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¿DECIDIR, QUÉ?

Habana Vieja, La Habana, 9 de diciembre de 2010, (PD) “El pueblo decide”. La frase vuelve a ocupar los primeros planos, ahora que el país entra en una etapa de severos reajustes económicos y sociales.

Una vez más el poder saca a relucir algunas de sus zanahorias como parte de la vieja maniobra consistente en el amortiguamiento de los garrotazos que propina, casi a diario, al proletariado que dice representar y proteger.

Nada le cuesta a los mandamases de la Isla, prestarle al cubano de a pie la notoriedad que termina difuminándose como una brasa a merced de un pertinaz aguacero.

Valga decir que siempre hay incautos y gente disponible para servir como peones en el montaje del oportuno estado de opinión.

Al final, la repetición del referido eslogan tiende a crear un nivel de receptividad que si bien no logra un puntaje de excelencia, termina proporcionando cierto margen en el ámbito de las expectativas del pueblo llano. La estructuración de este mecanismo de manipulación psicosocial se ha traducido en ganancias netas para la élite que gobierna en Cuba desde el primero de enero de 1959. Entre las campañas mediáticas de ocasión, la represión en sus diversas modalidades y la existencia de un amplio sector de la sociedad que prefiere seguir en las aguas de la indiferencia y el oportunismo, el poder logra mantener sus espacios por encima de análisis que apuntalan tesis contrarias a esas realidades.

En este caso, los supuestos privilegios a disfrutar por la población cubana respecto a discutir y decidir sobre las leyes que se discuten en torno al proceso de reformas pseudo-capitalistas en plena gestación, no es más que otra tomadura de pelo.
Lo que se diga en asambleas populares, sindicatos o en reuniones del partido, municipales o provinciales, será material desechable. Como es costumbre, ya todo está decidido de antemano.

Del seno del Buro Político y el Comité Central siguen remitiéndose las carpetas clasificadas con las órdenes a cumplir por las diversas instituciones. Lo demás es puro teatro. Es como un modo de poner el parche antes de que salga el grano. Ya se ha advertido que las reformas políticas estarán fuera del paquete de medidas que ya se implementan o que esperan por su materialización en los próximos meses.

O sea que las oportunidades de validar un proceso donde el ciudadano recobre la plenitud de sus derechos fundamentales, sin intromisión policial, son nulas.

Mientras el régimen de La Habana no ratifique los Pactos de Derechos Civiles y Políticos y los que velan por los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, firmados en su momento por el ex canciller Felipe Pérez Roque, es de tontos pensar que el pueblo adquiera la autonomía perdida bajo los dictados de un partido autodenominado como el único representante de la nación.

La palabra “decidir” tiene muchas lecturas a partir de los contextos en que se enarbola. Aquí, a la frase “el pueblo decide”, habría que agregarle “con el cuchillo en el cuello”.
Lástima que la superficie del arma blanca se confunda a menudo con el brillo de las falsas promesas despachadas por los funcionarios del partido y con los destellos del triunfalismo que tanto daño ha hecho a la nación cubana.

oliverajorge75@yahoo.com

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