Periodista independiente. Reside en Centro Habana. vicmadominguez55@gmail.com Centro Habana, La Habana, 22 de julio de 2010, (PD) Nunca la música popular cubana estuvo a tan alto nivel como en las últimas décadas.
No obstante a que compositores e intérpretes de la talla de El médico del sofrito, El tomeguín de las viandas y hasta El chévere de la salsa se han quedado a condimentar la música de otras naciones, aún contamos con excelentes letristas que ponen a soñar a los bailadores.

Centro Habana, La Habana, 22 de julio de 2010, (PD) Nunca la música popular cubana estuvo a tan alto nivel como en las últimas décadas.
No obstante a que compositores e intérpretes de la talla de El médico del sofrito, El tomeguín de las viandas y hasta El chévere de la salsa se han quedado a condimentar la música de otras naciones, aún contamos con excelentes letristas que ponen a soñar a los bailadores.
Un ejemplo elocuente es el desempeño como compositor de uno de los fenómenos que más aportes ha dado a la culinaria musical cubana, con base en las profundas reflexiones sobre la economía, la sociedad y, sobre todo, en el rol sexual que deben ocupar las parejas en este remeneo político-musical que enardece a las multitudes.
Sin dudas de ninguna clase, nuestros lectores se habrán dado cuenta de que estamos hablando de ese meteoro del buen gusto, cuyo nombre artístico, El Carnicero de
Superior en todos los aspectos a un compositor goloso como Félix B. Caignet con sus Frutas del Caney; sin los complejos de inferioridad y vacilaciones de un Osvaldo Farré que se pasó la vida en un Quizás, quizás, quizás; este mamut de la música y camello de la inspiración, de un solo cuchillazo de su ingenio hace lonjas una canción (y no Longina), como el conservador Manuel Corona.
Para comprobar el hecho bastará con analizar uno de los textos musicales que más seguidores tiene en la isla de la música, y que por la sutiliza del lenguaje y la visión lírica del tema, supera con creces el Piensa en mí, del Flaco de oro, Agustín Lara.
Como enseguida leerán, la canción “Yo fui el que te boté” plantea, desde su metafórico título, quién tomó la iniciativa de romper la relación. Y como para que no queden dudas, lo repite 160 veces en un estribillo donde se pone de manifiesto la supremacía del macho sobre la hembra, en una sociedad donde ambos tienen las mismas posibilidades.
Arrullémonos si no con la sutileza del texto:
“Ay mamá/acuérdate/ yo fui el que te boté/ yo fui el que te boté.
“Ay mamá/ acuérdate/ yo fui el que te boté/ yo fui el que te boté…
Esta cortadura inicial con la punta del cuchillo de la melodía, se convierte de pronto en un profundo tajo textual que va poniendo al descubierto las miles de razones para la ruptura.
La primera de ellas, más que suficiente para dar por terminada la relación, asonanta (en “nerudianos” versos), una situación insostenible en la relación de pareja por causa del engaño, acto que define magistralmente al expresar con una enorme carga de ternura:
“Te di la pira por tus mentiras/
te di el bate por tus petates/
¿Alguien engañado o víctima de la incomprensión puede expresar con mayor belleza las razones para dar por terminadas una relación de pareja? ¡Nunca jamás!, como diría el cuervo de Poe.
Pero donde la inspiración de El carnicero de
“Te di el bote por tu despelote”
¡Ahí si llegó y paró la sutileza, el buen verso, la razonable dosificación de amor-odio en el texto!
¿Ustedes creen posible que cualquier compositor cubano o extranjero pudiera labrar una joya cancionística como “Yo fui el que te boté” si no es tocado por el hado de los dioses de la inspiración?
¿Quién en sus cabales rítmicos se atrevería a comparar esta suprema obra de El Carnicero de
No hay dudas de que esta canción quedará entre las mejores de la historia de la música popular a nivel mundial, junto a Hotel California, Yesterday y otros textos que si bien menores en letra y música, se han ganado un espacio en el Olimpo de la composición.
Si mis lectores no están de acuerdo en que El Carnicero de
Eso se los aseguro yo, Nefasto “El compositor”