Wilfredo Vallín Almeida
Reside en La Habana. Abogado, economista, profesor, ensayista y politólogo. Dirige la Asociación Jurídica Cubana. primaveradigital@gmai.com
LA CONSTITUCIÓN VIGENTE, ¿SI O NO? (I) LA CONSULTA
- Por Wilfredo Vallín Almeida
- Publicado 10/09/2009

Víbora, La Habana, 10 de septiembre de 2009, (PD) En la Cuba actual, a menudo muchas personas se nos acercan para preguntarnos si vale la pena o no tener en cuenta lo que plantea la constitución socialista, si la misma no es sencillamente algo inmaterial que se invoca en vano por los aún crédulos toda vez que reclamar aquellos derechos que dice reconocer es solamente perder el tiempo.
Y, hasta hace muy poco, podía ponerse un ejemplo notorio: la constitución reconocía el derecho de todos los cubanos para alojarse en cualquier hotel, pero eso sólo era letra muerta en la realidad, y eso todos lo conocíamos.
El ejemplo anterior sirve bien para apuntar hacia otras muchas cosas que ocurren con la Carta Magna (como también se conoce a la Constitución), otros muchos ejemplos de derechos que se reconocen por ella…pero que no se cumplen en la práctica estatal.
Así las cosas, volvemos a la pregunta del encabezamiento: ¿vale o no vale la pena reclamar cuando nuestros derechos medulares son desconocidos si ellos nos están otorgados por la misma Ley Suprema (otra definición de Constitución) que el pueblo de Cuba aprobó en la década del 70?
Antes de proseguir, debemos tener claro lo que el concepto CONSTITUCIÓN significa para la vida de un país, pues si no conocemos esto, no podremos comprender a cabalidad a qué nos estamos refiriendo ni la importancia del tema.
En primer lugar, la constitución es la forma o el sistema de gobierno que cada Estado tiene, o, dicho de otra manera, la ley o decreto fundamental donde se exponen los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales de una nación así como la organización de los poderes públicos de que este se compone.
Lo anterior pudiera decirse aun mas entendiblemente expresando que una constitución explica a todos las reglas del juego que los ciudadanos deben conocer para poder vivir y desarrollarse sin temores dentro de un grupo humano determinado y que la sociedad misma se impone para que todos conozcan lo que es y no es posible dentro de ella.
Lo interesante de todo esto es que la constitución, una vez aprobada por el pueblo mayoritariamente, se torna de obligatorio cumplimiento para todos sin excepción (gobernados y gobernantes) y que, por obra y gracia de los postulados constitucionales de Fundamentalidad y Supremacía que explicaremos en próximas ediciones, nadie, absolutamente nadie, puede ignorar sus disposiciones ni imponer dictámenes de género alguno por encima de ella.
De estos y otros conceptos de importancia suma para la vida de un país que se autotitule Estado de Derecho en el siglo XXI, continuaremos hablando en próximas CONSULTAS.
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