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NEFASTO, EL ARTE Y LOS OFICIOS

Centro Habana, La Habana, 10 de septiembre de 2009, (PD) En una revolución que se respete todo el mundo canta, usa máscaras, tiene que resolver 24 rollos por segundo y danza entre lobos aunque sus alaridos a lo Kevin Costner se distancien como una vaca de una flor.

Además, pinta angelitos negros en el aire y está obligado a escribir un testimonio de su vida al estilo de Yo soy Rigoberta Menchú.

Pero es en los oficios donde un privilegiado partícipe de una revolución disfruta de mayores opciones para su realización personal.

Es aquí donde encuentra la clara, la entrañable transparencia de jugar a ser Dios desde un puesto de fritas para pobres diablos.

Sólo en un país de tantas oportunidades un ciudadano puede desempeñar oficios de primera necesidad como soldador de merucos con esparadrapo, analista de pulgas transgresoras en el lomo de un perro, o catador de pócimas de berenjenas agrias para el tic nervioso del pueblo trabajador.

Y aunque también puede ganarse la vida (y la muerte) como expendedor de refresco gaseado con harina, especialista en hamburguesas de coliflor, experto en hacer panes con grasa de mamut, entre otros empleos, es en el oficio de tramitador donde obtiene sus mayores logros.

Tramitador A no puede ser cualquiera. Quizás encuentres un B que gracias a su pericia resuelva un ladrillo en ocho meses, una resistencia para un calentador en diez, y quién sabe si hasta consiga sacarle media bolsa de cemento al Poder Popular en apenas seis años de gestión.

Pero ser Tramitador A es un sacerdocio. Una carrera que se inicia en el vientre materno y culmina en un féretro de pinotea forrado con guarandol de a peso teñido con azul de metileno, que incluye además servicio de comejenes al gusto del doliente.

Antes de asomar el güiro hacia la vida, ya el feto tuvo conocimientos de los trámites para oficializar el nombre, sacar la tarjeta de menor, inscribirlo en el registro de dirección, en la libreta de racionamiento, y supo del pre-corre-corre que se armó tres años ante de ser concebido para conseguir su ingreso en un círculo infantil.

De los pañales, la cuna, el mosquitero, el andador y el talco bebito ni hablar: estos sólo se adquieren en CUC.

Pero mucho trapo, palanganas, patines y polvos de yuca seca, como opciones alternativas, se pueden conseguir en moneda nacional

Esto deja demostrado que si hay una carrera afín a los cubanos es la de tramitadores.

Por eso es que me duele que algunas personas renieguen del oficio, se cansen de una entrega y un trajinar que a veces los obliga a jubilarse, pedir una licencia por enfermedad, y hasta dejar el empleo oficial para realizar un trámite.

La tramitación es un arte y un oficio que requiere de las habilidades de un gánster y la paciencia de Job. Nadie que no esté dispuesto a sobornar o preparado para morir en la recepción de un establecimiento cualquiera en el país puede ser un buen tramitador.

Y la señora Rosa María Corona Camejo es un ejemplo de ello. No obstante a llevar sólo 11 años en gestiones y carreras para resolver la propiedad de una vivienda, ya se cansó.

Está enojada con la Dirección Municipal de la Vivienda en Guanabacoa, porque desde 1998 la tienen correteando y no acaban de legalizar su inmueble.

Le duelen los tropezones, el peloteo, y sobre todo el gasto de tiempo y de dinero que tiene que invertir en cada día de gestión.

Al parecer se olvida o no conoce la odisea y constancia de un señor que vive en la finca La Macagua para que después de 25 años de ceder un terreno al Estado a cambio de electricidad, aún ni un bombillo ahorrador alumbre la macana que esgrime contra el gobierno y el partido en su territorio.

Tampoco parece recordar al ciudadano que luego de invertir más de 300 CUC para enviar un perro hacia España, al cabo de unos años todavía espera una respuesta de las autoridades del aeropuerto sobre si el can pidió asilo en la luna, o se empató con Laika en la estratosfera, porque a la península ibérica no ha llegado.

Son tantos los casos de abnegados tramitadores que han perdido la vida a lo largo y ancho del país sin resolver su caso, que los 11 años de Rosa María parecen un instante.

Tenga paciencia, hermana. Relájese y coopere. No pierda la fe en lograr sus deseos, pues en último caso, y como a tantas gentes, se le hará una ceremonia en el campo santo con Himno Nacional y bandera a media asta incluida, para otorgarle, junto con la propiedad de su vivienda, el certificado de defunción.

Eso se lo aseguro yo, Nefasto “El tramitador”
vicmadomingues@gmail.com

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