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HUELGA EN EL 23 DE LA CALLE PESARES, (cuento)

El alumbrado público ilumina ocasionalmente, con su luz mortecina, una calle regularmente a oscuras. Esta vez, las bombillas no están fundidas o rotas. La calle tampoco está desierta y desolada como de costumbre. Esta noche, se muestra discretamente ocupada por autos aparcados. Los autos están ocupados por parejas dedicadas en apariencia, a clandestinos y amorosos escarceos. Borrachos desconocidos beben sentados en los contenes y hombres solitarios, esperan por alguien o por algo que demora. Este es el atrezo que configura el paisaje típico nocturno de un operativo encubierto.

De día es igual aunque diferente. Obreros de la telefónica estatal Etecsa, trabajan de forma dedicada en lo alto de los postes. Llevan auriculares y audífonos inalámbricos. Parecen afanarse en un complicado arreglo de los circuitos telefónicos. Pero si se les mira atentamente, sus miradas convergen en la casa número 23. Hay muchos vendedores y todos desconocidos. Ofrecen maní, granizado, pan suave y tamales. Demasiada oferta y además, autos aparcados. En la esquina, un almendrón roto bloquea la cuadra y dos policías uniformados parecen aburrirse.

Cuando hay 33º centígrados a la sombra, esto configura un paisaje emocional diferente. Tanto calor en La Habana, marca la diferencia. Hasta los mansos se inclinan a la ira. Todos los comprometidos se encuentran en la misma condición de irritabilidad y zozobra.

Se comenta en el barrio: La gente de los ‘derechos humanos’, lo pusieron malo todo. Eso no es bueno. Los negocios están parados y la calle llena de policías, peor: de segurosos. No se mueve nada, ni una hoja. No hay un poquito de leche, nadie vende una librita de café, no hay movida de langosta, ni de carne. No hay na. Por no haber, Landi no ha podido salir a apuntar. Como hay tantos chivas en el barrio, el número 33 está limitado en la bolita y según Landi, se pondrá peor. El número 33 identifica a los delatores en el argot popular.

-…yo no creo mucho en eso de la huelga de hambre. Se destruye uno y esta gente se queda como si tal cosa. Es descojonarte por gusto porque si la gente de Miami no te respalda, te mueres y no pasa nada. Pero que puedes hacer si los hermanos se tiran, hay que hacerlo y pal carajo. Lolita me cuadró la caja. Dijo que no quería nada conmigo. Con lo que me gusta esa cabrona… Yo sigo palante. ¡Qué cojones! Yo soy un héroe. Cuando tumbemos al gobierno de mierda este, me caerá atrás…

Los 12 integrantes del Partido Democrático Libertad, decidieron ir a la huelga. Piden libertad para todos los presos políticos y mejoras para la población. Son gente de extracción humilde y de pocas luces. Carecen de ascendente en los medios de prensa internacionales y diplomáticos. Un patrocinador desde el exilio, les prometió apoyo. Les dijo que se mantuvieran como mínimo 20 días.

-…la policía de Seguridad del Estado ha cercado el lugar. Nadie puede acercarse. Sólo llegó una diplomática inglesa. La vieja es una papayua. Atravesó el cordón de los segurosos y entró en la casa. Se entrevistó de forma privada con Bermúdez. A fin de cuentas, jefe es jefe…

Radio Martí da una cobertura completa de la huelga. Cuando pueden hacerlo, son los que más se comprometen. La prensa internacional evade, al igual que el resto de los diplomáticos. La única que rompe el cerco es la inglesa papayuá y los periodistas independientes. Vino Cary. Ella es más papayuá que la inglesa, es cubana y periodista de nosotros. A cada rato se la llevaban presa. Ya no. Ellos lo hacen pa meter miedo. Pero Cachita también es una papayua, sigue dándoles a los comunistas. Ahí está. Con su camarita chiquita y su grabadora que le trajeron unos europeos. No tiene ni pal pasaje y ahí la ves. Esa es la que se mete aquí y se dispone pa que le den golpes y pa lo que sea. ¡Con lo buena que está, coño!

Marquitos dio el paso al frente cuando le dijeron lo de la huelga. Le dijo a todo el mundo que eso era una mierda, pero dio el paso al frente para que nadie diga que se aconejó. “Yo no soy ningún pendejo-dijo-conmigo hay que contar. Pero esto es una mierda. Tenemos que sacar a las gentes de sus casas y echar palante, todos juntos. Si no es así, es una mierda”.

La casa del 23 es la vivienda de una opositora. El marido está preso y ella hace lo que haya que hacer contra ‘esta gente’. Vivían solos con una perrita. Los matrimonios de cuarentones suelen tener mascotas consentidas. Estas ocupan el espacio afectivo de los hijos que no vendrán. Motica no ayuna. Fue la condición que impuso y alguien desde el exilio envió dinero para comprar un saco de un alimento especial para perros. Este alimento se adquiere en una ‘tienda especial’ del Casco Histórico. Motica que no participa del ayuno, apoya cuando sacude la cola y mira con amor a su dueña.

En el 23, nadie quiere saber de políticos de postín. Lo de ellos es la calle y el enfrentamiento con ‘esta gente’. La única recompensa que han conocido la constituyen las menciones que de sus acciones hacen desde Radio Martí. Cuando se cansen, cuando no puedan más, se largarán. Se llevarán a Hialeah sus recuerdos y sus muchas frustraciones. Ahora luchan y creen sinceramente que su sacrificio traerá libertad y les desembarazará del gobierno o como suelen decir, ‘de esta gente’.

En una oportunidad, Marquitos no supo explicar que era el amor a la patria. Hizo un memorable papelazo con una periodista extranjera. Ella con ese aire de superioridad que suelen usar los extranjeros cuando se dirigen a los ‘nativos’, le preguntó si lo que hacía, estaba basado en el amor a la patria. Cuando le respondió afirmativamente, entonces le preguntó que era el amor a la patria y todo se jodió.

Cuando alguien le explicó el alcance internacional de su papelazo, montó en cólera y como se dice, cabalgó largo rato. Las oportunidades en que debía alternar con periodistas extranjeros, lo hacía escoltado por Cachita. Esta le daba los pie forzados y le interrumpía cuando decía algo inconveniente.

En el 23, todos sudan copiosamente. La Seguridad cortó el suministro de agua y electricidad. No pueden echar a andar los ventiladores y tampoco refrescarse con una ducha. Cuentan con el teléfono celular que les dejó la inglesa y con él, contacto con Radio Martí. Margot, la dueña del inmueble, mantenía la moral muy alta. Consideraba que lo que hacía, lo hacía por ‘él’, preso e indefenso en manos de ‘esta gente’.

Fue al cuarto día que comenzaron a pensar en el hambre. De repente, se percataron que llevaban tres días y algo más sin consumir alimentos. La combinación proporcional de hambre, calor y estrés, produjo sus frutos. Las tres mujeres y los nueve hombres, primero cantaron el himno nacional, después gritaron consignas contra el gobierno y para concluir, algún que otro improperio contra los miembros de la policía regular y la de Seguridad del Estado, que acordonaban la casa.

Marcos se quedó algo apartado y cantó sin entusiasmo. Después, se apartó y prefirió acostarse en la losa de cemento del patio, a la sombra. Desde allí les escuchaba cantar y gritar, pero su mente vagaba lejos de ese espacio y tiempo. Se fue con la imaginación a una tienda. Pero no una cualquiera. La ensoñación le llevó a una tienda de lujo como 3ra y 70, Palco o 5ta y 42. Tiendas sofisticadas con aire acondicionado fuerte, con buenos olores a consumo, a confort. Tiendas a las que no sólo se va a comprar algo que se necesita, sino que se viaja a otra vida diferente y prohibida. Cierra los ojos y se ve en recorrido por los anaqueles de Palco. Allí se venden manzanas y carne de res. El olor del lugar es único e irrepetible. Una combinación perfecta en que las confituras y bombones de chocolate combinan su aroma con los cosméticos, con las frutas, con el aroma de los ambientadores o con el olor de sus mujeres. Huele bien la hembra ajena, perfumada, bien alimentada y regularmente desdeñosa. Pero hay mucho calor y en el número 23 de la calle Pesares, los disidentes ayunan y gritan consignas. Dan vivas a los derechos de que les privan o a la libertad por la que luchan…

De cualquier forma, la libertad se corporiza diferente para cada uno. Algunos la descubren a partir de determinadas sensaciones u olores. La libertad huele a tienda por departamentos, a gasolina o a hembra deseada. También huele a tierra húmeda, a mar, o a espacio sin límite sin delator ni policía. Los que descubren la libertad, despegan de su ambiente y comienzan a vivir dentro del espacio sin límite que se inventan. Luchar por la libertad entre otras cosas es como hacerse adicto a una droga invencible. Crea y preserva el espacio sagrado de soñar. Ser un héroe es compartir y regalar parcelas infinitas de esta droga a cada uno que se atreva a vivir eternamente bajo su influjo.

Una camioneta van Peugeot-Bóxer, con cristales negros trae cajas de cartón con comida para los acechadores. Los disidentes no pueden dejar de ver la comida de sus adversarios. En ocasiones les traen refresco enlatado de cola o naranja y un termo de aluminio con café. Han colocado toda la logística de forma que sea visible desde la casa donde se hace la huelga. Dos contenedores refrigerados con una capacidad aproximada de cien y más galones mantienen el agua potable fría. Están cubiertos de gotitas condensadas de agua, que dicen a las claras que el contenido está deliciosamente frío.

Un poco más lejos, se pueden ver las ambulancias listas y aparcadas. Son blancas, pero tanto los rótulos como el resto de los motivos ornamentales vienen en el verde brillante, que las singulariza como equipos de los Servicios Médicos del Ministerio del Interior. Los paramédicos permanecen a la sombra. Escuchan música del radio de uno de los vehículos. No se mezclan con el resto del personal militar.

El agua acumulada para la actividad, se terminó el día nueve del ayuno. Todos andan débiles y hablan por el teléfono celular con cualquiera que les llama desde el extranjero. Es importante para ellos saber que existe un mundo más allá del cordón policial. Pero no siempre parece ser así. Nueve días de ayuno erosionan la percepción.
Muchos han perdido la perspectiva de para que ayunan. Se convirtió en algo que centra la acción en sí misma. Iracundos y debilitados ayunan. De forma esporádica, gritan consignas contra el gobierno.

El equipo especial penetró de forma simultánea por la puerta que rompieron. Se los llevaron en las ambulancias que trajeron con este fin. Todo terminó en menos de diez minutos. Dejaron la casa abierta, con la intención que fuera robada. La vecina más cercana esperó y cuando tuvo la certeza de que no quedaba nadie de la policía o la Seguridad cerca, cerró la casa. Se llevó cargada a la perrita hasta su casa.

Radio Martí dio la noticia en su informativo de las seis.

3 Responses to "HUELGA EN EL 23 DE LA CALLE PESARES, (cuento) "

 
SAUCEDO MIAMI
said this on 16 Sep 2009 5:33:59 PM EDT
Buen artículo: Ese tipo de manifestación acaba con el manifestante. ¡Diós, tírales un cabo!

 
victor
said this on 12 May 2010 8:34:03 PM EDT
Bueno, bueno. El cubano, por su naturaleza, no creo que nació para
hacer huelgas de hambre, por eso resulta extraordinario la
entereza de Faraiñas para llevarla hasta sus últimas consecuencias,
como hizo también Zapata y Boitel otros.
Aun asi, la libertad tiene su precio, y con huelga o sin ella, el cubano
está despertando de su pesadilla.

 
lorenzo
said this on 12 May 2010 8:35:45 PM EDT
Muy bien narrada esta huelga de los opositores.




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