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CAMBIAR O MORIR O NO CAMBIAR Y MATAR, editorial 128
- Por Primavera Digital
- Publicado 29/07/2010
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Primavera Digital
Redacción de noticias Primavera Digital. primaveradigital@gmail.com
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Hay quien opina que con las excarcelaciones realizadas y las por venir, Madrid fortaleció su posición negociadora en Europa y la Iglesia Católica se reafirmó como interlocutor privilegiado. Que Raúl Castro consolidó sus intereses con España y el Vaticano y además, logró hacer su jugada en el momento preciso. Este, en que la Unión Europea se muestra dispuesta a revisar su política y el Congreso de EE.UU. discute leyes que autorizarían el turismo a la Isla. Esto que bien podría ser cierto, excluye de la ecuación otra vez al pueblo cubano. El régimen militar ha sorteado con éxito este último detalle a lo largo de las últimas cinco décadas.
Ocupados en manipular con mayor o menor éxito la opinión pública internacional, los jerarcas de la cúpula militar no quieren ver el desgaste sufrido por la base social de su régimen. Pasan por alto síntomas cada vez más visibles, de una notable pérdida de ascendiente en una población que cada vez espera menos de ellos, al extremo de que la única espera sólida del cubano promedio es la muerte de aquellos que rigen el destino político de la Isla.
Entre la masa universitaria juvenil, la pregunta de orden es: ¿Hasta cuándo habrá que mantener una simulación en las creencias y afinidades políticas para concluir los estudios? ¿Qué futuro nos aguarda si no proclamamos una vocación de fe progubernamental?
Otros sectores juveniles son más desaprensivos y cifran sus esperanzas y planes de vida en la emigración. El régimen militar, ante la alternativa real de cambiar o morir, parece haberse inventado otra más afín con su vocación ‘histórica’. Esta sería ‘no cambiar y matar’ o ‘no cambiar y engañar’, ‘no cambiar y encarcelar’ y algunas otras variantes de la fatídica y fallida fórmula inicial, ‘no cambiar’.
Felizmente, el paisaje social cubano cambia de forma poco perceptible, pero cambia. Las recientes excarcelaciones han sido recibidas por la mayoría con escepticismo y cierta frialdad. El caso es que el cubano promedio ha descubierto que convive con hombres que mueren en huelgas de hambre y mujeres que salen a reclamar derechos. El término ‘derechos humanos’ comienza a tener cierta resonancia entre la gente de a pie y crece el respeto hacia los que los proclaman, aferrados a sus temores, sus aprensiones, sus debilidades, sus peligros y sus fortalezas. La ‘gente de los derechos humanos’, crece de forma lenta, imperceptible y tenaz en los corazones y las mentes de sus conciudadanos.
Esperemos que las expectativas nacionales se concentren en una sola palabra: Cambio. Uno total y democratizador orientado a la vida libre y plena de todos los cubanos.
PD
Ocupados en manipular con mayor o menor éxito la opinión pública internacional, los jerarcas de la cúpula militar no quieren ver el desgaste sufrido por la base social de su régimen. Pasan por alto síntomas cada vez más visibles, de una notable pérdida de ascendiente en una población que cada vez espera menos de ellos, al extremo de que la única espera sólida del cubano promedio es la muerte de aquellos que rigen el destino político de la Isla.
Entre la masa universitaria juvenil, la pregunta de orden es: ¿Hasta cuándo habrá que mantener una simulación en las creencias y afinidades políticas para concluir los estudios? ¿Qué futuro nos aguarda si no proclamamos una vocación de fe progubernamental?
Otros sectores juveniles son más desaprensivos y cifran sus esperanzas y planes de vida en la emigración. El régimen militar, ante la alternativa real de cambiar o morir, parece haberse inventado otra más afín con su vocación ‘histórica’. Esta sería ‘no cambiar y matar’ o ‘no cambiar y engañar’, ‘no cambiar y encarcelar’ y algunas otras variantes de la fatídica y fallida fórmula inicial, ‘no cambiar’.
Felizmente, el paisaje social cubano cambia de forma poco perceptible, pero cambia. Las recientes excarcelaciones han sido recibidas por la mayoría con escepticismo y cierta frialdad. El caso es que el cubano promedio ha descubierto que convive con hombres que mueren en huelgas de hambre y mujeres que salen a reclamar derechos. El término ‘derechos humanos’ comienza a tener cierta resonancia entre la gente de a pie y crece el respeto hacia los que los proclaman, aferrados a sus temores, sus aprensiones, sus debilidades, sus peligros y sus fortalezas. La ‘gente de los derechos humanos’, crece de forma lenta, imperceptible y tenaz en los corazones y las mentes de sus conciudadanos.
Esperemos que las expectativas nacionales se concentren en una sola palabra: Cambio. Uno total y democratizador orientado a la vida libre y plena de todos los cubanos.
PD
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1 Response to "CAMBIAR O MORIR O NO CAMBIAR Y MATAR, editorial 128" 
|
said this on 03 Aug 2010 8:13:54 PM EST
'Camb
|

Autor/Admin)