EL PRIMER KNOCKOUT A LAS DEMOCRACIAS
- Por Frank Cosme
- Publicado 10/06/2010
- Política
- No valorado
Frank Cosme
Litógrafo. Reside en La Habana. primaveradigital@gmail.com
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Santos Suárez, La Habana, 10 junio de 2010, (PD) Corría el año 1939 y el Partido Nacional-Socialista ya se había consolidado en el poder en Alemania. Del otro lado del Atlántico, una isla del Caribe iba a ser blanco de la más “sofisticada, astuta y macabra maniobra política que se había concebido hasta entonces”. Fue el primer Knockout dado a las democracias en la historia contemporánea.
Escucho y leo constantemente opiniones adversas sobre el sentido de importancia que siempre han creído tener algunos cubanos con relación a hechos ocurridos en nuestra patria. Los indios con levita, como nos calificó en una ocasión Sarah Bernard, no tenemos la culpa de encontrarnos siempre en medio de intrigas políticas internacionales en tiempos pasados, en el presente y tal vez en el futuro. Todo apunta a que nuestra posición estratégica en el medio de la América, el enfermizo deseo de otros de controlar nuestra economía y el Gulf Stream, que va y viene entre el Viejo y Nuevo continente, se ha encargado no solo de regular la temperatura, sino de llevar y traer toda la maldad existente en ciertas mentes.
No podemos cambiar la isla de lugar, pero sí conocer ciertos hechos históricos que no solo son nuestros, sino también del mundo y que evitarían posteriores consecuencias porque siempre traen una enseñanza.
Hacía solo 37 años que Cuba era una república y solo seis de la revuelta de 1933. Una de sus primeras leyes fue “la expulsión de todo extranjero sin trabajo en Cuba”. La Habana también es uno de los puntos más cercanos a los Estados Unidos y este país acababa de pasar la crisis económica motivada por el Crash Bancario de 1929, que originó la llegada de los demócratas al poder, capitaneados por F.D. Roosevelt. Los demócratas siempre han sido fuertes en política interior pero no así en la exterior.
Súmese a todo lo dicho, una vigorosa campaña antisemita que recorría el mundo transmitida por la agencia de noticias nazi Transocean y tendrá el marco propicio para que el nefasto y tristemente famoso ministro de propaganda de Hitler, Joseph Goebels, se le ocurriera “liberar a 930 Judíos” entre hombres, mujeres y niños de los campos de concentración, embarcarlos en el trasatlántico ST. LOUIS y enviarlos nada menos que…. hacia La Habana.
El ST. LOUIS llegó al puerto Habanero el 27 de Mayo de 1939 con su carga humana. Rostros cansados por el sufrimiento y la desesperanza lloraban de alegría al divisar la farola del Morro, preámbulo de su ansiada libertad. Pero el gobierno cubano, al amparo de la ya mentada ley, no dejó desembarcar a aquellos representantes de un pueblo que históricamente ha sido perseguido y mil veces desterrado. Solo dos niñas lograron salvarse de este “genocidio sicológico” porque su padre residía en Cuba.
El trasatlántico partió entonces de La Habana con intención de dirigirse a las costas de la Florida. Cerca de estas, avistaron un guardacostas de EU. De nuevo corrieron todos los pasajeros a cubierta para dar vítores al guardacostas y a la bandera de las barras y las estrellas que ondeaba en el mástil, quedándose petrificados con un sentimiento mezcla de terror, impotencia y rabia al oír por el altavoz de este, “que no podían desembarcar en ningún puerto de EU y que abandonaran las aguas territoriales”.
Genial y al mismo tiempo macabra jugarreta política de este “ario encogido”. Sabía que no iban a ser aceptados en La Habana por la ley contra los extranjeros sin trabajo. Sabía también que en los EU, a pesar de haber una próspera colonia judía, también existía en “ciertos sectores y sobre todo en el sur de EU, un fuerte sentimiento racista y anti-judío, por supuesto, hábilmente alimentado por los elementos pagados por el Partido Nazi para que actuaran de propagandistas y que siempre en este país, amparados por la libertad de expresión, han actuado sin que nadie les moleste.
El gobierno de Roosevelt no quería verse envuelto en un conflicto con sus propios ciudadanos por el problema de los refugiados judíos que consideraban un tema espinoso y como el avestruz, metió la cabeza en un hoyo.
Todo esto “lo previó con anticipación” el achaparrado ario que al mismo tiempo “calló la boca y neutralizó la pluma” a los pocos periodistas y personas de buena voluntad que alertaban sobre el peligro nacional-socialista y demostró también, “que no solo los nazis eran antisemitas”.
Los 928 pasajeros restantes fueron al fin aceptados por los gobiernos de Bélgica, Holanda y Francia, para luego caer otra vez en poder de los nazis, cuando estas naciones fueron invadidas.
Cuatro meses después de haber arribado el ST Louis a la Habana en septiembre de 1939, los nazis invadieron Polonia y dio comienzo a la II Guerra Mundial.
El caso del ST Louis solo demostró la indolencia y apatía que siempre ha existido en el mundo frente a similares sucesos. Fue un sondeo que los nazis tomaron como buena señal y entonces originaron una guerra de catastróficas consecuencias para todo el orbe.
Escucho y leo constantemente opiniones adversas sobre el sentido de importancia que siempre han creído tener algunos cubanos con relación a hechos ocurridos en nuestra patria. Los indios con levita, como nos calificó en una ocasión Sarah Bernard, no tenemos la culpa de encontrarnos siempre en medio de intrigas políticas internacionales en tiempos pasados, en el presente y tal vez en el futuro. Todo apunta a que nuestra posición estratégica en el medio de la América, el enfermizo deseo de otros de controlar nuestra economía y el Gulf Stream, que va y viene entre el Viejo y Nuevo continente, se ha encargado no solo de regular la temperatura, sino de llevar y traer toda la maldad existente en ciertas mentes.
No podemos cambiar la isla de lugar, pero sí conocer ciertos hechos históricos que no solo son nuestros, sino también del mundo y que evitarían posteriores consecuencias porque siempre traen una enseñanza.
Hacía solo 37 años que Cuba era una república y solo seis de la revuelta de 1933. Una de sus primeras leyes fue “la expulsión de todo extranjero sin trabajo en Cuba”. La Habana también es uno de los puntos más cercanos a los Estados Unidos y este país acababa de pasar la crisis económica motivada por el Crash Bancario de 1929, que originó la llegada de los demócratas al poder, capitaneados por F.D. Roosevelt. Los demócratas siempre han sido fuertes en política interior pero no así en la exterior.
Súmese a todo lo dicho, una vigorosa campaña antisemita que recorría el mundo transmitida por la agencia de noticias nazi Transocean y tendrá el marco propicio para que el nefasto y tristemente famoso ministro de propaganda de Hitler, Joseph Goebels, se le ocurriera “liberar a 930 Judíos” entre hombres, mujeres y niños de los campos de concentración, embarcarlos en el trasatlántico ST. LOUIS y enviarlos nada menos que…. hacia La Habana.
El ST. LOUIS llegó al puerto Habanero el 27 de Mayo de 1939 con su carga humana. Rostros cansados por el sufrimiento y la desesperanza lloraban de alegría al divisar la farola del Morro, preámbulo de su ansiada libertad. Pero el gobierno cubano, al amparo de la ya mentada ley, no dejó desembarcar a aquellos representantes de un pueblo que históricamente ha sido perseguido y mil veces desterrado. Solo dos niñas lograron salvarse de este “genocidio sicológico” porque su padre residía en Cuba.
El trasatlántico partió entonces de La Habana con intención de dirigirse a las costas de la Florida. Cerca de estas, avistaron un guardacostas de EU. De nuevo corrieron todos los pasajeros a cubierta para dar vítores al guardacostas y a la bandera de las barras y las estrellas que ondeaba en el mástil, quedándose petrificados con un sentimiento mezcla de terror, impotencia y rabia al oír por el altavoz de este, “que no podían desembarcar en ningún puerto de EU y que abandonaran las aguas territoriales”.
Genial y al mismo tiempo macabra jugarreta política de este “ario encogido”. Sabía que no iban a ser aceptados en La Habana por la ley contra los extranjeros sin trabajo. Sabía también que en los EU, a pesar de haber una próspera colonia judía, también existía en “ciertos sectores y sobre todo en el sur de EU, un fuerte sentimiento racista y anti-judío, por supuesto, hábilmente alimentado por los elementos pagados por el Partido Nazi para que actuaran de propagandistas y que siempre en este país, amparados por la libertad de expresión, han actuado sin que nadie les moleste.
El gobierno de Roosevelt no quería verse envuelto en un conflicto con sus propios ciudadanos por el problema de los refugiados judíos que consideraban un tema espinoso y como el avestruz, metió la cabeza en un hoyo.
Todo esto “lo previó con anticipación” el achaparrado ario que al mismo tiempo “calló la boca y neutralizó la pluma” a los pocos periodistas y personas de buena voluntad que alertaban sobre el peligro nacional-socialista y demostró también, “que no solo los nazis eran antisemitas”.
Los 928 pasajeros restantes fueron al fin aceptados por los gobiernos de Bélgica, Holanda y Francia, para luego caer otra vez en poder de los nazis, cuando estas naciones fueron invadidas. Cuatro meses después de haber arribado el ST Louis a la Habana en septiembre de 1939, los nazis invadieron Polonia y dio comienzo a la II Guerra Mundial.
El caso del ST Louis solo demostró la indolencia y apatía que siempre ha existido en el mundo frente a similares sucesos. Fue un sondeo que los nazis tomaron como buena señal y entonces originaron una guerra de catastróficas consecuencias para todo el orbe.
