Managua, La Habana, julio 29 de 2010.
(PD). El telón de la Primavera Negra de 2003 es bajado. El guión de ese drama escrito por el castrismo llegó a su segundo intermedio. Los 52 presos políticos que restaban de esa ola represiva están siendo excarcelados. Ya varios se encuentran en España, y uno debe haber llegado a Chile El destino territorial de los restantes (aunque unos 15 han dicho que no se irán de la isla) aun no está definido.
El mecanismo legal utilizado para esas excarcelaciones se desconoce. No ha existido información oficial al respecto. Se supone que es un indulto.
La Iglesia Católica de Cuba es la que informó, con una nota a través de los medios, tras conversaciones con el Estado, que esa cantidad de penados políticos iba a salir de las prisiones.
El canciller español Miguel Ángel Moratinos, de visita en la isla en el momento del anuncio, estuvo también muy al tanto del acontecimiento, así que existe la impresión de que España y la Iglesia son las que tienen las llaves de la prisión política en Cuba.
A los efectos, cito de memoria, Moratinos dijo que saldrían muchos otros prisioneros políticos aparte de los de la Primavera Negra, excepto, aseguró, los que estaban condenados por actos violentos.

La no oficializada Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional hasta hace pocos días, informaba de la existencia de 167 presos políticos. Eso indica que tras la excarcelación de todos los prisioneros de la Primavera Negra de 2003, quedarían tras las rejas 115 oposicionistas.
Cuando Moratinos descarta la posibilidad (se supone que eso es lo acordado con el régimen de La Habana) de que los presos políticos por hechos violentos vayan a ser excarcelados, olvida que sus interlocutores cubanos –algunos al parecer sus amigos- llegaron al poder a través de actos de violencia sin límite.
Los primeros fueron durante los sucesos, bien conocidos, del 26 de julio de 1953. Ese día fueron asaltados los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, tomados por las armas el Palacio de Justicia de Santiago de Cuba –Raúl Castro estuvo al frente de esa acción- y el hospital civil Saturnino Lora. Desde ese sitio se disparó hacia el cuartel Moncada y contra los militares que trataban de llegar a la fortaleza. Al parecer, no existe en ninguna otra parte antecedentes de un hospital tomado por las armas durante algún hecho bélico o terrorista.
Hace unos años entrevisté a quien fue el segundo jefe de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de julio durante la llamada etapa insurreccional en la provincia Pinar del Río, Domingo René García Collazo. Fidel Castro lo nombró, en un acto público en el parque principal de la ciudad de Artemisa, el 28 de enero de 1959, comandante del Ejército Rebelde, el máximo grado militar en esas fuerzas armadas que habían arribado al poder hacía sólo unos días.
Ese hombre, que perdió las dos piernas y el brazo derecho cuando le estallaron dos bombas que iba a colocar entre dos casas donde residían con sus familias dos hombres de negocio que presumiblemente apoyaban al gobierno de Fulgencio Batista, dijo: ”Esta revolución se hizo a base de terrorismo”.
Hace unos días, el 20 de julio, bajo el título “Cuando el 26 nació en Las Villas” el periódico Juventud Rebelde publicó una entrevista con el general de división de la reserva Guillermo Rodríguez del Pozo. Este general narró entre otras cosas lo siguiente:
“Allí, en la casa de los padres de Melba Hernández, donde nos reunimos, Fidel (Castro) explicó las razones por las que debía irse para México a preparar el reinicio de la lucha armada por medio de un desembarco en territorio cubano. En ese encuentro también explicó que la dictadura (el gobierno de Batista) planeaba llevar a cabo unas elecciones parciales a fines de ese año (1956), y se decía que Prío (el ex Presidente de la República) estaba preparándose para regresar y participar en las mismas, lo que dejaba fallidas las esperanzas de la lucha contra la tiranía”.
En otra parte afirmó: “Durante 15 días recorrimos todos los municipios de la antigua provincia de Las Villas (centro del país) para constituir las direcciones municipales. Los esfuerzos principales estuvieron encaminados hacia el fortalecimiento de la organización (Movimiento 26 de Julio), a recaudar fondos y a la propaganda. También realizamos acciones de sabotaje, como quema de cañaverales, derribo de líneas eléctricas y colocación de bombas y petardos en lugares poco frecuentados, sin ocasionar daño a ninguna persona”.
Los castristas, desde hace unos años, tratan de restarle importancia a sus acciones de terror en las ciudades cubanas cuando trataban de obtener el poder. Nunca han reconocido la cantidad de víctimas inocentes que causaron. Pero es innegable que existieron.
No existe el terrorismo bueno, quizás el asunto sea una cuestión de épocas. Al parecer en eso se basa la línea de conducta del canciller Moratinos y otros de su mismo corte. Por un lado, rechazan a los que en la actualidad real o presuntamente, emplean la violencia en sus demandas políticas, y por otro sienten simpatía manifiesta por los gobernantes de Cuba.
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