regañan) y dónala al estado cubano, pero cuidado con el bloqueo imperialista, que puedes buscarte un lío.
Trata de infiltrarte (eso es una bicoca para un revolucionario como tú) y averigua si las jóvenes y los jóvenes se prostituyen a cambio de una memory-flash o un reproductor de DVD.
Así mismo, una vez alojado en el hotel, no olvides presentar tus credenciales en el CDR más cercano, explícales lo que tú significas para la revolución y dales un abrazo a esos camaradas de parte de tu gente del Partido Comunista de Cuba.
Si puedes ir a un mercado (primero mira si es en divisa o moneda nacional), fíjate si hay arroz, a qué precio y cuantas libras dan por persona. Fíjate también a como está la carne de res (no el picadillo, sino el filete de primera), sin decir la palabra en voz demasiado alta, que puedes ir preso por hurto y sacrificio. Observa si los estantes están llenos de mercancías, porque los de aquí están bien jodidos.
Averigua si hay libreta de abastecimiento y si lo que venden por ella, alcanza para comer el mes completo. Si es así, no dudes en traer la receta. Y por favor, no vayas a sugerir que la comida sea para los mejores cederistas y los revolucionarios ejemplares, porque entonces no cojo ni para el chiclet.

Analiza, Silvio, si los hospitales están llenos de mugre y si las enfermeras tienen el uniforme roto. Pregunta cuantos médicos ha mandado Obama a cumplir misión internacionalista y cuantos han desertado.
Al mismo tiempo, llégate a las escuelas e interroga a cualquier profesor emergente de 18 ó 20 años que veas por ahí, pregúntale cuántas guerras mundiales ha habido, porque los maestros emergentes de tu comandante piensan que el gobierno norteamericano gana vinculación por cada guerra mundial que provoca.
Con la fuerte crisis económica que atraviesa el enemigo que tú visitas, imagino que los apagones estén a full y que el robo en las fábricas y empresas estatales esté a la orden del día.
Te pido un favor, hazte pasar por periodista y sal a la calle a ver si el gobierno de Obama envía una turba paramilitar y le va encima a las mujeres que visten de blanco y si los policías piden el carné de identidad en cada esquina que pases para hacerte la vida más jodida aún.
Son muchas las cosas que quisiera saber, no tengo la suerte tuya de viajar. Aunque me lo permitieran las autoridades, sería muy difícil porque no tengo el efectivo necesario para pagar los trámites del viaje, no porque no trabaje, sino que el gobierno comunista que tanto defiendes, me expulsó de mi trabajo por pensar diferente a tu Comandante en Jefe y ahora estoy en la fuácata.
Entonces, para no fastidiarte más con mi ignorancia, por favor, averíguame todas esas nimiedades (según mis amigos que escuchan tus discos) y dime si aquello allá está tan malo como esto aquí. Me dicen que el capitalismo tiene el rostro feo, pero estoy seguro que el comunismo con barba es mucho más horrible.
Para no robarte más tiempo y dejarte cantar, “ojala” te vaya bien, no te vayas a quedar, please, y que aparezca tu unicornio azul (ojo, que por la carne de caballo echan entre 25 y 30 años de prisión). Recibe el aplauso que te mereces, no por ser un excelente compositor, sino por el magnífico actor que eres, capaz de interpretar lo mismo el papel de chico rebelde cuando eras joven, de servil cancionero en la madurez, y ahora de viejo, con barba para seguir el ejemplo de tu Jefe, el más complicado de los papeles: el de metiche y descarado. Fuck you.