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EL CARDENAL Y LAS FIERAS
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Adolfo Pablo Borrazá

Sagua la Grande, Villa Clara, 16 de enero de 1977. Graduado del Curso de Capacitación a Periodistas de la Universidad de la Florida.

adolfo_pablo@yahoo.com

 
Por Adolfo Pablo Borrazá
Publicado el 10/06/2010
 
Algunos medios extranjeros dejan entrever cierta flexibilidad por parte del gobierno en cuanto al tema de los presos políticos. Olvidan que cuando la visita de Juan Pablo II, en 1998, el régimen liberó a 300 presos políticos y comunes, pero luego de cinco años, olvidada la visita del Sumo Pontífice se ensañó contra 75 opositores y fusiló a tres jóvenes negros sin importarle un comino la condena internacional.

Centro Habana, La Habana, 10 de junio de 2010 (PD) La huelga de hambre de Guillermo Fariñas dura ya dos semanas más que la que costó la vida a Orlando Zapata Tamayo. Pero Fariñas se mantiene vivo.

Esta triste comparación evidencia que la muerte de Zapata no se debió a su huelga de hambre, sino a que el gobierno cubano lo dejó morir. Sólo tres días antes de su muerte fue que lo trasladaron al hospital Hermanos Ameijeiras, para demostrar que el prisionero recibió asistencia médica, porque sabían perfectamente lo que iba a suceder. La supervivencia de Coco Fariñas en la sala de cuidados intensivos de un hospital de Santa Clara, desmiente los embustes del régimen respecto a la huelga de hambre de Zapata.

El régimen cubano no permite el acceso de la Cruz Roja Internacional a sus cárceles. Esto demuestra que quiere ocultar las condiciones infrahumanas en que vive la población penal. Precisamente por reclamar el mejoramiento de esas condiciones, fue la huelga de hambre en la que dejaron morir a Zapata Tamayo.

Luego del encuentro de cuatro horas que sostuvieron el general Raúl Castro y el cardenal Jaime Ortega, surgieron esperanzas de que el gobierno cubano liberara a varios presos políticos y de conciencia. Pero hasta ahora, se ha limitado a trasladar a algunos presos enfermos a hospitales y acercar a otros a penales más cercanos al lugar donde residen sus familias.

Algunos medios extranjeros dejan entrever cierta flexibilidad por parte del gobierno en cuanto al tema de los presos políticos. Olvidan que cuando la visita de Juan Pablo II, en 1998, el régimen liberó a 300 presos políticos y comunes, pero luego de cinco años, olvidada la visita del Sumo Pontífice se ensañó contra 75 opositores y fusiló a tres jóvenes negros sin importarle un comino la condena internacional.

Nunca se deben esperar acciones benévolas de las fieras. Tampoco se debe esperar mucho de la gestión del cardenal. En definitiva, no es tanto lo que ha dicho. La cautela con que habla el cardenal indica que una vez más, la iglesia católica cubana circula por la periferia de la situación nacional.

El cardenal Ortega y la iglesia católica esperan con calma la liberación de los presos políticos. Algo que hemos hecho pacientemente durante largos años y con funestas consecuencias. Mientras, la dictadura se ha permitido hacer y deshacer. Y eso bien lo saben el cardenal y la iglesia católica.

Detrás de todo esto puede haber oportunismo. Puede que liberen (ojalá) a varios del Grupo de los 75, pero ¿puede estar seguro el cardenal de que en el futuro el régimen, una vez aliviada la presión internacional, no vuelva a arremeter contra los opositores? Si así ocurriera, habrá que esperar por el próximo encuentro del cardenal Ortega con Raúl Castro.

En lo que el cardenal espera la liberación de los presos, el régimen detiene opositores. No lo puede evitar. Es su naturaleza. Por eso, dudo mucho que Jaime Ortega pueda hacer más de lo que le permitieron hacer. Es de agradecer su intervención para que las Damas de Blanco continúen sus marchas, pero de todos modos ellas iban a seguir, con o sin cardenal.

Pedir siempre trae un poco de vergüenza. El cardenal pidió y se agradece, pero los opositores tenemos que exigir. No sé si el cardenal y el general, sean capaces de entenderlo.