
Prisión Provincial Canaletas, Ciego de Ávila, 1 de julio de 2010, (PD) Hoy pudo ser un día especial. A pesar de todo, lo fue.
En la visita conyugal, mi pareja me entregó una carta que un presentador de televisión holandés me envió y que daré a conocer en breve, junto con mi agradecida respuesta. Muy bueno para que durara.
Aproximadamente treinta minutos después de concluida la visita conyugal, el funcionario de orden interior del destacamento tres, me informó que debía acompañarlo hasta la planta ubicada a la entrada del penal. Algo anda mal, pensé. Olvidé de inmediato el diálogo entre el gobierno y el arzobispado de La Habana. Quizás siete años de convivencia con la parte más oscura de los seres humanos, nublaron mi percepción.
Fui conducido al cuarto de abogados. Allí quedé a merced del mayor de la policía de Seguridad del Estado, Agustín. Este está a cargo de Cárceles y Prisiones en la provincia de Ciego de Ávila. También estaba el tristemente célebre, teniente coronel José Mariño, jefe de operaciones de la policía de Seguridad del Estado en la provincia y máximo responsable de los operativos realizados en el marco de la Primavera Negra de 2003 en Ciego de Ávila. Este hombre estuvo a cargo de los registros y operativos realizados contra Pedro Arguelles Morán y contra mí en aquellos días aciagos.
Si digo que no me asusté y no pensé lo peor, soy un tremendo embustero. Mis aprensiones no me engañaron. Los oficiales me comunicaron que gracias a ciertas fuentes de información, conocían la tenencia por mi parte de una memoria y ciertos equipos prohibidos en las prisiones cubanas. Por tanto, debía entregarlos y ellos se responsabilizaban con entregarlos a su vez a mi esposa.
Tuve que acceder y sonreí. Mi sonrisa, algo irónica, provocó alguna reacción en mis represores. Es increíble para la comunidad internacional que en los centros penitenciarios cubanos se prohíba, además de cámaras de video y fotográficas, radios, grabadoras, ventiladores y teléfonos móviles. Y que los teléfonos que funcionan para los reclusos están restringidos y monitoreados de forma constante. Al catálogo de cosas prohibidas se incorporan memorias, Ipod, mp3, mp4 y DVD, entre otras prohibiciones.
Lo curioso de esta historia es que mi mp4 sólo sirve para escuchar música, jugar algunos juegos de habilidad mental y repasar el álbum de fotos familiares. A partir de esto, prescindiré de lo más apreciado para mí en este tétrico lugar. Estas insignificancias preocupan a los informantes del Departamento Técnico de Investigaciones (DTI), Control Interno y Seguridad del Estado.
Es posible que el chivato que los llevó a mis posesiones, necesite de mí cuando las autoridades vuelvan a violar sus derechos. Cuando escuche de esta información, puede que hasta aplauda. Aun así (¡qué remedio!), estoy en disposición de ayudarlo en lo que pueda. Pero que nadie trate de insultar mi inteligencia.
Ahora, además de estar privado de libertad, estoy privado de oír música y de repasar las fotos familiares. Pero no importa, tendré más tiempo para realizar lo que me llevó a prisión: Escribir lo que me dicta mi conciencia y denunciar las constantes violaciones a los derechos humanos en Cuba.
Meditaba sobre esto y caí por decantación en otra cosa insólita: Cuba vicepresidenta del Consejo de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en el próximo periodo de ese organismo mundial.
El mundo anda verdaderamente mal. Manifiesto mis dudas sobre el cumplimiento de las obligaciones derivadas de ese mandato por parte del régimen de La Habana.