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PROTESTAR POR LA INJUSTICIA
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Pablo Pacheco Ávila

Condenado a 20 años de prisión. Periodista de la agencia de prensa independiente CAPI(Cooperativa Avileña de Prensa Independiente) en Ciego de Ávula.

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Por Pablo Pacheco Ávila
Publicado el 24/06/2010
 
En mis últimos siete años de existencia, me he preguntado una y otra vez por qué sufren tantas privaciones los reos de Cuba, si el castigo sólo consiste en privar de libertad al infractor de la ley. Aquí en las prisiones sólo se tiene acceso al teléfono y a la aburrida televisión nacional, todo lo demás está herméticamente prohibido.




Prisión Provincial de Canaleta, Ciego de Ávila, junio 24 de 2010, (PD) El ser humano al cometer un delito es enviado a prisión por un período determinado, de acuerdo a las características de la fechoría realizada. A esto se agregan los hombres y mujeres que por motivos de conciencia terminan en cautiverio. Lógicamente me refiero a la penitencia dentro de los sistemas de gobierno totalitario.

En mis últimos siete años de existencia, me he preguntado una y otra vez por qué sufren tantas privaciones los reos de Cuba, si el castigo sólo consiste en privar de libertad al infractor de la ley. Aquí en las prisiones sólo se tiene acceso al teléfono y a la aburrida televisión nacional, todo lo demás está herméticamente prohibido.

En Cuba la mayoría de los reclusos siempre contestan ser inocentes cuando alguien indaga sobre su estancia en prisión, mientras que otros aseguran que el tribunal exageró a la hora de dictar sentencia. En realidad, este fenómeno afecta a una buena parte de la población penal existente en la isla. Pero lo peor es que un porciento ínfimo protesta por la supuesta injusticia de la cual es víctima.

En Cuba el porciento exacto de convictos es difícil de computar. La cifra dada por el gobierno deja muchas dudas y las ONG, principalmente las que disienten del sistema, recopilan datos sólo de los presos políticos, que tampoco son exactos en un 100%. A esto se añade que más del 50% de los miembros de cada familia cubana han puesto un pie en centros penitenciarios.

En otro orden de cosas, el café y el azúcar, incluso el gas licuado u otro combustible para cocinar, se adquieren en el mercado subterráneo a precios elevados. Increíblemente estos productos en venta son robados en diferentes centros laborales y para ponerle la tapa al pomo, hay quien se dedica a robar electricidad para poder cocinar los alimentos.

Es difícil que una nación pueda desarrollarse si existen estos fenómenos. Lo peor es que los trabajadores que roban los productos, lo hacen para sobrevivir a una crisis prolongada, la cual comenzó al desplomarse el campo socialista europeo a finales de la década de los 80 y principios de los 90.

Los turistas que visitan el país no confían en la veracidad de quienes comentan que en Cuba nadie gana más de dos dólares diarios en una jornada de ocho horas con el Estado, único empleador.

La semana pasada escribí sobre la esclavitud a la que estamos sometidos cuando dependemos únicamente del Estado socialista. Lo más curioso de este mal que afecta a las sociedades con el sistema de gobierno totalitario, es que responsabilizan a los países poderosos por sus errores.

Personalmente estimo que la miseria a la cual estamos condenados responde a tres factores. Primero a la mentira, segunda a la ineficiencia del sistema y por último –y no menos importante- al escaso protagonismo del sector privado en el desarrollo del país.

No caben dudas que la libertad significa prosperidad. Todos los sistemas de gobierno tienen fisuras, pero no todos están dispuestos a ceder su independencia. La cúpula en el poder no está dispuesta a perder la preponderancia que los mantiene como líderes, a como dé lugar, de una sociedad bajo el supuesto manto de la colectividad y “la igualdad plena del hombre”.

Gracias a Dios que según un adagio popular, no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista.