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ADIÓS A LA CUBANÍA
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Frank Cosme
Litógrafo. Reside en La Habana. primaveradigital@gmail.com  
Por Frank Cosme
Publicado el 15/07/2010
 
De entonces acá, de una manera paulatina y sin que nos diéramos cuenta, entraron costumbres, hábitos y vocabularios que nada tenían que ver con la idiosincrasia del cubano común.

Santos Suárez, la Habana, 15 Julio de 2010, (PD) No andaba desencaminado Enrique José Varona, notable pedagogo y educador cubano de principios del siglo XX, cuando en su ensayo “Mirando en Torno” alertaba al pueblo de Cuba sobre la situación político-social de aquel entonces que amenazaba con “la total desintegración de la nacionalidad cubana”.

Un reconocido periodista de aquellos años, José Sixto Sola, naturalmente ya olvidado, así como sus artículos, fue el primero en alertar sobre estos síntomas en sendos artículos publicados en los ya lejanos años 1913 y 1918, El pesimismo cubano y Pensando en Cuba.

La revolución de 1933 logró detener al menos esta tendencia de la desaparición de todas aquellas características que identifican una nación.

Al menos en los dos primeros años de la revolución de 1959 logró sublimarse este sentimiento de orgullo de lo cubano, para luego caer en una ideología extranjeriza, que lejos de acrecentar la nacionalidad, la ha hecho descender.

De entonces acá, de una manera paulatina y sin que nos diéramos cuenta, entraron costumbres, hábitos y vocabularios que nada tenían que ver con la idiosincrasia del cubano común.

Vamos ya para cuatro generaciones con esta situación. Se rompió la cadena que nuestros antecesores lograron restaurar en medio del enmarañado yerbajo de la politiquería republicana. La mayor parte de nuestra población perdió de vista hace décadas esa cadena y el aprendizaje de esa tradición que se transmite de padres a hijos y que remachadas en las escuelas lograban amortiguar esas influencias extranjerizantes de que nos habló Martí. Esa pérdida se expresa hoy con un vocabulario copiado principalmente de telenovelas latinoamericanas, con un tono y estilo asimilado del hampa criolla, que aunque cubana, solo era usada por estos grupos y que trasluce cierta agresividad y buena dosis de chabacanería.

En las revistas de la iglesia católica naturalmente se ha tocado este tema en su conjunto, la falta de “cubanismos” y la vulgaridad en el hablar cotidiano, sobre todo para alertar y tratar de reeducar a la juventud.

Pero no hay arreglo, los mismos medios se encargan de divulgar aún más este lenguaje. En estos aparecen, de cuando en cuando, “especialistas en Lingüística”, que más que detractores, son apologistas de esta forma de hablar y actuar. Confunden cuando explican a secas que “el idioma es algo vivo y que naturalmente cambia con el tiempo”. Lo que desde luego es cierto, pero siempre se les olvida aclarar “que cuando un idioma se deforma calcando lo más chabacano o términos extranjeros llega a perder su autenticidad”.

Recientemente han resucitado la telenovela mexicana Gotica de gente, estrenada hace 20 años. Los propios medios extrajeron la palabra mexicana merolico para identificar a los vendedores ambulantes clandestinos. Paladar, candonga y muchas más no son del léxico cubano. Los mexicanismos son los que más metástasis han hecho en el habla popular cubana. La cubanísima y simpática palabra “fiñe” para identificar a los niños cubanos ha sido desplazada por la mexicana chamaco o su contracción chama. Es ya de tal arraigo, que hasta un premiado director de cine ha producido una película cuyo título es precisamente Chamaco.

No solo en el idioma se ha perdido la autenticidad. Nuestra música se promueve en el mundo como latinoamericana o caribeña. En New York inventaron un término para ese batido de ritmos procedentes de República Dominicana, Puerto Rico y Cuba, donde la música cubana es la dominante y la bautizaron como Salsa. Menos mal que a la cubana Celia Cruz la denominaron reina de este ritmo. El veterano rock de los EU con todos los mejunjes que le han hecho por el mundo, principalmente los ingleses, y desde el clásico hasta el heavy metal, no ha perdido su nombre ni en Hong Kong. Esto resulta irónico para el país que más ritmos ha inventado desde que Miguel Failde estrenó el primer Danzón “Alturas de Simpson en 1800 y tantos y que le dio la vuelta al mundo.

Conga, rumba, mambo, bolero, pachanga, cha-cha-cha, por solo mentar algunos, son conocidos por todo el orbe. Hasta en Japón existió o existe todavía una orquesta que toca solo ritmos cubanos, La Tokio Cubans Boys. En España todavía se cantan las habaneras, nacidas en esta isla en el siglo XIX.

La típica prenda cubana originaria de nuestros campesinos, la Guayabera, también ha recibido los embates de esta descubanización. Algunos foráneos han tenido la osadía de atribuirse su invento y no es raro ver una guayabera, aún en Cuba, cuya etiqueta dice Made in Korea, India o Italy.

Sólo parece haber subsistido el famoso tabaco cubano cuyo nombre Habano es sinónimo de calidad. Por eso, aunque lo falsifiquen en otros países como a la guayabera o nuestra música, nunca podrá cambiar su nombre.

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Foto: Marcelo López