Arroyo Naranjo, La Habana, agosto 12 de 2010,
(PD) Mi padre fue uno de los primeros cuentapropistas registrados en la Oficina Nacional de Acción Tributaria (ONAT), organismo que surgió en Cuba a tenor de la caída del campo socialista y la URSS, en 1989.
Durante el gobierno de Batista trabajó como cristalero, desde los 14 años de edad, en la antigua cristalería El Bisel. Con la llegada de Fidel Castro al poder y la intervención de los pequeños y medianos negocios por parte del gobierno revolucionario, tuvo que trabajar como chofer de ómnibus y camiones, luego como supervisor del Ministerio de Comercio Interior (MINCIN) y finalmente como ejecutor de obras industriales hasta su retiro en 1991.
No fue hasta 1992 que retomó la cristalería. Bajo el mismo gobierno socialista que una vez congeló su oficio, por esos años en crisis, solicitó licencia para operar independiente. Como cristalero mantuvo al pie de la letra el pago de sus impuestos a la ONAT. Como padre de cuatro hijos, tenía adicionalmente que buscar ajo a más de 40 kilómetros sobre una bicicleta china, y luego venderlo para subsistir.
Sobre las nuevas cartas de “apertura económica” –actividad privada individual y colectiva- tiradas por el mandatario Raúl Castro sobre la mesa del Parlamento cubano, habrá tela por donde cortar.
No me quiero equivocar, pero desde que comenzó el llamado periodo especial nunca desaparecieron las licencias para trabajadores por cuenta propia, sino que muchas de estas permanecieron congeladas por más de diez años.
Se trata de ir descongelándolas poco a poco, de hecho, esto viene ejecutándose sin tantos bombos ni platillos desde la última sesión ordinaria del Parlamento, al cierre del año 2008. Sólo recordemos aquellas que más se divulgaron: la entrega de tierras en usufructo y la activación de licencias a choferes de alquiler.

Pero como ya estamos acostumbrados a que nos enseñen el caramelo y después nos lo quiten, todos sabemos que la nueva estrategia gubernamental responde más a la crisis sistémica que a la voluntad real de hacerlo, de que cada cubano explote su talento y habilidad en función del bien propio. Desde luego, las licencias antes congeladas, como por ejemplo las de cafeterías, talleres de reparación u otros servicios privatizados en la primera mitad de los años 90, tendrán sus limitantes, además de incrementos en sus impuestos mensuales y sobre la declaración jurada anual.
Es posible que tengamos la posibilidad de arrendar cada uno de los servicios deficientes en manos del Estado, único empleador. Hace unos meses se experimenta el arrendamiento de algunas barberías y servicios de taxis estatales. Desde luego, servicios en moneda nacional o convertible de poca monta, nada que pueda generar un despunte de ganancias en manos de personas jurídicas.

Con un sólo ejemplo se puede medir lo que viene. Los que tienen taxis estatales arrendados en moneda nacional deben de abonar al Estado 150 pesos al día. Todo lo contrario sucede con el servicio en moneda convertible. Trabaje o no, cada arrendatario debe pagar 39 cuc diarios al cambio actual de 25 por 1 (975 pesos en moneda nacional). Véase que en este último es cinco veces mayor el impuesto. Esto significa que se puede ofertar el servicio en doble moneda, no así el impuesto diario que se le paga al Estado.
Algo me preocupa. Raúl Castro, en su discurso del domingo 1 de agosto, hablaba sobre los trabajadores que quedarán fuera de plantilla para el año 2011 y su posible debut en la actividad privada. ¿Tendrán todos los trabajadores cesantes inclinación por algún oficio en particular? ¿Cuántos se emplearán a tiempo completo en la compra y venta clandestina de artículos industriales en el mercado subterráneo?
Existe una realidad, más del 60% de la población nació con la revolución. Como tal, la fuerza laboral se ha adaptado a los moldes de un sistema económico y administrativo totalmente inoperante. Los nuevos arrendatarios creerán por un minuto ser dueños de un negocio particular o de alguna sucursal del poder estatal, que le exprima con impuestos el deseo de ser independientes.
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Foto: Marcelo López