Arroyo Naranjo, La Habana, julio 29 de 2010, (PD) Últimamente, una secuencia de citas, mensajes, fragmentos de discursos o como le quieran llamar, de puño y letra del ex presidente Fidel Castro, aparecen en la primera plana del Órgano Oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, el periódico Granma. De lo que se trata, a mi juicio, es de sacar a flote al hombre que fue y no al que es: un Fidel que adopta hoy cada uno de los rasgos pequeñoburgueses que tanto criticó en la primera década de la revolución.

Ya sabemos de antemano – por el mero hecho de sus pregones, rejuegos políticos y su sostenimiento ideológico a base de engaños y proyectos incumplidos - que Fidel Castro es un sujeto lleno de “virtudes”.

El diario Granma mal identifica al líder revolucionario con uno de sus fragmentos, “La virtud más esencial es la modestia”, publicado el jueves 22 de julio.

¿Cuán modesto fue Fidel Castro en su maratónica carrera por desmembrar los valores socioculturales de toda una nación? ¿Es una virtud arrastrar a un pueblo hacia la desidia y la miseria, amparándose en las confrontaciones, en el embargo económico y financiero o en una invasión norteamericana que nunca viene?

Fidel Castro tiene bien claro lo que significa no ser modesto. Según él, es el hombre que “todavía no haya sido suficientemente capaz de dominar ese primitivo que lleva en sí, ese espíritu egoísta, ese individualismo, ese considerarse superior a los demás…”

Más adelante apunta que: “a veces se envenenan las relaciones por celos profesionales, por esos vicios pequeñoburgueses que todavía subsisten desgraciadamente”.

Modestia aparte, me gustaría tener sus “virtudes”: una mansión en Punto Cero con centro de elaboración de alimentos, una cava de vinos legendarios, Internet las 24 horas, terrenos de esparcimiento y hasta vacas y gallinas enumeradas para cada miembro de la familia. Sin considerarme superior a los demás, quisiera que mis hijos y nietos viajaran el mundo sin necesidad de permiso de salida o fueran dirigentes y empresarios sin derecho a destituciones del cargo por sus “deslices”.

Modestos – y equivocados también- fueron sus pronósticos sobre la Crisis de Octubre, la Zafra de los Diez millones, la siembra de café caturra en el llamado Cordón de La Habana, las vacas enanas, la revolución energética y otros tantos delirios de grandeza. Modestas son sus reflexiones publicadas en todos los periódicos oficiales, de lectura obligada en los noticieros de radio y televisión nacional, sus premoniciones sobre la tercera guerra mundial y el deterioro del medio ambiente extramuros.

Modesta también es su “ayuda médica internacionalista”, esa venta de capital humano que convierte en mercaderes de oficio al ejército de batas blancas o a los técnicos y deportistas en “traidores”.

Fidel el “virtuoso” ha contagiado con su modestia a todo su clan de intransigentes, pero el que ostente ser más modesto que él, ya ustedes conocen la historia…

Sobran argumentos para refutar aquellos discursos contagiosos con los que Fidel hacía revolución, su revolución. La “Historia me absolverá” es el clásico ejemplo de lo que fue y no es: un profesional envenenado.

Modestia aparte, tengo que reconocer que llevar las riendas de una nación por más de cincuenta años, con buenas y malas intenciones, es una gran virtud.

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