CHIRINGA SIN VIENTO
- Por José Antonio Fornaris
- Publicado 29/07/2010
- Política
- No valorado
José Antonio Fornaris
Periodista independiente. fornarisjo@yahoo.com
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Managua, La Habana, julio 29 de 2010, (PD) El académico Esteban Morales se ha lanzado contra los molinos de viento, le ha dado por arar en la mar. Quiere que la corrupción en la isla termine o al menos que sea combatida sin cuartel. Ya obtuvo los primeros frutos: lo botaron del Partido Comunista. Tampoco le vemos ya en “Mesa Redonda” donde era el único negro al que invitaban con bastante asiduidad a formar parte del panel de ese programa televisivo.
En 1970, siendo casi un niño, se me ocurrió manifestar dentro del Instituto Cubano de Radio (ICR) -la T de televisión se le agregó después- mi inconformidad con los privilegios que observaba dentro del país. Había casi terminado de egresar de un curso de escritores dentro de esa institución. Me llevaron a una reunión donde estaban presentes seis representantes de los distintos grupos de poder político, y me botaron.
Pasado el tiempo, vi en mi expediente laboral un documento firmado por José Luís Barrera, en esa época jefe de personal del ICR, en que le sugería a Jorge Serguera, director de ese organismo, que pasara mi caso a la Seguridad del Estado porque, decía, “intuyo algo raro en esto”,
Por suerte, Serguera, quien hace poco fue sindicado por diferentes intelectuales como uno de los responsables máximos del llamado “Quinquenio Gris” dentro de la cultura en Cuba durante el último medio siglo, no le hizo caso, y por el contrario accedió a darme una entrevista. Tras la conversación dijo que yo tenía razón en casi todo lo que había planteado y que nunca había dejado de ser trabajador del ICR. De todas formas, ese asunto siempre me persiguió, pero esa es una historia más larga.
La diferencia básica en estas dos situaciones es que yo era un muchacho y estábamos en 1970. Morales es un intelectual que está casi en la tercera edad, y querer empinar chiringas sin buen aire a más de 50 años de régimen castrista es, en el mejor de los casos, algo carente de todo sentido.
Morales, haciéndole honor a su apellido, quiere moralizar lo que él llama “la revolución”, y a los efectos desea llevar el asunto hasta el fusilamiento de los corruptos. Pero, ¿quién fusilará a quién?
Recientemente supe que el edificio de apartamentos de varios pisos que está situado frente al zoológico de la calle 26, en el Nuevo Vedado, era propiedad de la cantante Olga Guillot, fallecida hace pocos días en Miami. El gobierno revolucionario lo incautó y no le pagó nada a su propietaria. Parece que el problema de la corrupción viene de lejos.
Como Morales, casi seguro va a continuar escribiendo sobre el tema, debería dejar bien claro cual es, desde su punto de vista, el sentido de corrupción. Si se entiende también por corrupción cuando las altas figuras del régimen autorizan a quedarse con algo que pertenece a todos, o si es nada más cuando te apoderas de algo sin la previa bendición.
Por ejemplo, si es corrupción cuando un alto personero estatal le da como regalo de boda un auto a su nueva nuera, cuando le entrega a sus hijos y nietos casas en las zonas que pertenecieron a las clases altas del país; o si sólo es corrupción cuando un funcionario medio hace trampas de todo tipo para quedarse con un auto, o un director de alguna oficina municipal de la vivienda viola lo establecido a cambio de una buena suma de dinero y permite que alguien obtenga de alguna forma una casa.
Tengo la impresión de que Morales es insensato. ¿O es qué no quiere ver lo que salta a la vista? Hay cosas que son inherentes al sistema. Hace varios años que Fidel Castro, la persona que según este estimable académico: “Nos conoce (a ellos) mejor que nosotros mismos”, sentenció que “el socialismo es la ciencia del ejemplo”.
fornarisjo@yahoo.com
En 1970, siendo casi un niño, se me ocurrió manifestar dentro del Instituto Cubano de Radio (ICR) -la T de televisión se le agregó después- mi inconformidad con los privilegios que observaba dentro del país. Había casi terminado de egresar de un curso de escritores dentro de esa institución. Me llevaron a una reunión donde estaban presentes seis representantes de los distintos grupos de poder político, y me botaron. Pasado el tiempo, vi en mi expediente laboral un documento firmado por José Luís Barrera, en esa época jefe de personal del ICR, en que le sugería a Jorge Serguera, director de ese organismo, que pasara mi caso a la Seguridad del Estado porque, decía, “intuyo algo raro en esto”,
Por suerte, Serguera, quien hace poco fue sindicado por diferentes intelectuales como uno de los responsables máximos del llamado “Quinquenio Gris” dentro de la cultura en Cuba durante el último medio siglo, no le hizo caso, y por el contrario accedió a darme una entrevista. Tras la conversación dijo que yo tenía razón en casi todo lo que había planteado y que nunca había dejado de ser trabajador del ICR. De todas formas, ese asunto siempre me persiguió, pero esa es una historia más larga.
La diferencia básica en estas dos situaciones es que yo era un muchacho y estábamos en 1970. Morales es un intelectual que está casi en la tercera edad, y querer empinar chiringas sin buen aire a más de 50 años de régimen castrista es, en el mejor de los casos, algo carente de todo sentido.
Morales, haciéndole honor a su apellido, quiere moralizar lo que él llama “la revolución”, y a los efectos desea llevar el asunto hasta el fusilamiento de los corruptos. Pero, ¿quién fusilará a quién?
Recientemente supe que el edificio de apartamentos de varios pisos que está situado frente al zoológico de la calle 26, en el Nuevo Vedado, era propiedad de la cantante Olga Guillot, fallecida hace pocos días en Miami. El gobierno revolucionario lo incautó y no le pagó nada a su propietaria. Parece que el problema de la corrupción viene de lejos.
Como Morales, casi seguro va a continuar escribiendo sobre el tema, debería dejar bien claro cual es, desde su punto de vista, el sentido de corrupción. Si se entiende también por corrupción cuando las altas figuras del régimen autorizan a quedarse con algo que pertenece a todos, o si es nada más cuando te apoderas de algo sin la previa bendición.
Por ejemplo, si es corrupción cuando un alto personero estatal le da como regalo de boda un auto a su nueva nuera, cuando le entrega a sus hijos y nietos casas en las zonas que pertenecieron a las clases altas del país; o si sólo es corrupción cuando un funcionario medio hace trampas de todo tipo para quedarse con un auto, o un director de alguna oficina municipal de la vivienda viola lo establecido a cambio de una buena suma de dinero y permite que alguien obtenga de alguna forma una casa.
Tengo la impresión de que Morales es insensato. ¿O es qué no quiere ver lo que salta a la vista? Hay cosas que son inherentes al sistema. Hace varios años que Fidel Castro, la persona que según este estimable académico: “Nos conoce (a ellos) mejor que nosotros mismos”, sentenció que “el socialismo es la ciencia del ejemplo”.
fornarisjo@yahoo.com
