ANTONIO CON SU AMETRALLADORA
- Por Tania Díaz Castro
- Publicado 10/12/2010
Sus plantas y redes, pese a millonarias inversiones hechas por el régimen castrista en más de medio siglo de existencia, todavía no han podido ser modernizadas.
A principios de los noventa nos acostumbramos a vivir a ciegas, con apagones de ocho y más de diez horas diarias. Esto fue, sin duda, lo peor que ha vivido la isla desde que a Cristóbal Colón se le ocurrió anunciar a los cuatro vientos que había descubierto América.
En enero de 2006, un poco antes de que cayera enfermo Fidel Castro, dijo en uno de sus discursos que el problema de los apagones estaba resuelto definitivamente y que después del 1ro de mayo de ese año, el 95% de los núcleos familiares de Cuba que recibían electricidad, no consumirían queroseno o gas licuado.
Se suponía entonces que para esa fecha se hubiera podido alcanzar la capacidad de generar un millón de kilowatts por hora en los grupos electrógenos coordinados, equivalente a 3,3 termoeléctricas como ¨ Antonio Guiteras ¨, con un costo de 1700 millones de dólares en inversión.
Pero las cosas han salido al revés. Los apagones no son historia pasada. En mayo de 2009 la Agencia Reuters ganó un duro regaño desde las páginas del periódico Granma por anunciar el regreso de los apagones. A pesar de quedar acusada la agencia británica de no reflejar con objetividad la realidad cubana, el fantasma de los apagones no sólo apareció nuevamente, sino que las ollas arroceras, jarros y demás equipos electrodomésticos entregados en 2005, ya rotos, no han podido ser reemplazados por nuevos.
Ni siquiera los anunciados 24 talleres de electrónica de la capital, reponen los bombillos ahorradores. Estos deben ser adquiridos en las tiendas recaudadoras de divisas. Esos bombillos, fueron un tremendo fracaso.
A pesar de que Venezuela envía a Cuba 92 mil barriles diarios de petróleo en condiciones preferenciales, el régimen castrista no dispone de suficiente capacidad de generación eléctrica, ni se hacen bien las cosas.
El próximo año los cubanos tendrán que desembolsar más dinero para alumbrarse en casa, aunque sus salarios sigan siendo los mismos.
Esto quiere decir que nos haría falta que un revolucionario terrorista, como Antonio Guiteras en el siglo pasado, entre por la puerta principal de la Empresa Eléctrica, que casualmente lleva su mismo nombre, y pida, ametralladora en mano, rebajar el costo del consumo eléctrico.
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