
Prisión Provincial de Canaletas, Ciego de Ávila, julio 8 de 2010, (PD) La inmovilidad política del gobierno de La Habana y la persistencia del líder disidente Guillermo Fariñas, ha provocado un nuevo capítulo en la historia de Cuba. En mi opinión, el notorio periodista independiente estuvo a punto de llegar al límite sin retroceso.
En el pasado protagonizó varias huelgas de hambre que lo llevaron a la silla de ruedas. Desde entonces su estado de salud ha sido precario. Si sumamos los más de cien días que llevaba sin ingerir alimentos, ingresado en la sala de terapia intensiva del hospital provincial de Villa Clara, presagiaba un final amargo en esta historia.
Muchas personas dentro y fuera de la isla le sugerieron deponer la huelga; incluso, la Iglesia Católica decidió enviar a dos sacerdotes a dialogar con Fariñas. Él se mantuvo sin retroceder un milímetro su posición: la libertad de una veintena de presos políticos y de conciencia enfermos.
El gobierno, en uso de la misma línea de siempre, pregona no aceptar presiones de ninguna índole. ¡Es tan estúpida la palabra presión cuando se trata de hacer que sobreviva un ser humano! Considero más prudente e importante que la soberbia, salvar la vida de un semejante, de cualquier ideología o religión que sea.
A estas alturas, ¿quién duda que éste país necesite cambios y transformaciones? Por supuesto, este análisis objetivo parte del punto de vista del amor a la patria y no del afán de aferrarse al poder.
Le pido al más inteligente dentro del aparato gubernamental que me diga, ¿cuál fue la ganancia del gobierno al encarcelar a 75 personas pacíficas? La respuesta es simple, muy simple. Aparte del rechazo total de la comunidad internacional, nada. No hay necesidad de repetir la historia de Orlando Zapata Tamayo. El presente es incierto y el futuro impredecible.
Soy partidario del diálogo y la tolerancia. Mañana tendremos que sentarnos los líderes de todas las corrientes políticas a dialogar y buscar soluciones para todos los cubanos por igual.
El presidente cubano, General de Ejército Raúl Castro Ruz, puede con una simple palabra variar el rumbo que llevan los acontecimientos. Sólo tiene que pronunciar la palabra “libertad”.
Eso por no hablar de justicia. Nunca debieron enviar a prisión a personas decentes. El crimen que han cometido es amar al pueblo por encima de todo y de todos. Tampoco el cautiverio nos ha forzado a renunciar a nuestro máximo sueño: la democratización de la patria.
Es extremadamente difícil dormir y mirar a los ojos de un hijo al saber que un hombre está a punto de morir, máxime cuando la vergüenza es mayor sí se tiene la solución en las manos y dejamos de actuar por soberbia.
Guillermo Fariñas no tenía que morir. Es mucho lo que aún puede hacer por Cuba. Si hubiera fallecido, un castillo de naipes se habría derrumbado a los pies de los responsables. Habría sido una carga demasiado pesada para vivir con ella.
Llegó la hora de actuar y no de hablar. Mañana puede ser demasiado tarde.