Santos Suárez, La Habana, 17 junio de 2010, (PD) En estas últimas semanas algunos periódicos internacionales han hecho referencias a las opiniones de lectores que han aparecido en la sección de Granma, Cartas al Editor.

Se trata esta vez de sondear la opinión pública a través de este diario oficial del PCC de un tema que preocupa a todos, pero que no ocupa a casi nadie, como no sea el institucionalizado bla-bla-bla oficial y el choteo criollo que solo nos hace reír. Es un tema polémico, pues se estimula al lector sobre cómo arreglar una economía en bancarrota por décadas de centralización, ineficiencia y corrupción.

El temor al retorno del capitalismo subyace en la mente de algunos lectores. Por ejemplo, uno de ellos opina que: “el regreso al capital generará otra revolución que nos costará no solo 20,000 muertos, sino cientos de miles”. Esta cifra está descartada después que Miguel A. Quevedo, que fuera director y dueño de la revista Bohemia, la desmintió en su testamento después de suicidarse. En cuanto a la generación de otra revolución, pudiera tener razón este lector si ciertos capitalistas feroces, a los cuales la propia revolución ha permitido enriquecerse a costa de los cubanos, continúan aquí, como sucedió cuando al término de la guerra de independencia permanecieron los miembros del Cuerpo de Voluntarios, lo cual fue una de las razones que dieron origen a la revolución de 1933.

Muchos como este lector aún desconocen su propia historia reciente y confunden la dictadura de Batista con el capitalismo. Esta confusión se genera cuando estas personas transpolan el gobierno actual, donde todo pertenece al Estado, con aquel gobierno que solo era una dictadura política, porque lo económico y lo social estaban en manos privadas. Confirma esta ignorancia de la historia el documental “En Primera Persona”, donde las estupideces que dicen algunos entrevistados, varios de ellos “profesionales calificados” por la propia revolución, solo revela una cara del pueblo de Cuba, pues a Díos gracias hay jóvenes que utilizan los sesos y quedan todavía viejos con muy buena memoria. Con este tipo de persona con un Caballo de Troya lleno de mentiras introducido en su mente, incapaces de pensar con lógica, no es posible reconstruir una nación. No en balde dijo Martí en una ocasión: “Ser cultos es la única manera de ser libres”.

Otros lectores más liberales abogan por un cambio donde haya más libertades económicas, la entrega a los empleados de todos los comercios y servicios de manera que el estado solo se encargue de los renglones económicos mas importantes. A esto responden estos “atemorizados” con el argumento de que “la desenfrenada libre competencia de empleados actuales convertidos en “supuestos dueños” no es otra cosa que nuevas células de capitalismo. Siguen desde luego las clásicas frases acuñadas y de aburrida repetición: enriquecimiento indebido, manifestación social burguesa, especular con las necesidades del pueblo y un largo etc.


En medio de todos estos criterios optimistas o pesimistas, (según esté parado el individuo, si arriba o abajo), está la realidad cubana, que tanto aquí como afuera, a veces se pasa por alto. Hay varias realidades:

1) La realidad de un estado Socialista, cuyo cierto desarrollo en las décadas de los 70 y 80 se debió al comercio con estos países capitalistas que a alguno le produce urticaria. Por mencionar solo unos pocos de cada país, (pues lo contrario sería hacer un libro, no un artículo), podemos decir que los japoneses nos suministraron una flota pesquera que fue la tercera de América; los españoles también otra flota, esta vez destinada a la pesca del camarón; los italianos, desde los tractores Piccolinos para el desastroso plan del Cordón de La Habana hasta autos y motocicletas para el Ministerio del Interior; a este mismo organismo, los holandeses lo equiparon con los más modernos medios policíacos de detección, exhibidos en el Pabellón Cuba a fines de los 70; los alemanes occidentales, la más moderna maquinaria gráfica, conjuntamente con ingleses, franceses, suizos y suecos. No sigo.

2) La realidad de una “economía cuenta-propista”, (la palabra privado suena demasiado capitalista), que existe desde el 3 de Julio de 1978 cuando fue creada por el Decreto-Ley N0 14, (hace ya 32 años) y que fue derogada por la actual 141 del 6 de Septiembre de 1993 en vigencia todavía.

3) La realidad de las “remesas familiares” que cabría preguntarse ¿de donde proceden?... ¿del planeta Marte? ¿Con qué dinero cuenta el estado cubano cada vez que envían una remesa del exterior? ¿Con dracmas de la época greco-romana?

4) La última de estas realidades es la “economía subterránea” que va desde fábricas clandestinas, lo mismo de juguetes que de zapatos, escobas o jarros, hasta la industria pornográfica de jineteras (ros) que la edición francesa de la Play-Boy se encargó en una ocasión de propagandizarla por el mundo como atractivo turístico.

La realidad tiene también otros matices que si se pasan por alto, lamentablemente generará otros problemas. Uno de ellos es que una parte de estos trabajadores por cuenta propia no tienen noción de lo que es el comercio. El “ejemplo que han recibido” es el del ineficiente comercio socialista; en consecuencia, actúan muchas veces de la misma manera que un empleado estatal. No hay amabilidad, el concepto de que perdiendo dinero, se gana un cliente, o aquel otro de que el cliente siempre tiene la razón, se han perdido por completo. Aprender a comerciar es una de las premisas porque cuando exista “verdadera competencia”, desaparecerán todos aquellos que no sepan estas reglas.
Los impuestos abusivos son otra razón para que los precios sigan exageradamente altos, después de deducir los costos. Los materiales necesarios para trabajar, incluido el transporte, tienen precios inflados por las mismas empresas estatales. Con esta doble condición de impuestos abusivos y precios inflados no se puede esperar que el trabajador privado baje el precio del producto o su servicio.

Mas que preocuparse por el capitalismo unos y ser demasiado optimistas otros, en conjunto, el deber de “todos” es ocuparse y analizar fríamente cuales son las mejores soluciones y sobre todo: aprender que es en realidad un comercio justo y honesto, aquel en que ambas partes, vendedor y cliente, salgan satisfechos.

Y que no le quepa la menor duda a aquel que le da picazón la palabra capitalismo: este tiene muchos defectos, pero ha sido la clave del desarrollo del mundo actual. Desde los tiempos de Carlos Marx este sistema está moribundo, pero no conozco otro muerto al que le hayan pedido más los socialistas. Sobre todos, los de esta isla.